Inicio > Documentos > Rafael Quiroz Serrano: Crítica a la “Venezuela Energética” (I) (II) (III) (IV) (V)

Rafael Quiroz Serrano: Crítica a la “Venezuela Energética” (I) (II) (III) (IV) (V)

 

Esperamos paciente que se publicaran los cinco artículos del profesor Rafael Quiroz Serrano sobre el libro “Venezuela Energética”, escrito por Leopoldo López y Gustavo Baquero, para poder recopilarlos y publicarlos en Documentos, para promover el debate sobre: Que hacer con Venezuela, es humilde pero lo hacemos con amor.

 

Rafael Quiroz Serrano: Crítica a la “Venezuela Energética” (I)

 

Publicado por la editorial Dahbar e impreso en La Hoja del Norte (Caracas, Nov. 2017), ha llegado a nuestras manos el libro “Venezuela Energética”, acompañado de un ante título no menos sugestivo, que dice: “Propuesta para el bienestar y el progreso de los venezolanos”, escrito por Leopoldo López (LL) y Gustavo Baquero (GB), y con prólogo de Moisés Naím (MN), Y finaliza el libro diciendo: “Bienvenido el debate.”; pues aceptamos el debate y agradecemos la gentil “Bienvenida” de los coautores del libro (LL/GB).

Debemos empezar por manifestar que leímos íntegramente las 322 páginas, que incluyen gráficos y cuadros, con sumo cuidado y atención, para no desperdiciar detalle alguno en cuanto a conceptos, categorías, términos, códigos y números o cifras, que deben acompañar todo trabajo bien elaborado en el tema de los hidrocarburos. Tenemos que afirmar, de entrada, con toda sinceridad y franqueza que el libro “Venezuela Energética” escasamente llenó nuestras expectativas en un 10%. A nuestra manera de entender el tema dentro del contexto de una visión política, académica y científica, al fin y al cabo la Economía Petrolera viene siendo una ciencia, así como el diseño de Políticas Petroleras, partiendo del conocimiento de la Economía Petrolera, el libro como tal deja mucho que desear, pues carece de sustentabildad y consistencia a la hora de la argumentación, falla en algunos conceptos, categorías poco precisadas y términos no muy bien manejados, por lo que a lo largo del libro encontramos falencias por doquier.

La Internacionalizaciòn

Entrando ya en materia, veamos al azar uno de los temas gruesos abordado por los autores del libro, Leopoldo López y Gustavo Baquero (LL/GB), como es el tema del Proceso de Internacionalización de nuestra industria petrolera. Dicho proceso lo abordan, LL/GB, en forma un tanto ligera y parcializada, y por lo tanto sesgada; de hecho despachan tan importante tema en solo tres páginas (pp. 91, 92 y 93 -contando el cuadro-), y no echan completo el cuento que dio origen a tal proceso y el entramado que detrás de ello se tejió con la adquisición de diecinueve (19) Refinerías allende nuestras fronteras: 8 en Estados Unidos (EE.UU.), 2 en el Caribe y 9 en Europa (4 en Alemania, 2 en Suecia, 2 en Gran Bretaña y 1 en Bélgica).

Este proceso estratégico para la adquisición de refinerías en el exterior se inició en 1982, cuando PDVSA y Veba Oel de Alemania se asociaron paritariamente y constituyeron la empresa Ruhr Oel, con la compra de las refinerías Scholven y Horst, ubicadas en territorio alemán. Luego, en 1986 PDVSA adquiere 50% de Citgo Petroleum, importante refinadora (Lake Charles) y distribuidora de productos en el sureste de EE.UU., con sede en Tulsa (Oklahoma). La verdad verdadera, como suelen decir los abogados, fue que Venezuela se alineó a tal proyecto de “Internacionalización de Pdvsa” bajo la premisa engañosa que tales refinerías procesaban crudos pesados, que son los que más tenía, y sigue teniendo, el país (85%), y una vez adquiridas se supo que la dieta de tales refinerías era de crudos livianos y medianos que son los que menos tenemos como reservas probadas, y no de pesados y extrapesados, como inicialmente se había dicho. Y aquí estuvo el engaño. Fue así como PDVSA se convirtió en el primer comprador individual de crudos mexicanos, a los efectos de poder alimentar parcialmente tales refinerías; y para el caso de las nueve refinerías de Europa fue menester adquirir crudo desde Rusia y Arabia Saudita. Por lo demás, los volúmenes venezolanos que deficitariamente PDVSA estuvo enviando a Ruhr-Oel desde 1983 siempre fueron crudos livianos (30° API de gravedad promedio), contrariamente a lo que se argumentó para adquirir tales refinerías.

Esta versión es obviada por completo en el libro “Venezuela Energética”, pues LL/GB nada dicen con respecto a ello, no sabemos si por desconocimiento de estos hechos o en forma deliberada para no pisar “callos”, como decimos en criollo. Además, por lo menos nueve (9) de las diecinueve (19) refinerías que se tuvieron nunca llegaron a procesar un barril de crudo venezolano; y aún hoy en día, el país compra crudo en el exterior para poder mantener la capacidad instalada de refinación, incluso en las tres refinerías que aún quedan de Citgo en los EE.UU. (Illinois, Luisiana y Texas). También es de destacar que los escasos 600 mil barriles diarios (mb/d) que PDVSA estuvo vendiendo a tales refinerías se hicieron con descuento de 2 a 3 dólares el barril (U$B), es lo que se conoce con el nombre de precios de transferencia, lo cual estuvo arrojando un total de 1.800.000 dólares diarios (U$/d) y 657 millones de dólares al año (MMU$/a) solo en descuentos, que inevitablemente afectaron el resultado económico de su comercialización. Esto es lo que el país dejó de percibir por la venta de crudo para sus propias refinerías, y es lo que Juan Carlos Boué, en su investigación doctoral en la Universidad de Oxford (Inglaterra), llama “transferencias de ganancias al exterior” (México, 2002), pues dichos descuentos se estuvieron haciendo para que PDVSA pudiera competir, con costos más bajos, con la gasolina norteamericana. El mecanismo de precios de transferencia es de una gran relevancia para la evaluación del programa de internacionalización, ya que incrementa notablemente el costo del mismo. Pero de esto nada dicen en su libro LL/GB.

También vale la pena señalar, que a partir de 1986 las refinerías de alta conversión de PDVSA en EE.UU. han constituido -con mucho sacrificio- el destino más importante para las exportaciones venezolanas de crudos con gravedad superior a 25° API (es decir, los crudos que plantean menos problemas de comercialización). Y tanto fu así, que en algunos años la proporción de las exportaciones venezolanas de crudos ligeros, que fue a dar a manos de las filiales de PDVSA en EE.UU., sobrepasó el 90 por ciento.

Esto se llevó a cabo para vanagloriarnos, y elevar nuestro ego petrolero al máximo, de que éramos “los primeros suplidores de gasolina barata en la costa este de EE.UU.” (L. Giusti); pues claro que lo éramos, pero a precios artificialmente bajos donde PDVSA subsidiaba implícitamente al consumidor estadounidense, además que los beneficios económicos y sociales se quedaban en el país del norte, y para colmo no se repatriaban las ganancias. Es así como el costo de oportunidad potencial de los descuentos totales hasta el año 2006, sumaba 26.000 MMU$; además de PDVSA haber tenido que desembolsar, hasta 1990, más de 9.000 MMU$ para actualizar los patrones de refinación de aquellas refinerías antiguas y obsoletas, que “hasta compañías como la Shell y Exxon se vieron compelidas a abandonarlas” (C. Mendoza Pottellá, 2010. Nacionalismo petrolero venezolano en cuatro décadas, p. 97); y es lo que el mismo Boué llamó “Importación de costos externos”. Pero de esto no dicen nada en su libro los señores LL/GB. Tampoco dicen nada acerca de las pírricas ganancias netas que, en uno de los años (1998), no pasaron de 435 MMU$, que al deducir los 557 MMU$ de los descuentos (Precios de Transferencia), arrojó una diferencia negativa de 122 MMU$, de pérdida real. Sin embargo, en su libro, LL/GB afirman: “La lógica de estas inversiones es que Pdvsa se vendía así misma en el exterior, asegurando volúmenes de mercado y flujos de ingresos en divisas para la empresa y para el país.” (p. 93). A cuáles “flujos de ingresos en divisas” se refieren LL/GB, y por qué no dicen nada, absolutamente nada, con respecto a los descuentos, y a los subsidios implícitos que representaban tales descuentos…? O acaso no se informaron bien o no investigaron debidamente; la investigación en el tema de los hidrocarburos requiere acuciosidad, seriedad, constancia y disciplina.

