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Neuro Villalobos: Los tigres de la ira

 

“A veces los tigres de la ira son más necesarios que los caballos de la instrucción”. William Blake

Por formación y por convicción soy ajeno a la violencia. No solamente por evitar el daño que ella genera sino porque la respuesta generalmente es más daño y más violencia. Es su escalamiento que puede llevar a niveles insospechados. Se ha dicho que la violencia es el arma de los que no tienen razón, pero, las injusticias también provocan violencia cuando no hay otra forma de lograr justicia. He escrito en otras ocasiones que el diálogo, los acuerdos, entre demócratas es una necesidad, pero con los delincuentes en el poder, como es el caso venezolano, es una necedad. Todo es farsa y pérdida o ganancia de tiempo según la perspectiva en que nos ubiquemos.

Quienes hemos invocado la necesidad de una intervención militar para lograr el cese de la usurpación como primera etapa de la ruta democrática propuesta, no lo hacemos por inclinación extrema a la violencia, sino porque la situación desproporcionada, asimétrica, que tenemos, lo amerita. Es una lucha de un pueblo desarmado contra la invasión y colonización de chulos internacionales desalmados, con mucho poder de fuego y financiero, y sin ningún escrúpulo que perturbe su conciencia. Ésta, decía Jean Paul Sartre, no es una cosa, sino pura espontaneidad, temporalidad y libertad.

En ese sentido, el mensaje a quienes se oponen a la solicitud de una intervención militar les recuerdo que este es un asunto de conciencia, de libertad de espíritu, que también lo consagra nuestra Constitución Nacional vigente para los diputados de la Asamblea Nacional legítima en el artículo 201, porque su voto es personal y están formados para discernir la conveniencia o no de sus actos. Se trata de la libertad de una Nación.

Ya previamente Theodor Adorno lo había precisado cuando manifestó lo siguiente: “Nuestra sociedad ha llevado al nazismo y al estalinismo, fórmulas ambas que no tienen nada de racionales. Los métodos que se emplearon si lo fueron, instrumentos para tener el poder, el dominio, la manipulación de la gente y de las conciencias. Se trata de métodos racionales pero todos al servicio de fines profundamente irracionales.”

No nos dejemos manipular o no lo hagamos intencionalmente. Existen hechos y circunstancias históricas de la humanidad que no son considerados por quienes, obnubilados por el poder, creen que pueden cambiar el curso de la historia y su propio destino cabalgando sobre sus desmedidas ambiciones. Son asombrosas algunas similitudes actuales  en Venezuela con las manifestaciones nazistas en Alemania hace ya ochenta años aproximadamente. El fin, invariablemente ha sido trágico después de haber exhibido grados atroces de crueldad e incontables muertes.

No debemos confundir nuestras opciones bien sea por vocación democrática o por remordimiento de conciencia frente al totalitarismo salvaje e inhumano capaz de seguir cometiendo las peores barbaridades contra los venezolanos. La naturaleza de los hombres soberbios y viles es mostrarse insolentes en la prosperidad y abyectos y humildes en la adversidad, decía Maquiavelo. Por eso a veces es necesario soltar los tigres de la ira, digo yo.

nevillarin@gmail.com

 

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