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Agustín Blanco Muñoz: Luis Enrique; Seguimos andando juntos hermano del alma

 

Luis Enrique

Comienzo por decirte que nunca pensamos en escribirte una carta como esta. Pero tu partida hacia esos lugares de los enigmas que siembran los floreceres en compañía de geranios, palmas y luceros de cantos infinitos, nos llaman a hacerlo.

Pero no venimos a despedirnos tuyo. Porque ninguno de nosotros en  nuestra y tu Cátedra Pío Tamayo puede acometer semejante tarea. De una gente como tú, de un espíritu de tanta vida y entrega, de tan profunda humanidad, de ese compartir inextinguible del más creador de los amores, nadie puede desprenderse. Es algo incorporado a nuestras vidas, dado que ustedes los seres sencillos de corazón saben de huellas imborrables y trascendentes.

Si, Luis Enrique tú no te has ido ni te irás. Te quedas, permaneces en cada uno de nosotros ayudando a  construir esos tiempos de justicia y libertad  que tanto concebiste. Una obra que impulsas, diseñas y creas desde nuestro propio hacer. Sigue así tu labor de artesano de sueños y encantos de porvenir.

Por eso sabemos que tu presencia en esta dimensión puso de manifiesto tus empeños de constructor de porvenires de verdadera existencia. Y en cada uno de tus pasos van quedando tus aportes. Nunca te han limitado los contratiempos o privaciones. Sigues tu andar tras cada uno de los objetivos planteados. Siempre en busca de la aún no conquistada libertad y bienestar.

Lamentablemente te tocó conocer las decepciones, la frustración y el mundo de quienes andan en ondas que nada tienen que ver  con tu proceder y aspiraciones por la construcción de un tiempo diferente a este tan lleno de desgarramientos, pesares y privaciones.

Y lo importante es que contigo no hablamos de pasado ni ausencias sino de presencia y continuación de una verdadera obra de vida. Por ello seguiremos contigo, a tu lado, en la labor de esparcidores de semillas para las cosechas de futuros en los territorios de tulipanes y lirios que hacen las veces de madrigueras de bendiciones para todos los afanes mayores que se albergan en gente de tu condición de vida y humanidad.

Por todo esto mi querido amigo no hablamos de reencuentro, rescate o reinicio sino de continuar las tareas compartidas bajo los signos marcados por los cantos de los dulces azulejos que los vientos marinos pusieron  en el vuelo de las esperanzas de gente de tu condición y proyecciones.

En este sentido tu hoy es ya luz de amaneceres que verán crecer los afanes que  compartirás con los tuyos que ahora te acompañan en amor mayor de eternidades. Allí están Luís Eduardo y Luís Enrique, tus hijos mayores, comenzando a recorrer los nuevos tiempos contigo, dado que desde hace muchos días les habías anunciado  tu disposición de asumir,  desde los territorios del viento, el puesto de acompañante de y para siempre.

Este mensaje lo señalaste repetidamente. Tal vez sentías que cada alba  te alejaba de todas las armonías de la existencia. Que te llamaba ese espacio marcado por todos los signos enigmáticos que van desde los sepias hasta los verde-rojos que buscan pero no alcanzan a alumbrar las estaciones de los cánticos mandarines.

En el mundo de estos andares fuiste soltando anuncios: el problema no está en el cuándo cae esto, sino en saber si uno lo podrá aguantar… Yo siento, Agustín, que ya no doy más y que mi final se aproxima. Y ante ese decir la expresión de nuestro desacuerdo: no vale, déjate de eso. Tú disposición y fuerzas para la lucha siguen en pie! Y todo se diluía en tu sonrisa compresiva, amable, sensible.

Y al momento de sentir más de cerca el recado de la transfiguración lo reprodujiste diciendo que la propia partida te anunciaba su intención con la mirada. Y de inmediato vino el gran y ya indetenible, duro y nublado respirar.

Y con él comenzaste a trenzar tus nuevos espacios, aquellos en los que seguirás tu ruta marinera construyendo los tiempos que ya no estarán al servicio de las angustias destructoras y con tanta capacidad para hacerse arranca vidas. Por eso emprendiste tu partida en hora distinta a la que te había asignado la madre natura.

Ese padecer que se vuelve pesar y dolor es la constante que traza tu hacer y tu haber en el tumulto de una historia cuyas coordenadas aún no hemos podido descifrar y menos derribar. Y en esa búsqueda, Luís Enrique, sigues y seguirás tú, junto a tu Teresa de siempre, junto a tus hijos y nietos, junto a nosotros tus amigos,  urdiendo instantes para la celebración de la vida  que alguna vez será autentica humanidad.

Luís Enrique, cumplida esta parte de tu andar, rescatamos tu serenidad, constancia, compromiso, rectitud, capacidad de creación, empeño en el aporte y en el compartir para mantenernos en la plenitud de la alegría que  emana de tus pasos de todos tus días llenos de acciones, que copan de satisfacción nuestro estar en la dimensión en la cual nunca habrá distancia.

Porque te repito, tú sigues y seguirás en todos estos seres que te hacemos nuestro  por una razón fundamental: aprendimos a quererte y sentimos que ese dictamen del adentro crece y se profundiza en medio del recuerdo de tu imagen de recadero de los amaneceres que cuentan con cánticos de caballitos de monte, mariposas azules y chirulíes de amor.

¡Sigamos cantando, hermano del alma y no olvides que te vamos a querer por siempre!

Palabras de Agustín Blanco Muñoz, el 09/10/19, en el cementerio La Guairita, a la hora de la partida de Luís Enrique Sucre.

 

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