Además, cómo sería la obsolescencia y antigüedad de dichas refinerías que LL/GB confiesan “ingenuamente”: “Al final del proceso Pdvsa habría comprado total o parcialmente 16 refinerías (fueron 19 y NO 16) en ocho países, con una inversión estimada en U$D 6.500 millones. Sumadas, la capacidad de refinación de Pdvsa internacional alcanzaría 1,7 millones de barriles diarios…” (Sic); pues simplemente 6.500 dividido entre 16 nos da 406 millones de dólares el costo de cada una (c/u), lo que patéticamente nos refleja los residuos de chatarra que estábamos comprando, y que en términos de refinación arrojaba una capacidad miserable de refinación de escasos 106.250 barriles diarios c/u. Y si a tales cantidades aplicamos el número de 19 refinerías, que era ciertamente la cantidad adquirida (y NO 16 como dice LL/GB), pues ello nos arroja 342,10 millones de dólares el costo promedio unitario y 89.473 b/d la capacidad de refinación promedio.

Por cierto, que tampoco los autores hacen referencia que en la catarata de falacias que se montaron para que el país se embarcara en la cacareada “Internacionalización”, se apeló al “argumento” de que dicho proceso era “sumamente necesario para garantizar la venta de nuestro petróleo”, ya que estas refinerías constituirían “nichos” de mercado, o clientes cautivos, debido a que eran filiales de PDVSA. No hay nada más falso que esto, puesto que ya a finales de la década de los años ’70, muy anteriormente a la adquisición de estas refinerías, Venezuela ya producía mayor cantidad de crudo (3,75 MMB/D), y nunca necesitó de una sola refinería propia en el exterior para poder colocar tales barriles en el mercado. “El petróleo se vende solo”, dice un amigo por allí.

Claro, que detrás de este maquiavélico “argumento” se filtraba sibilinamente la estrategia de comprometer al país en una producción petrolera escalonada, ascendente y volumétrica, que junto con la producción que añadiría la Apertura Petrolera (1994), iba a dar al traste con la política de regulación de producción establecida por la OPEP, con los llamados “techos” o “cuotas” de producciòn; y si para esto había que comprar refinerías quebradas en el exterior, se haría sin mayor dolor y con claro desparpajo. Así, Venezuela se vería forzada a retirarse de la OPEP, y también se propiciaría el desmoronamiento de la organización. La Internacionalización también constituyó una amenaza más, de tantas, contra la OPEP.

Otro de los artificios repetido, una y otra vez, es que PDVSA es “propietaria” de toda una red de 15.079 estaciones de servicios (E/S) distribuidoras de gasolina, a todo lo largo y ancho de la región oriental estadounidense; y LL/GB se hacen coparticipes de tal falacia al afirmar que PDVSA es propietaria de ”refinerías y redes de distribución en el extranjero” (p. 92), y eso es una gran falacia, puesto que lo cierto es que esas E/S son de propiedad privada norteamericana -y NO de PDVSA como se ha dicho muchas veces- mediante la modalidad comercial de franquicias. Sin embargo, esto lo omiten los autores de “Venezuela Energética” (LL/GB), no sabemos si por desconocimiento o por hacerle el juego a quienes siempre han reforzado leyendas, mitos y cuentos falsos para incautos en el tema petrolero. Esta es la cruda verdad que enfrenta a la falacia.

Ergo, el proceso de internacionalización de PDVSA, además de un engaño, fue una argucia y estafa a la Nación, y desde su inicio el mismo fue lesivo al patrimonio público nacional. Todo un mito disque para “construir la empresa petrolera más grande del mundo” (L. Giusti), mito simplemente para desviarle los recursos que le correspondían al Estado venezolano por concepto de dividendos, como propietario de la industria petrolera venezolana.

En la próxima entrega nos ocuparemos del planteamiento que hacen LL/GB en su libro “Venezuela Energética”, referidos a aumentar la producción petrolera. Pero, algo si queremos adelantar: no queremos la actual PDVSA, la “roja rojita”, la de Rafael Ramírez y Alì Rodríguez, la de Eulogio Delpino y Nelson Martìnez; pero tampoco queremos la PDVSA anterior, la de Luis Giusti y Erwin Arrieta, la de Quirós Corradi y José Toro Hardy, la de los petro-espias y la que ocultaba cifras, la que le hacía trampas a la OPEP y adulteraba informes y estadísticas. Es posible una TERCERA PDVSA, una PDVSA transparente, honesta, eficiente, comprometida solo con Venezuela, apegada al interés nacional y colocada al servicio de un crecimiento económico permanente y un desarrollo económico sustentable, hecha para realidades sociales, políticas e históricas.

 

Rafael Quiroz Serrano: Crítica a la “Venezuela Energética” (II)

 

Producción petrolera 

En esta segunda entrega sobre el libro la “Venezuela Energética”, de los autores Leopoldo López y Gustavo Baquero (LL/GB), me referiré a la propuesta y mención de ellos -a través de todo el libro- de aumentar la producción petrolera venezolana.

“Nuestra propuesta apunta a un rango de producción entre los escenarios de restauración y renovación, proponiendo llevar la producción total venezolana en torno a los 5 millones de barriles por día” (p. 200).

Esta propuesta de LL/GB en nada se diferencia a la de Luis Giusti y Edwin Arrieta de llevarla a 6 millones de barriles diarios (b/d) para el 2003 y la de Hugo Chávez de aumentarla a 9 millones b/d (para el 2019). Pareciera que casi todos los políticos –sin excepción- ven en el petróleo una especie de redención social y una solución a todos los problemas que aquejan al país, antes que asuman el poder. Y aquí radica el problema, en que la gran mayoría de los políticos (no todos) tienen la firme creencia de que el petróleo suministra consigo los antídotos de todos los males del país y del subdesarrollo.

Los incrementos de los volúmenes de producción a simple vista son “espejismos” de mayores ingresos fiscales para la nación. Sin embargo, esta tesis no es sostenible, y por consiguiente inviable dentro de la lógica de lo que es la economía petrolera, la geopolítica del petróleo y el mercado de los hidrocarburos.

El petróleo por su gran significado geopolítico y geoestratégico, y ser no renovable, no puede ser medible como la mayoría de otros productos, artículos o materia prima; y esto, es lo que no entienden -a veces- la mayoría de los políticos, muchos de los ingenieros petroleros e incluso algunos economistas. Y de allí que hay cierta tendencia en Venezuela de hablar con ligereza sobre el aumento de la producción de petróleo.

Nuestra condición de país eminentemente petrolero nos lleva a creer que todo lo solucionamos solo con abrir más el chorro de la producción, son criterios simplistas y efectistas; es decir, producir tantos barriles como problemas tengamos. El negocio del petróleo no consiste precisamente en producir a granel, sin que esto tenga efecto alguno en el mercado de los hidrocarburos. Y esto es lo que hay que medir.

Producir por producir, y si esa producción petrolera es cada día mayor, mejor aún, no importa el impacto que esto tenga en los precios y en el medio ambiente; porque, para los que así piensan, lo globalizado, “up to date”, “moderno” y “shick” es producir petróleo en grandes cantidades, bajo la falsa premisa que el sector petrolero, cual locomotora arrolladora e incontenible, moverá y dinamizará automáticamente todos los sectores, factores, ámbitos y rincones de la economía nacional; y por consiguiente un significativo incremento en la producción petrolera generará, con efecto multiplicador y en forma inmediata e infalible, una aceleración del consumo doméstico, nivel de empleo e ingreso, gastos de inversión, gasto público y privado, demanda de bienes y servicios, renta nacional y hasta “entrada de capitales” a borbotones. No hay duda que es una visión tan economicista y rentística como equivocada, pues la data histórica tanto de la producción como de los precios petroleros dicen todo lo contrario.

Es una especie de síndrome en la cual tienden a incurrir algunos venezolanos, con diferentes visiones y argumentos, pero con un único objetivo de incrementar la producción de petróleo per sé. En el caso de LL/GB, a estos los impulsa la visión fiscal de buena parte de nuestros dirigentes, según la cual a mayor producción petrolera habrá más ingresos para el país, vía recaudación fiscal, y por consiguiente habrá más recursos para el gasto público.

Si tal crecimiento de la producción petrolera implica violar las cuotas acordadas en la OPEP (y estimular una guerra de producción dentro de la Organización o salirnos de ella), degradación del medio ambiente, agotamiento de los yacimientos, incremento de la deuda ecológica o, lo que es peor, trastocar las relaciones del mercado energético mundial con el petróleo, eso no interesa para nada, pues no son elementos a considerar por esta visión.

Lo fundamental aquí es mantener la carrera ascendente en los ingresos fiscales a través de la tripleta Regalía/ISLR/Dividendos, no importando si dicha tripleta no justiprecie la actividad económica singularizada: edad, desgaste y química del yacimiento, volúmenes de producción, tecnología, ambiente, inversión y retorno de capital; es decir, mal justiprecia los derechos económicos del Estado y sus ciudadanos, y legítima transferencia de renta al capital petrolero.

Y como para que no quede duda alguna de la pretensión neoliberal de mercado que envuelve la propuesta LL/GB, afirman: “Esto significa darle prioridad al volumen” (sic). Claro que sí, pues de lo que se trata es de volúmenes, el precio aquí no figura para nada, pues eso es oropel, dado a que el mercado debe estar por encima de todo, y por lo tanto hay que producir todo el petróleo que demande el mundo desarrollado, sin importar el precio que nos den por él, eso es lo de menos.

