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Eduardo Fernández: Oposición debe tener flexibilidad

 

El presidente del Instituto de Formación y Estudios Políticos Arístides Calvani Eduardo Fernández,, plantea la necesidad de que la oposición, que tiene el 80 por ciento o más de los votos, se una para sacar del poder a Nicolás Maduro y sepultar al socialismo del siglo 21.

En visita a Elimpulso.com, el excandidato presidencial, que anda recorriendo el país en procura de esa unidad, aunque admitió que al parecer está predicando en el desierto, dijo que los sectores de oposición deben tener una estrategia de flexibilidad para que el nuevo gobierno pueda desarrollarse con normalidad y, por supuesto, obtener la ayuda internacional que se necesita para recuperar la economía y restablecer las condiciones sociales de la población.

Tras confesar ser un honor visitar El Impulso y desear volverlo a ver en forma impresa,  Fernández declaró que un alto interés nacional obliga a cambiar a Nicolás Maduro; pero, ese cambio debe ser lo menos traumático posible mediante unas elecciones, las cuales deben ser hechas con un nuevo Consejo Nacional Electoral escogido por consenso, porque el actual no merece la confianza. Además, debe haber competitividad, que no haya trampas en las mesas y con todas las garantías.

Cuando se le preguntó sobre cuál es el presidente de Venezuela, ripostó que existe una gran confusión por cuanto está en discusión ese cargo.  Supuestamente, hay una usurpación, que no ha sido reconocida.

Partidarios de Juan Guaidó hablan de que más de cincuenta países lo reconocen y los de Maduro sostienen que éste tiene el reconocimiento de cien. El asunto es que haya un presidente elegido por los venezolanos y reconocido por toda la comunidad internacional.

En cuanto a la reincorporación de los parlamentarios del PSUV a la Asamblea Nacional, comentó que lo lógico es que no se hubiesen desincorporado nunca. “Lo absurdo es que no estuvieran y crearan ese organismo sin sentido,como es la Constituyente”.

Al ser preguntado acerca del motivo por el cual ha sido vinculado con el acuerdo suscrito en la Casa Amarillo, no se sorprendió porque ya le había ocurrido antes a raíz del 4 de febrero del 92, cuando hubo el intento de golpe de Estado. Tras su aparición en televisión, al día siguiente decían “a este señor lo compró Carlos Andrés Pérez”. Pero, lo que había hecho era salir en defensa de la democracia.

Calificó como una “fake news” (noticia mentirosa) porque en realidad no fue a la Cancillería, ya que no tenía por qué hacerlo, por cuanto esa era una reunión de jefes de partidos políticos y él no lo es.

Cuando se aclaran las mentiras, la gente no lee las aclaratorias, dijo.

Amplitud de pensamiento

Fernández se mostró de acuerdo con el diálogo, negándose a declarar muerto el de Barbados. Pero, eso sí, considera que las conversaciones no deben ser sólo de partidos, sino con empresarios, académicos y otros sectores de la vida nacional.

“Tenemos que hacernos una autocrítica la oposición, porque tenemos veinte años con un gobierno malo y otro peor, sin lograr unirnos”.

Reconoció la experiencia de Noruega en los diálogos de paz al punto de haber sentado a la mesa de negociaciones a israelíes y palestinos.

Enumeró casos muy significativos como el  los demócratas de Chile, que lograron derrotar la dictadura de Pinochet, quien al ser electo Patricio Aylwin siguió siendo el jefe de la fuerza armada. Y cosa parecida ocurrió cuando Nelson Mandela nombró vicepresidente a Frederick de Klerk, quien lo había tenido prisionero. Y en Polonia cuando el dictador Jaruzeiski permitió elecciones, con la participación de apenas el 25 por ciento de candidatos a la oposición, Lech Walesa lo aceptó porque era como quitarle el brazo al tirano.

Todos esos ejemplos los tipificó de flexibilidad estratégica porque la moraleja indica que al elefante no se puede comer de un solo bocado, sino que debe ser consumido a pedacitos.

En este orden de ideas expuso que al horror que vivimos hay que irlo desmontando progresivamente, porque si  se va Maduro con su gente y se mantienen las tensiones, no se van a resolver los problemas económicos y sociales.

Considera muy buenas las sanciones a los funcionarios que han delinquido, pero no a los países porque las dictaduras se hacen más fuertes. Citó los casos de Cuba, que lleva más de sesenta años de bloqueo económico y el de Corea del Norte, que ha recibido sanciones desde hace décadas hasta ahora cuando gobierna Kim Jong-un, nieto de Kim Il-sung.

“Quiero salir de este gobierno no porque lo tumben las sanciones de Trump, sino porque lo hagan los venezolanos”.

Se mostró en desacuerdo con acciones militares internas y externas, confesó no gustarle el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), mostró interés en que el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y otras instituciones ayuden a Venezuela después que salga Maduro y que el nuevo gobierno que se instale tiene que hablar con Colombia, porque de allá es que han venido el ELN, las FARC y la droga.

No ha hablado con Guaidó, pero está dispuesto a hacerlo cuando el dirigente de oposición, lo disponga.

El Impulso

 

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