Así, con la mayor sinceridad, al hablar de la Apertura Petrolera afirman: “Con la apertura, Venezuela elevó su producción de petróleo en cinco años de manera importante, superando una vez más la marca de los 3 millones de barriles diarios hacia 1996” (p. 100); pues claro que elevó su producción, pero violando las cuotas de la OPEP e incumpliendo los compromisos contraídos en Viena, e instigando a los demás miembros a hacer lo mismo, y sin embargo, a qué precios? Esa fue la razón principal, y nuestro país el primer responsable de esa caída de precios; precisamente ese incremento fue lo que tumbó los precios de venta o realización, y llevó la Cesta Petrolera Venezolana a un precio promedio anual en 1998 de 10,57 dólares el barril (U$B). No obstante, para los autores de la obra analizada, lo importante es que superamos una “vez más la marca de los 3 millones de barriles diarios“; o sea, se trata es de “superar marcas”, sin importar los daños o perjuicios que causen a la seriedad, responsabilidad y reputación del país. Cómo si el negocio petrolero no fuera algo serio, y simplemente se tratara de juegos Olímpicos, de que hay que “superar marcas” y llegar primero, como también solía apuntar el no bien recordado ex presidente de PDVSA Luis Giusti: “Somos los primeros proveedores de crudo de los EE.UU.” (1998), claro que lo éramos, pero a qué precios, a 7,15 U$B. Después fuimos los quintos o sextos pero a 65 y 97 U$B (una pequeña diferencia).

AUMENTO DE LA PRODUCCIÒN 

En cuanto al planteamiento sobre aumentos de producción los autores de la ya referida obra (LL/GB) son sinceros al mitificar y endiosar el aumento de la producción petrolera, debido muy seguramente a la veneración que sienten por el mercado, lo cual a su vez los lleva a despreciar, y colocar -como ya dijimos- en un tercer plano, el precio de esta materia prima que es sabia vital para los países industrializados.

Cuando hacen referencia a los recortes de la OPEP para finales de la década de los 80, y el cumplimiento de los mismos por parte de Venezuela, afirman: “Esto impidió que se compensara la caída de los ingresos petroleros por la vía del volumen (…)” (p. 94). Igual dijo Luis Giusti por aquellos tiempos: “Compensaremos la caída de los precios con más producción” (El Nacional, 27 feb. 1998, p. E/1), y los precios seguían cayendo, mientras él se aferraba a lo que llamó la “estrategia volumétrica de producción” (altos volúmenes por bajos precios). Exactamente lo que proponen LL/GB ¿No fue acaso esto lo que fracasó en la década de los ´90, y que coadyuvó a que la cesta petrolera venezolana llegara a un vil precio promedio anual, como ya lo señalamos. Vender menos a cambio de altos precios, hasta ahora ha sido lo aconsejable y exitoso para la OPEP. La lección que impone la experiencia del mercado petrolero, es que es preferible sacrificar barriles en función de los precios y no sacrificar los precios en función de barriles; sino preguntémoselo a los sauditas que acaban de pasar otra prueba (Ago. 2014-Dic. 2016) y que le costó el puesto a Ali Naime (anterior ministro de petróleo saudita), pues Arabia Saudita dejó de percibir cerca de 79 mil millones de dólares (MMMU$) por la caída que tuvieron los precios del petróleo, mientras ellos pretendían sacar a lutitas (“esquistos”) del mercado sobre cargando la oferta de crudos, y los países de la OPEP en su conjunto “perdieron” (dejaron de percibir) cerca de 800 MMMU$, mientras que los países desarrollados (altamente consumidores de petróleo) se ahorraron la “modesta” cantidad de 815 MMMU$. Para quién trabajamos, entonces….?

También es posible que en esta coautoría de la “Venezuela Energética” haya pesado más la visión de Gustavo Baquero (GB), ingeniero industrial -no petrolero-, que la de Leopoldo López (LL), economista, en su visión netamente ingenieril, lo que no disculpa a LL de responsabilidad alguna de lo que en dicho libro se dice. Esta es la visión de una gran parte de los ingenieros (petroleros), que se formaron únicamente para perforar rocas metamórficas o sedimentarias y extraer petróleo. Nacieron, crecieron, se formaron y se desarrollaron académicamente solo para producir crudos, y si esa producción es cada año más agigantada es más gloriosa para ellos, así se sentirán más realizados profesionalmente. Ahora, cuánto repercutirá esa producción en el seno de la OPEP, o cómo ello impactará en el mercado mundial del petróleo y sus consecuencias en los niveles de precios, eso no importa para nada, pues no es problema de ellos, “eso es irrelevante” (D. González); y solo se limitan a tomar en cuenta la presión, profundidad, volumen, temperatura, velocidad, etc… en procura de incrementar la producción, pues su función y objetivo es exclusivamente la producción per se.

No hay pensum de estudio alguno en las escuelas de ingeniería de nuestras universidades que contenga una sola asignatura de economía petrolera ni de política petrolera. Solo esto explica dislates como el ya citado: “Esto impidió que se compensara la caída de los ingresos petroleros por la vía del volumen (…)” (p. 94), dicho esto para referirse a tiempos en que los precios estaban cayendo, debido a una de las mayores sobre ofertas que ha tenido el mercado del petróleo, es solo de ignaros de la economía.

Los ingenieros petroleros suelen salir de las universidades sin el más mínimo conocimiento de estas materias, y por lo tanto desconocen los vasos comunicantes que tiene la producción petrolera en lo económico y político, el plus que le agrega al precio la geopolítica del petróleo. Ellos solo saben producir petróleo (con algunas excepciones de quienes sí estudian economía y política petroleras)  pero no saben venderlo, puesto que si desconocen de economía petrolera ignoran variables, conceptos, categorías, parámetros, códigos, etcétera, que son esenciales en la comprensión de la estructura de la formación del precio del petróleo, y para formular políticas petroleras conforme al interés nacional, geopolítico y geoestratégico de la nación y de la región.

Es probable también que en este punto haya privado la visión de LL por encima de la de GB, igualmente lo que no disculpa a GB de responsabilidad alguna de lo que allí se expresa. Es la visión percibida en algunos de nuestros economistas (que no han estudiado petróleo) independientemente de las universidades de donde hayan egresado, que creen que a mayor producción petrolera necesariamente habrá de inmediato mayores ingresos por concepto de exportación de petróleo.

En esto, básicamente incurren aquellos economistas, con cierta tendencia neoliberal, que creen que el mercado debe estar por encima de todo, incluso del interés nacional, y por lo tanto tenemos que producir todo el petróleo que podamos o que nos demande el mundo industrializado, que a su vez son los mayores consumidores de crudo, sin importarnos los precios.

Según algunos de ellos, los países petroleros pierden su tiempo “preocupándose fundamentalmente por el nivel de precios por barril, en lugar de por la producción de barriles” (A.Garcia Banch, El Universal 03 Sep. 2012). Esto lo dice todo. Su endiosamiento y veneración por el mercado (donde “la mano invisible” supuestamente corrige y arregla todo) los lleva a despreciar, y a veces hasta satanizar, el precio de una materia prima no renovable y que es indispensable para el mundo desarrollado. Llegan a afirmar falacias como esta: “para independizarnos del petróleo debemos, primero, incrementar su producción” (Idem). Estos son los llamados fundamentalistas del mercado, que anatematizan precios y endiosan mercados, y partiendo de allí se convierten en los màs acérrimos detractores y adversarios de la OPEP, porque según dicen la Organización distorsiona y perturba el libre mercado; es una piedra en el zapato para la libre competencia y los mercados supuestamente “abiertos”. Para ellos, los intereses del mercado privan por encima de los intereses del país.

Finalmente, debemos afirmar que el discurso político, por lo general, siempre ha sido antagónico al discurso energético y petrolero, pero no estaría mal que de vez en cuando este discurso este potenciado del buen juicio y la prudencia, que aconsejen mantener una política racional de producción y conservación del petróleo como recurso natural agotable, pero que deberíamos preservar también para las actuales generaciones, las próximas y las que vengan después de ellas. Es lamentable que venezolanos que pretenden convertirse, en el futuro, en Jefes de Estado, se dejen contagiar por el “síndrome del aumento” de la producción petrolera, atraídos muy seguro por la tan conocida “libre competencia” y por el anhelado incremento de la renta de los hidrocarburos en función del gasto público. Bien les valdría asesorarse mejor en la formulación de políticas petroleras ciertas, conformes y concatenadas al interés nacional.

En la próxima entrega (III) nos referiremos al planteamiento que hacen LL/GB en su libro “Venezuela Energética”, sobre lo que los autores llaman “Democratización del petróleo” y el “Fondo Patrimonial de los Venezolanos”. Pero, si deseamos reafirmar que, para nada, queremos la actual PDVSA (la “roja rojita”), la de Rafael Ramírez y Alì Rodríguez, la de Eulogio Delpino y Nelson Martínez; pero tampoco queremos la PDVSA anterior, la que fracasó en su política petrolera de los años 90, la que presidio Luis Giusti y Erwin Arrieta, la de Quirós Corradi y José Toro Hardy, la de los petro-espías y la que ocultaba estadísticas, la que le hacía trampas a la OPEP y maquillaba informes y adulteraba cifras. Sí es posible una TERCERA PDVSA, una PDVSA honesta, transparente, eficiente y apegada al interés nacional, que ame más a Venezuela que al libre mercado, y que vele más por los intereses de la nación que de los países desarrollados.

 

Rafael Quiroz Serrano: Crítica a la “Venezuela Energética” (III)

 

Democratización del petróleo

En esta tercera entrega, de la serie de artículos donde analizamos el libro “Venezuela Energética” escrito por Leopoldo López, en coautoría con Gustavo Baquero (LL/GB), abordamos el tema de la “Democratización del petróleo” que los autores plantean como solución al destino que debe dársele a los ingresos fiscales que recibe la nación por concepto de exportación petrolera.

Bajo la premisa que “Todo el petróleo” tiene que ser “para todos los venezolanos”, “los dueños soberanos del recurso natural” (p. 244), los citados autores proponen distribuir el 50% de la renta petrolera entre todos los venezolanos mayores de 18 años, como un nuevo esquema distributivo donde se “incorpora a los venezolanos como acreedores directos de la factura petrolera” (p. 245). Es decir, en pocas y resumidas palabras, se trata, nada más ni nada menos, de la PRIVATIZACIÒN DEL INGRESO FISCAL PETROLERO.

Debemos empezar por aclarar que la citada propuesta ni es original ni es nueva. Viene desde finales de la década de los años `80 cuando el extinto Alberto Quirós Corradi junto con Francisco Monaldi (padre), eternos medradores de la privatización de PDVSA, lanzaron tan temeraria propuesta, y que afortudamente no tuvo acogida alguna; desde luego, que la propuesta de Quirós Corradi era la distribución de toda la renta petrolera, ahora esta nueva versión, un tanto más retocada y matizada, trae la modalidad de que se trata solo del 50%, y no del 100%, como en un principio se planteó. Sin embargo, tal propuesta va a cobrar cierto valor académico cuando desde el Instituto de Estudios Superiores Administrativos (IESA) lo van a plantear los Monaldi (padre e hijo) y también los Rodríguez (padre e hijo) igualmente del IESA. Estos dos últimos mencionados, debemos de reconocer, hacen una propuesta mucho más directa, seria, conceptual y académica en la que tanto Luis Roberto Rodríguez Pardo (padre) y Pedro Luis Rodríguez Sosa (hijo), logran desarrollar una tesis mejor elaborada académicamente y de mayor consistencia conceptual (no por eso dejamos de adversarla) en su libro de coautoría “El Petróleo como instrumento de progreso -Una nueva relación Ciudadano-Estado-Petróleo-” (Ediciones IESA, Caracas, 2012). Sobre esta propuesta nos referiremos en la próxima entrega.

LL/GB fundamentan la propuesta en lo que ellos llaman “Democratización del petróleo”, por lo que plantean “que parte de la renta petrolera sea depositada en cuentas individuales de cada venezolano mayor de edad sin distinción de ningún tipo” (p. 246); pues es una forma de “distribuir de manera más justa, igualitaria y transparente el ingreso petrolero” (p. 245). Esto es simplemente populismo petrolero de la más pura rancia, que sirve como plataforma fácil para vociferar un discurso político en el que el petróleo, siendo su condimento principal, no se venderá ni llegará a oídos receptores que es su destino final, además de reforzar en el venezolano su cultura sociopolítica rentista.

En Venezuela el político populista siempre ha tenido en la renta del petróleo un tema garantizado para sus proclamas y arengas. “¿Cómo distribuimos entre todos lo que pertenece a todos?” (p. 245), es una especie de rico caramelo que los autores colocan en la boca de quien lea su libro. Y entonces caen en un curioso y divertido juego “aeróbico” de palabras, haciendo extraños malabarismos “conceptuales” y de galimatías con términos como: Nación, Estado, Gobierno, República, soberanía, pueblo, población, propiedad, etcétera, para llegar a la “gloriosa” conclusión que hay que repartir el ingreso fiscal petrolero, porque todos los ciudadanos somos la Nación y todos los recursos naturales pertenecen a la Nación, por consiguiente todas las riquezas naturales de la Nación nos pertenecen a todos los ciudadanos.

Veamos la opinión de un eminente jurista, quien fuera Fiscal General de la República: “Hacer distinciones artificiales o caprichosas entre el Estado y la Nación puede resultar altamente riesgoso. El Estado venezolano es la más alta asociación política de los venezolanos. El petróleo en manos del Estado es de los venezolanos” (R. Escovar Salom. Claridad sobre el petróleo. El Universal, 19 de abril de 1998, p. 1-5).  Desde luego que la nación es la propietaria de la riqueza del subsuelo que la sustenta y, por lo tanto, también es propietaria de la empresa (PDVSA), de allí que ésta es propiedad común de todos los venezolanos, mas no de los venezolanos considerados individualmente, sino del colectivo, del conglomerado, que tiene que tener continuidad en el tiempo y en la historia misma. Por ello, su manejo y administración tiene que ser ejercida por el Estado (que es la expresión institucional y jurídica de la república y la nación), y no puede ser enajenada ni usufructuada por ninguna individualidad para ningún interés en particular; por tanto, suena necio y además no es procedente que dicha propiedad sea repartida a manera de piñata o torta entre todos los venezolanos, poniendo bajo riesgo el bienestar general y colectivo de las presentes y, sobre todo, de las futuras generaciones.

¿Y los demás recursos naturales…?

Y qué decir de los demás ingresos que percibe el Estado por los otros recursos naturales que tiene el país, tales como oro, diamantes, coltàn, bauxita, carbón, torio, etc…, porque LL/GB no hacen distinción ni diferencia alguna al manejar el concepto de recursos naturales, y esos también pertenecen a la nación y nos pertenecen a todos los ciudadanos por igual. Entonces, también tendremos que distribuir tales ingresos entre todos los venezolanos mayores de 18 años? Hasta dónde se estaría auspiciando la holgazanería, comodidad y maulerìa en Venezuela con esta dadiva directa o renta parasitaria, especie de manguangua, otorgada sin trabajo ni esfuerzo alguno? Pero… no es que para reconstruir este país, primero tenemos que rescatar los valores y principios morales, éticos, religiosos, etc…y entre esos el valor y el amor al trabajo, donde el dinero que ganemos provenga del esfuerzo y el sacrificio diario, que es como se construye un país, y no el de esperar cómodamente sentado a la puerta de la casa, en el patio del conuco o a orillas de la carretera en pleno paramo andino, a que me llegue la renta petrolera sin ningún trabajo como contraprestación, solo por el hecho de que los recursos naturales son de la nación y por lo tanto todos los nacionales somos propietarios individuales de ello (LL/GB), según predican algunos apologistas del ingreso petrolero, que se disponen a repartir la renta cual reina de carnaval reparte caramelos, serpentinas y papelillos desde el estrado de su carroza.

Por analogía tendríamos que aplicar la misma lógica al presupuesto nacional, puesto que es un presupuesto que pertenece directamente a la nación y, por consiguiente, a todos sus ciudadanos que integramos la nación, y la misma argumentación serviría, según LL/GB, “…en la práctica este ha sido usado para financiar los intereses de las personas o grupos que han controlado el Estado y para comprar voluntades mediante la generación de una relación clientelar con los ciudadanos, quienes reciben los bienes y servicios públicos como un regalo del gobierno y no como una obligación de quien es el administrador de su riqueza (p. 245).” Entonces, nos preguntamos, por esa misma línea de conceptos arbitrariamente interpretados, también deberíamos dividir el presupuesto nacional por el número de ciudadanos mayores de edad y que cada quién, con la porción de presupuesto que le corresponda individualmente, se las arregle para suministrarse así mismo los servicios públicos, y evitar que el Estado dilapide y malverse tal presupuesto, que es de todos por ser de la nación, según LL/GB. Esto, lo que haría es reforzar más en el venezolano su comportamiento individual, meramente particular, sin importarle el resto de la sociedad, lo colectivo, lo general, el conglomerado y las grandes mayorías, que son las que al final se van a beneficiar de los servicios y obras públicas y sociales, que se construyan con los ingresos petroleros. Los olivos no nacen precisamente en sus riveras.

Acaso, de a dónde ha salido esa red de infraestructura vial que atraviesa todo el país, hospitales públicos, institutos educacionales, complejos polideportivos, parques, puertos y aeropuertos, y demás obras públicas, sino es de los ingresos petroleros que por concepto de exportaciones le han ingresado al Estado venezolano.

En manos del sector privado, todos esos ingresos (petroleros) hubieran ido a parar en 24 horas a la banca neoyorkina o londinense; el mismo destino que tuvieron los miles de millones de dólares que sirvieron como auxilios financieros para la banca venezolana, durante la crisis bancaria de 1994. Lo que tenemos es que seleccionar gente honrada, eficiente, eficaz, competente, proba y capaz, y que en forma transparente maneje los recursos del erario público; funcionarios que se sometan a lo establecido por la Constitución Nacional relativo al “Régimen Presupuestario”, que a saber reza lo siguiente: “El ingreso que se genere por la explotación de la riqueza del subsuelo y los minerales, en general, propenderá a financiar la inversión social productiva, la educación y la salud” -el subrayado es nuestro- (Art. 311, CRBV, p. 273). Está claro, que este principio constitucional es contrapuesto a lo que planten el binomio de coautores de “Venezuela Energètica”, por lo que tal planteamiento, de aceptarse, es flagrantemente violatorio a la Constitución Nacional.

Por una oleada circunstancial de corsarios y asaltantes de camino, que saquearon durante 20 años este país, no podemos convertirnos en junta liquidadora del Estado venezolano, y despojarlo de todos sus deberes, responsabilidades, tareas y obligaciones que son propias de él, y que por lo demás el sector privado no lo va a hacer, no solo porque ese no es su rol, sino porque están concentrados en su único paradigma que es la maximización de la tasa de beneficio o ganancia, para amasar grandes fortunas y así decir que hay crecimiento económico y prosperidad en “general”. Ergo, para botar el agua de la tina no tenemos por qué tirar el bebe al piso, ni mucho menos descuartizar la tina, pues ni el bebe ni la tina son culpables de que el agua esté sucia, en todo caso será culpa de quien esté cuidando el bebe. Esa persona, es a la que tenemos que cambiar.

¿A qué Justicia se refiere?

Cuando LL/GB hablan de “distribuir de manera más justa, igualitaria y transparente el ingreso petrolero” (p. 245), ratificando más adelante, como para que no quede duda, “Y detrás de la noción de igualdad se encuentra la noción de justicia” (p. 247); no sabemos a qué JUSTICIA se refieren…? Acaso podrá haber JUSTICIA en una distribución de la renta petrolera donde un anciano labriego de 85 o 95 años de edad, que le dedicó toda su vida al trabajo cotidiano, sin descanso y sin tregua alguna, cultivando hongos y champiñones en el pie de monte andino, reciba el mismo ingreso que un chamo párvulo de escasos 18 años, que apenas está finalizando el bachillerato y que no ha sembrado, en toda su corta existencia, ni un solo tomate. ¿Acaso, es esto justo…o, es que a esto le llaman JUSTICIA? La verdad es que a este planteamiento no podemos menos que calificarlo como un dislate, por no decir un adefesio.

Además, como los autores -tal como ya lo afirmé- no establecen distinción ni diferenciación al hablar de los recursos naturales que son propiedad de la nación, y de todos los ciudadanos, y se olvidan de la flora y fauna que igualmente son riqueza y recursos naturales, también la bella cordillera andina y el amazonas entrarían en tal categoría. Y en forma si se quiere jocosa, preguntaríamos: será que le damos a cada uno de los venezolanos mayores de edad, cierta cantidad de animales y plantas, un pedazo de los andes y del llano, ciertas hectáreas de la selva amazónica, etc., para que así podamos los venezolanos decir con propiedad de que “eso” es nuestro, y para que no lo maneje el Estado y el gobierno, que son malos administradores y pésimos gerentes. Al Estado no se le debe satanizar por la experiencia que hemos tenido en los últimos veinte años (1999-2019), donde una secta de picaros y malandros de toda laya asaltaron y saquearon la nación, y despilfarraron la mayor bonanza de petro-dolares de toda la historia, y que jamás haya tenido la república desde el alba de la patria libre.

Si esos son los parámetros a tomar en cuenta para reconstruir este país, entonces aquí lo que hay que hacer es desmontar y desmembrar al Estado, y por consiguiente privatizar no solo aquellas empresas que nunca han debido de estatizarse y raptársele al sector privado, sino también los institutos autónomos, ministerios, organismos públicos y hasta el mismo Palacio de Miraflores, que igual es todo un desorden y desastre.

Es decir, aniquilemos el Estado y todo lo que nos huela a sector público, para que así el sector privado reine a solas para siempre, y defina reglas y pautas donde ese sector, a su antojo, maneje la anarquía que ellos mismos impondrán. No hay que derrumbar la catedral para matar el ratón que se está comiendo las hostias de la sacristía, más si hay sospechas que en tal acto de sacrilegio pudiera tener participación el monaguillo y/o el sacristán.

Privatización del ingreso

En “Venezuela Energética” LL/GB no dejan lugar a dudas que la Democratizaciòn del Petròleo, que ellos proponen, no es otra cosa que la Privatización del Ingreso Fiscal Petrolero, envuelto en el papel celofán del Populismo Petrolero, y todo ello bajo la explicación y predica de la limosna ideológica del populismo. Y así quieren hacernos creer que “esta forma de repartición de la renta petrolera es profundamente democrática y vendría a ser la mayor conquista de igualdad social luego del voto universal.” (p. 247); es decir, pura demagogia petrolera escrita en un himno angelical elevado al arco iris, en una mañana primaveral, y que será oído y cantado por toda la feligresía de “aquel” acto religioso dominical.

Finalizamos afirmamos, una vez más, que no queremos la actual PDVSA, la de Rafael Ramírez y Alí Rodríguez, la de Nelson Martínez, Eulogio Del Pino, Bernard Mommer y Manuel Quevedo; pero tampoco queremos, igualmente para nada, la PDVSA de Luis Giusti y Erwin Arrieta, la de Quirós Corradi y Toro Hardy, la de “Los petro espias” y pago de coimas, la que maquilaba informes para trampear a la OPEP y adulteraba cifras para engañar a la dirigencia política de entonces. Queremos una TERCERA PDVSA transparente, eficiente, eficaz, profesional, honesta y que cumpla a cabalidad las instrucciones que emane del Ministerio de Petróleo, dentro del marco de una política petrolera cónsona con los intereses de la nación, y no necesariamente del mercado petrolero.

 

Rafael Quiroz Serrano: Crítica a la “Venezuela Energética” (IV)

 

En esta CUARTA entrega de artículos donde nos proponemos analizar el libro “Venezuela Energética” de Leopoldo López y Gustavo Baquero (LL/GB), nos referimos a uno de los temas gruesos que proponen los autores dentro de lo que ellos llaman el “Nuevo Modelo de distribución del ingreso petrolero nacional”, y se trata del “Fondo Patrimonial de los Venezolanos”. Como ya lo expresamos en la entrega anterior (III), esto se traduce en una propuesta “para que todo venezolano mayor de edad disponga efectivamente del ingreso petrolero que le corresponde, objetivo fundamentado en la propiedad ciudadana del petróleo que yace en el subsuelo y, por tanto, en los ingresos que genera dicha propiedad” (p. 263). La propuesta ni es genuina ni es nueva. Es simplemente otra modalidad de lo planteado, a final de la década de los ’80, por Alberto Quirós Corradi, Andrés Sosa Pietri, Luis Giusti, Francisco Monaldi, Miguel “Paquetico” Rodríguez, Ramón Espinasa y José Toro Hardy, entre otros.

Los sempiternos medradores de la privatización de nuestra industria petrolera, ante la imposibilidad, y también la ausencia de argumentos consistentes, para plantear la venta de PDVSA al capital petrolero internacional, han venido recurriendo a “caminos verdes”, trochas y atajos, que en forma sibilina les permita avanzar en la prosecución de tan antinacionales propósitos. En este sentido se han encontrado con la muralla que representa el rango constitucional que le da la actual Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (CRBV), al tema de los hidrocarburos y muy particularmente a la industria petrolera (Artículos 11, 12, 302, 303 y 311); al blindarla de los ataques nocturnos de las hienas que siempre han merodeado en torno a la idea de traspasar la industria básica de la economía venezolano al sector privado. Y para tan antinacional propósito ofrecen diferentes vías, diversas alternativas, para los más variados gustos, de todos cuantos quieran contribuir para avanzar en el camino que nos llevará al “Reino Celestial” de la privatización del petróleo en Venezuela. Veamos solo cuatro de las alternativas, llamémosla “píldoras de un mimo frasco” (A. Quiròs C.) que asoman para acometer su propósito o paradigma liberal.

“Cuatro píldoras de un mismo frasco”. 

La primera “píldora”, fue la propuesta de Luis Giusti y Andrès Sosa Pietri, quienes plateaban vender “algunas” acciones de PDVSA en la Bolsa de Valores de Caracas, en una clara automutilación de la soberanía. “Una empresa como Petróleos de Venezuela pudiera perfectamente poner un determinado número de acciones en la Bolsa: 10%, 15% y 20%, sin detrimento para nada de su condición de empresa. Yo creo que la empresa debe ir y colocar sus acciones en el mercado” (En El Nacional, 3 de agosto de 1998, p. E/1), afirmó Luis Giusti, sin desparpajo en aquella ocasión. Se trataba de vender PDVSA por pedazos en forma racionada, y para eso hacían “gala de su talento diseñando la mejor manera de proceder, bien destazándola como una res en canal para vender por piezas, bien entregándola en pie, entera, a puerta de corral. Carniceros unos, comerciantes en grande otros, cada quien busca cómo sacarle su mejor partido al animal bien cebado” (A. Rodríguez, 1997). Y para no dejar lugar a dudas Giusti ratifica, una vez más: “Aún existen sectores en el país que se oponen a una privatización de Pdvsa, pero en cualquier caso se están dando los pasos correctos para hablar en un futuro del tema” (En Economía Hoy, 26 de enero 1998, p.16). Giusti fue el vedette de las transnacionales (1998) y el principal promotor de la venta de PDVSA, por lo que siempre representó una amenaza para el patrimonio público nacional.

La segunda “píldora” (propuesta) es la del extinto Alberto Quirós Corradi y Francisco Monaldi quienes planteaban una innovadora fórmula privatizadora, al decir: “Si “el petróleo es nuestro”, yo quiero que todos los venezolanos sintamos en nuestros bolsillos el peso de un Certificado de Participación en un Fondo Mutual, que tenga acciones de Pdvsa y de todas las empresas petroleras que operan en el país estatales y privadas. Quiero, además, que todos recibamos un dividendo anual de esas ganancias y que nos cobren impuestos sobre ese ingreso” (En El Nacional, 23 de agosto de 1998, p. E/10). También Francisco Monaldi, prologuista de los Rodríguez, es coautor -como ya dijimos- de esta tesis. “Por su parte Francisco Monaldi, el ideólogo de la más antipática propuesta privatizadora que conozco, aquella que postula el reparto de las acciones de PDVSA entre los venezolanos mayores de 18 años, es decir, entre menos de la tercera parte de la población actual, desheredando a las otras dos terceras partes y, desde luego, a los cientos de millones de venezolanos que nacerán en el futuro previsible de existencia del petróleo en nuestro subsuelo, anuncia triunfalmente que lo que se omitió en el texto del proyecto constitucional fue precisamente la propuesta radical de Fundapatria en materia petrolera y que, por ello, ahora están dadas las condiciones para ‘transformar a los ciudadanos en socios-propietarios de su principal negocio’” (C. Mendoza Pottellà, Nacionalismo petrolero venezolano en cuatro décadas, Universidad del Zulia, Maracaibo, 2010, p. 415).

La tercera de las “píldoras” (propuestas) es la referida a los Rodríguez (padre e hijo), Luis Roberto Rodríguez Pardo (padre) y Pedro Luis Rodríguez Sosa (hijo), y de todas las propuestas es la más seria, la más consistente y la mejor elaborada, no por eso no deja de ser contraria al interés nacional, y  viene desarrollada en el libro “El Petróleo como instrumento de progreso –Una nueva relación Ciudadano-Estado-Petróleo-“ (Caracas, Ediciones IESA, 2012). Allí los Rodríguez plantean la creación de un fondo de ahorro y estabilización al cual se le denominará Fondo Patrimonial de los Venezolanos (FPV), y el cual estaría caracterizado de la siguiente manera: “Los ingresos del Fondo estarán constituidos por la totalidad del ingreso petrolero, incluyendo el impuesto sobre la renta a las actividades petroleras, el impuesto de explotación (regalías), el impuesto a las ganancia súbitas, los impuestos superficiales y cualquier otro gravamen a la actividad petrolera, así como otros ingresos petroleros, tales como los dividendos de PDVSA, bonos de rentabilidad, bonos de desempate y cuotas de participación” (p. 122-123). Aquí el desafuero por capturar íntegramente el ingreso fiscal petrolero no guarda parangón alguno, y no deja lugar a dudas de que se trata de una abierta y descarada PRIVATIZACIÒN DEL INGRESO FISCAL; esto se traduce en, como no podemos plantear la privatización de la industria petrolera, vamos a valernos del POPULISMO PETROLERO para así intervenir la factura petrolera y acercarnos, avanzando unos pasos, al camino definitivo que algún día nos llevará a “la tierra prometida” de entregar PDVSA al sector privado nacional o transnacional.

Y la cuarta y última “píldora” (propuesta) es la presentada por LL/GB y a la cual ya nos referimos en la pasada entrega (III). Pero en todo caso, lo planteado por el dueto LL/GB en su libro “Venezuela Energética” no dista mucho de lo que planteaban el también dueto Quirós/Monaldi y los Rodrìguez del IESA, con la diferencia que lo que ahora plantean LL/GB es un poco más matizado y adulzorado para incautos e ingenuos en procesos privatizadores de empresas petroleras. “A partir de esa falacia se ha promovido, y se sigue proponiendo hoy, la más demagógica y antinacional de las propuestas: repartir anualmente una parte sustancial de los beneficios y todos los dividendos de la industria petrolera entre los ciudadanos, vale decir, los mayores de 18 años” (Sic) (C. Mendoza Pottellà, La oportunidad la pintan calva…para la rebatiña petrolera, May. 2019).

Estas son las “Cuatro píldoras de un mismo frasco” como diría el extinto Alberto Quirós Corradi, donde el frasco es la privatización y las cuatro píldoras son las cuatro modalidades de caminar inexorablemente hacia la entrega de nuestra industria petrolera. Se trata de un sinnúmero de formas y modalidades neurálgicas que coliden con el marco legal vigente, con rango constitucional, y que repiten resabios, vicios y tramas del pasado. La reinstitucionalización de PDVSA y reconstrucción del país será una política correcta sólo en la medida en que apunte hacia el futuro cierto e incluyente de todos, no en la medida en que repita los esquemas, resabios y vicios del pasado cuyos efectos, hoy por hoy, siguen a la vista. En Venezuela el petróleo significa soberanía, historia, cultura y reafirmación de la nacionalidad, y por ello esta materia prima sigue, y seguirá, constituyendo un elemento de definición de la sociedad venezolana.

¿Iniciativas e innovaciones? 

Los “Fundamentos para la democratización del petróleo”, tal como la plantean LL/GB, no es más que una máscara para captar voluntades cándidas atraídas por “la limosna ideológica del populismo” rentista. Así como la figura del Fondo Patrimonial de los Venezolanos (FPV), la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH) y la enmienda a la Ley Orgánica de Hidrocarburos (LOHH), que actualmente se discute en la Asamblea Nacional (AN),  es todo un entramado y una maraña de “iniciativas” que en el fondo amenaza con la perdida de nuestro principal instrumento de negociación en la geopolítica y geo estrategia mundiales, y que al final del día también estarán encaminadas al desmantelamiento del aparato de control y fiscalización del Estado venezolano. De lo que en verdad se trata es de “privatizar paulatinamente a Pdvsa y convertir al Estado en una especie de perro faldero” (CMP, 1995).

Ciertamente, no hay duda, que lo que se persigue en el fondo, como objetivo tras bastidores, es la venta de PDVSA, más que su desarrollo basado en su crecimiento como corporación. Pareciera que una buena parte de nuestra ya no tan joven dirigencia política, que se dice social demócrata, estuviera ganada a planificar, diseñar, desarrollar y aplicar una estrategia direccionada a consolidar la metamorfosis de la propiedad pública de PDVSA en propiedad privada transnacional. En el libro objeto de este estudio y análisis, los autores LL/GB parecieran aparentar un deliberado desconocimiento de la vinculación del Estado con lo social y colectivo; de allí la función estrecha y limitada que le asignan al Estado, donde debe tener poco predominio la equidad social y sí mucho el papel policial de resguardar la propiedad y la riqueza privadas.

Estos señores desconocen abiertamente que, si bien el mercado en líneas generales “resuelve” con eficacia el problema de qué producir, cómo y para quién, no se ocupa de aquellos bienes que no sean rentables aunque sean muy necesarios; esto se conoce en la literatura especializada, como fallas del mercado. No cabe duda de que la estrategia para ceder PDVSA al capital transnacional, se levanta auspiciada directamente por ese velo de ineficacia, corrupción y desprestigio que hoy caracteriza al Estado venezolano, producto de un gobierno totalmente incompetente, forajido y primitivo, que ha hecho de la delincuencia y el malandraje su principal característica y causa “revolucionaria”, y también estimulado por el elemento privatizador sustentado en el fósil pensamiento liberal clásico (1776), ya cubierto por las telarañas de los tiempos que se tejieron durante más de doscientos años (…y a esto le llaman modernidad?). Y asì quieren hacer creer que los grandes beneficiarios de la privatización de PDVSA son la masa de la población, por aquello de que la riqueza acumulada de algunos individuos se constituye automáticamente, por razones “lógicas” y “naturales”, en un beneficio que salpica o empapa al colectivo.

Esta es una contradicción más que encontramos en el libro de LL/GB, pues mientras plantean la sustitución del modelo rentista-petrolero, simultáneamente con el Fondo Patrimonial de los Venezolanos, también plantean, ratifican, reafirman y profundizan aún más, con todas sus perversidades, el carácter netamente rentista de la economía venezolana; y hacen de la cultura petrolera todo un monumento. Bien decía el sacerdote jesuita Arturo Peraza, vicerrector de la UCAB en Guayana: “El problema es una sociedad que demanda que pide pero que no se plantea qué tengo que hacer para construirla. El problema fundamental de Venezuela no es cambiar al presidente sino los valores de una sociedad que pide y pide y no produce. Una sociedad que se basó en el rentismo y en el extractivismo depredador, en el que si tiene una casa lo que haces es que le quita los muebles las paredes los tubos del agua hasta destruir la casa” (Arturo Peraza SJ, El Nacional, 01-09-19). Reforzar la conducta y el comportamiento del venezolano en el rentabilidad petrolera, es contrario a la consecución de des-petrolizar el ingreso fiscal y de lograr la emancipación de la economía venezolana de la industria petrolera.

No queremos la actual PDVSA para nada, la PDVSA de la desprofesionalización, aquella industria que se dedicó a cientos de tareas que no son propias de una empresa petrolera; la “roja rojita” de Rafael Ramírez y la “caja chica” de Hugo Chávez Frías; pero tampoco queremos la PDVSA anterior, la los “petro espías” que huyeron del país sin enfrentar la justicia, la de Giusti y Alberto Quiròs Coradi, la de Erwin Arrieta y Toro Hardy. Queremos una TERCERA PDVSA, una empresa que sea ejemplo de honestidad, pulcritud, buena gerencia, profesionalismo, eficiencia y eficacia.

 

Rafael Quiroz Serrano: Crítica a la “Venezuela Energética” (V)

 

Este es la QUINTA entrega de artículos que tiene como objetivo analizar el libro “Venezuela Energética” de los autores Leopoldo López y Gustavo Baquero (LL/GB); y en esta entrega nos vamos a referir al tema de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP). Sin duda que el libro refleja claramente el desdén que los coautores sienten por la Organización con sede en Viena, y si en verdad hacen varias referencias a ella es porque les resulta insoslayable, pero su displicencia hacia ella no pueden ocultarla, e incluso la encuentran un tanto culpable del hecho de que Venezuela no haya podido aumentar su producción para compensar precios debido a los “techos” de producción acordados en la OPEP, en momentos en que el mercado estaba sobre ofertado porque había una sobre producción. “Esto (los techos de la OPEP) impidió que se compensara la caída de los ingresos petroleros por la vía del volumen” (LL/GB, p. 94), afirman quienes pretenden emular a Luis Giusti con su “Compensaremos la caída de los precios con más producción” (El Nacional, 27 feb. 1998, p. E/1). En todo caso habría que estar agradecidos con la Organización, pues gracias a dicho “techos” los precios no solo no siguieron cayendo, sino que se recuperaron; sin embargo, los autores no le hacen ningún reconocimiento a la OPEP referente a este hecho varias veces repetido.

Ahondan aun más en su actitud de ignorar a la OPEP al plantear “los lineamientos y metas que proponemos para alcanzar un incremento de producción significativo.” (p. 176), de hasta 7 millones de barriles diarios (MMB/d), cuando ellos saben que pertenecemos a la Organización en nuestra condición de país miembro-fundador, y que una propuesta como esta (de producciones volumétricas) es contraria a la política petrolera de regulación de producción establecida por la Organización, desde principios de la década de los ’80. Sin embargo, no dicen nada sobre qué harán, ante este cometido, con la OPEP; si nos vamos de allí, nos salimos y la abandonamos, si nos convertimos en uno más de sus detractores a pesar de ser sus fundadores, o qué hacemos al respecto?

Sabrán acaso LL/GB que su planteamiento coincide con lo mismo que plantean los grandes países desarrollados y altamente consumidores de petróleo, referido a que los países productores de esta materia prima produzcamos tanto petróleo como podamos, a fin de garantizar todo el petróleo que necesita el mundo desarrollado, sin detenernos en los niveles de precios? También esta llave de escritores todas las veces que hacen referencia al aumento de producción, no dicen nada, absolutamente nada, de los precios del petróleo, pues para ellos el precio no pareciera existir, o no les importa un bledo, o, en todo caso, es lo que menos les importa.

El problema del mercado petrolero no debe ser un problema de producción para los países productores, es un problema de precios. Será un problema de producción para los países consumidores, que cada día consumen más energía y requieren más petróleo, y si este petróleo es barato (lo que se auspicia con grandes producciones), mejor aún. A mayores producciones los precios tienden a la baja, y a menores producciones los precios tenderán a subir. De tal manera que una propuesta como la planteada por LL/GB coincide plenamente con los intereses de las grandes potencias y de los países altamente desarrollados, y por lo tanto es contraria al interés nacional. Deberíamos tener mucho más cuidado al hacer proposiciones de este calibre, pues sin querer le hacemos daño al interés y patrimonio nacionales, y favorecemos los interés contrarios a los nuestros.

LL/GB en su obra “Venezuela Energética” demuestran reiteradamente tanto su desprecio como su desconocimiento sobre la OPEP, y ello queda más que evidente cuando en la página 83 del libro titulan un cuadro estadístico con el siguiente texto: “Cuota de los países OPEP dentro de la organización y el mundo para 1973” (Sic); y resulta que para 1973 aun no existía el sistema de cuotas, pues este fue adoptado por la OPEP desde diciembre de 1982 cuando decide adoptar la política de regulación de producción. Esto refleja un desconocimiento -casi absoluto- de los autores sobre la OPEP y su historia, y quien desconoce la historia de la OPEP desconoce la historia del mercado petrolero, por lo menos en los últimos 59 años. Se trata de un dislate mayúsculo, insoslayable, cuando tal afirmación es el título de un cuadro estadístico que toman como premisa para, a partir de allí, analizar el mercado petrolero, y si la premisa es falsa, tal como en efecto lo es, pues el análisis que de allí se pudiera desprender está totalmente equivocado. Es decir, metodológica y académicamente esto es impresentable. Es más, los autores pudieran no sentir mayores simpatías por la OPEP, pero que desconozcan lo que esta Organización ha significado, con aciertos y errores, en la historia del petróleo y su peso en el mercado mundial de los hidrocarburos -en sus últimos 59 años-, es otra cosa. Esto ya denota desconocimiento mayúsculo, por no decir ignorancia, en el tema petrolero.

Historia

Y para mayor ilustración de LL/GB, y aprovechando que el ante pasado sábado 14 de septiembre se cumplieron 59 años de la fundación de la OPEP, nos permitimos -con todo respeto- hacerles una lacónica y apretada síntesis -a título informativo- de lo que ha significado esta Organización para los países emergentes productores de una materia prima tan esencial para el mundo industrializado. La Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) se fundó en Bagdad (1960), ciudad capital de Irak ubicada a orillas del río Tigris. Este organismo multilateral e intergubernamental conformado originalmente por Arabia Saudita, Irak, Irán, Kuwait y Venezuela, y en la actualidad por 9 países más, todos productores y exportadores de petróleo, tales como Argelia, Nigeria, Libia, Emiratos Árabes Unidos (EAU), Ecuador, Angola, Gabón, Congo y Guinea Ecuatorial, tuvo originalmente como sede a Ginebra (Suiza) y seis años después (1965) se mudó para Viena (Austria), debido a que el gobierno suizo se negó a otorgarle inmunidad diplomática a sus funcionarios y la figura de la extra territorialidad a su estructura física.

La OPEP fue fundada por iniciativa de los ministros petroleros de Venezuela, Juan Pablo Pérez Alfonzo, y de Arabia Saudita, el jeque Abdullah Al Tariki, y está constituida por países de diversa ubicación geográfica, distintos regímenes políticos y religiones, diferentes capacidades de absorción en lo económico y en la conformación del Producto Interno Bruto (PIB), y también con diferentes niveles de distribución de las reservas petroleras y de su relación reservas-producción. Es decir, todo un mosaico de países agrupados bajo la causa común de una política petrolera de regulación de la producción, a los efectos de favorecer los precios del petróleo, que es lo mismo que los intereses de los países miembros. La verdad es que con el nacimiento de la OPEP los países productores de petróleo dejaron de ser espectadores para pasar a ser protagonistas activos, con un poder real y cierto en la escena de la geopolítica mundial.

Para aquel entonces (1960) la fundación de la OPEP constituyó un desafío frontal al orden petrolero internacional establecido, donde la figura multipolar de la Organización quedaba enmarcada dentro de la búsqueda de un Nuevo Orden Económico Internacional (NOEI). Prácticamente se trataba de un desafío e insubordinación contra el mundo desarrollado por parte de países petroleros hasta ahora incipientes en vías de desarrollo o emergentes. “Dentro de ese contexto, la iniciativa de Betancourt y Pérez Alfonzo adquiere una relevancia histórica que es imposible minimizar, puesto que ella implicaba, en los hechos, un desafío a la hegemonía norteamericana.”, afirmaría muchos años más tarde Teodoro Petkoff (El chavismo como problema. Edit. Libros Marcados, Caracas, julio 2010, p. 132), uno de los más prominentes líderes guerrilleros de la década de los años ‘60. Y esto lo tuvieron siempre presente tanto las “Siete Hermanas”, que mantuvieron hasta principios de la década de los ‘70 una hegemonía absoluta en el mercado mundial de los hidrocarburos, como también los países altamente consumidores de crudo.

Desde allí mismo nació una especie de campaña muy bien orquestada para desprestigiar, subestimar e ignorar a la OPEP; sin embargo, esto no fue fácil. No fueron pocos los términos, acusaciones y códigos a los cuales se ha recurrido durante 59 años para descalificar, desprestigiar y acusar a la OPEP de prácticas condenables, ilegales, inmorales y de cuanta distorsión o fenómeno ocurre en la economía mundial. A la OPEP se le ha señalado de ser un oligopolio, y esto si pudiera ser admisible, en tanto que la estrategia de un oligopolio consiste en vender a un precio por encima del punto de equilibrio, en el que el costo y el ingreso marginal se igualan en un mercado de competencia perfecta.

Como ciertamente en esto consiste el poder de un oligopolio, entonces este concepto podría ser aplicable a la OPEP, y la mejor demostración es que el precio petrolero siempre se ha situado por encima del que tendría en un mercado de competencia perfecta; no obstante que la Organización no se haya manifestado como el más eficiente de los oligopolios, entre otras cosas por las imperfecciones del mercado petrolero que van mucho más allá de la inelasticidad de la oferta y de la demanda. Ahora bien, de allí a aceptar que la OPEP es un Cartel, eso es otra cosa. La OPEP no es un Cartel porque simplemente la Organización no define ni determina precios; solo regula parcialmente la producción (pero no la define en forma absoluta) y, por tanto, también la oferta petrolera, pero no llega a fijar ni determinar precios, aunque si coadyuve ligeramente a la tendencia final del mismo, lo cual es otra cosa.

Precios

No obstante, es de recordar que cuando nació la OPEP ésta pasó por innumerables dificultades y hasta se le pronosticó que tendría una corta y frágil existencia. Sólo después de cuatro años las compañías petroleras transnacionales aceptaron sentarse en la mesa de negociaciones con los miembros de la OPEP; y fue solo al transcurrir más de once años cuando se logró el primer aumento de los precios del petróleo (Conferencia de Caracas, 1971). Los precios ya se venían manteniendo casi inalterados durante más de veinte años, cuando estuvieron oscilando alrededor de 2,25 dólares el barril. Se trataba de conformar un ente que en parte regularizara la producción y la oferta petroleras, a efectos de poder defender los precios sobre la base de un nivel justo y estable, y de esta forma contribuir al mantenimiento del equilibrio y la estabilidad del mercado petrolero. Solo de esta manera se podía garantizar que los países asociados recibieran ingresos seguros y estables por su producción petrolera, para poder impulsar óptimamente el desarrollo económico de sus pueblos. Desde luego, que todo ello exigía de la OPEP disciplina, coordinación y unificación de las políticas petroleras de sus países miembros, para así resguardar sus intereses nacionales.

Una vez superadas las peores crisis mundiales del petróleo desde la existencia de la OPEP, como lo fue la Guerra de los Seis Días (jun. 1967); la Guerra del Yom Kippur (oct. 1973), conocida también como el Primer “Shock” Petrolero; la revolución islámica iraní liderada por el Ayatollah Jomeini (1979), llamado el Segundo “Shock” Petrolero y la Guerra Irán-Irak (1980), la Organización comenzó a consolidar su posicionamiento en el mercado petrolero, y desplazó, en buena parte, el rol regulador monopólico del mercado que venían severamente ejerciendo las compañías transnacionales (conocidas también como Las Siete Mayores). Sin embargo, va a ser la Guerra del Yom Kippur, la más intensa y destructiva de todas ellas, y la de consecuencias más trascendentales, la que va a provocar la mayor alza de los precios petroleros, jamás vista -hasta entonces- en la historia del mercado de los hidrocarburos, los cuales alcanzaron un incremento que superó el seiscientos por ciento (600 %), con un precio promedio anual de 13,95 dólares por barril (US$/B).

Hay quienes afirman, con cierta razón, que la OPEP en su objetivo de lograr mejores precios, directamente beneficia a las transnacionales y a los países industrializados, debido a que estos no estarían dispuestos a hacer grandes inversiones en la industria petrolera con precios bajos, además de hacer menos rentable los proyectos de sustitución energética y de petróleo no convencional. Pues todo bien, si de las políticas acertadas de la OPEP en beneficio de sus miembros, también se favorecen las grandes corporaciones petroleras, bienvenido sea. De esta manera la OPEP se convierte en una especie de Organización benefactora tanto para países productores como para países consumidores de petróleo. Lo grave fuera que de tales políticas los beneficios no llegaran a quienes conforman la OPEP. Lo único verdaderamente lamentable de los altos precios, es que debido a ellos, sobre todo en el caso venezolano, nos convencemos que cada año más dependemos del petróleo, cada día más todo tiende a convertirse, a estar dirigido, determinado, condicionado y creado por el petróleo; porque el petróleo se convirtió para nosotros en todo, menos en crecimiento económico permanente, riqueza constante, salud, educación, seguridad y, sobre todo, en desarrollo sustentable.

Regulación de la producción

Pero es ciertamente a partir de la década de los ‘80, caracterizada por un mercado convulsionado sobre todo caracterizado por fluctuaciones en los precios del petróleo, cuando la OPEP va a participar en forma determinante en la conformación de las variables del entorno del mercado petrolero. En efecto, desde 1982 la Organización adoptó como política permanente el regular la producción de crudos que este organismo aporta a la oferta petrolera, a través de la adopción de recortes de producción (después se les llamó “techos” y “cuotas”) que se fijan a todos sus miembros, tomando como parámetros de referencia la cantidad de reservas y la capacidad de producción de cada país. Esta política condujo a profundas dificultades para superar la pérdida de participación de la OPEP en el mercado, la penetración de la producción NO-Opep en los espacios dejados en la oferta petrolera por la Organización y ciertos problemas para enfrentar la merma sustancial del ingreso fiscal. Merma que sería compensada con creces una vez que se recuperaran los precios. Se trata de una política de precios que exige muy circunstancialmente sacrificio fiscal, para luego obtener mayores beneficios en ingresos públicos. Para la OPEP el problema del mercado petrolero no es un problema de producción, es un problema de precios, y como tal debe seguir asumiéndolo.

Sin embargo, debemos de aceptar que, precisamente por la importancia y significación que tiene la OPEP, algunas potencias mundiales como EE.UU. valiéndose de su peso económico globalizado, han ejercido su influencia en algunos de sus miembros para tratar de desviar a la Organización de su cauce originario. Ya es habitual ver al presidente de los EE.UU., Donald Trump, cuando se acercan las reuniones ordinarias (o extraordinarias) de la OPEP, dar declaraciones sobre lo que debe, o no, hacer la OPEP referente a los niveles de producción de crudos, y también achacarle a la Organización el que el mercado petrolero este o no abastecido y ser la culpable de los altos precios del petróleo; pero igualmente no dice nada a sobre su consumo energético desmesurado, sus altos niveles de inventarios y su descomunal producción (ya histórica) de lutitas (“esquistos”) en yacimientos tales como Permian, Eagle Ford, Cana Woodford y Williston, solo por citar cuatro (4) de las siete (7) principales cuencas prolíficas de los EE.UU.

A 59 años de fundada la OPEP, su vigencia, potencialidad e importancia vienen dadas debido a que posee una producción petrolera real de 30,1 mmb/d (30% de la producción mundial), capacidad de producción de 36,2 millones de b/d, por lo que su capacidad ociosa de producción es de 6.1 mmb/d, 61% de las exportaciones totales de petróleo y sus reservas probadas son el 84% de las mundiales. Todo esto le asigna un papel primordial en el mercado, no solo en defensa de los intereses nacionales de sus países miembros, sino también como cierta “garantía”, a través del control parcial de la producción, para tratar de equilibrar y llevar cierta estabilidad en un mercado tan inestable, volátil e impredecible, como lo es el mercado de los hidrocarburos.

Ya para finalizar, ratificamos una vez màs, que no queremos la PDVSA actual, la PDVSA de deshonesta, malversadora, derrochadora, la de pagos de coimas, la del maletín de Antony Wilson, la de Rafael Ramírez y Diego Uzcateguì, pero tampoco queremos la PDVSA anterior, la de Luis Giusti y Erwin Arrieta, la de los Petro-Espias y la que no rendía cuentas a la nación, la que desviaba ganancias mediante Informes falsos para no entregarle dividendos al Estado-Propietario, la de la “caja negra”, y la que le hacía trampas a la OPEP modificando cifras y maquilando estadísticas, para violar las cuotas o techos de producción. Queremos una TERCERA PDVSA eficiente, transparente, eficaz, honesta, no tramposa, que no adultere cifras, estadísticas, ni Informes; y cuyos Directores hagan público su Declaración Patrimonial, antes y después de asumir el cargo. Una PDVSA hecha para coadyuvar, de verdad, a la reconstrucción del país, la patria, la nación venezolana.

 


Economista Petrolero | Prof. Pre/Postgrado de la UCV | Jefe de la Cátedra Petrolera EEI/FaCES(/UCV

 

Te puede interesar

Loading...
Compartir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Traducción »