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Luis Fuenmayor Toro: Historia de fracasos y perversiones

 

Dieciocho años de fracasos políticos, uno tras otro, no han sido suficientes para que la dirigencia opositora, que embarcó al país en los mismos, analice y autocríticamente reconozca sus graves errores y se disculpe ante una parte importante de la población que la siguió en forma fanatizada. Nada de eso se ha hecho, se ha insistido en seguir cometiendo los mismos errores, adoptando una conducta idéntica a la que se le critica agriamente al gobierno chavecista: la negativa a aceptar sus responsabilidades. Sus acciones inmediatistas y violentas han reforzado la fortaleza del adversario político: los gobiernos de Chávez y de Maduro. Estos dirigentes opositores no se sienten responsables de sus fracasos; siempre son otros los culpables.

El frustrado llamado a una huelga general en 2001, a muy poco tiempo de la elección de Chávez, quien no había tenido tiempo de actuar y errar. Nadie se hizo responsable de aquel fracaso. El golpe de Estado de abril de 2002, en el que además se mostraron tal cual eran: autoritarios y represivos, asesinos de gente inocente que manifestaba en las calles, violadores de la Constitución aprobada en referendo popular, desconocedores del derecho internacional y sobre todo cobardes, muy pero muy cobardes. De Miraflores salieron en carrera, atropelladamente, a esconderse luego de haber destituido con saña a todos los cargos de elección popular que se les ocurrió, pero no antes de garantizar la fuga de los francotiradores de la Avenida Baralt.

Sin detenerse a pensar, instrumentaron de inmediato un “lock out” petrolero, el sabotaje a la industria y una nueva huelga general, para también fracasar y permitirle a Hugo Chávez el control total de PDVSA, de igual forma que ya lo había hecho con la Fuerza Armada Nacional luego del golpe. Pero nada de esto fue analizado ni informado a quienes los siguieron en estas aventuras violentas y destructivas. No hubo responsables de estos desaguisados. Más adelante, con una mesa de diálogo logran un nuevo Consejo Nacional Electoral y la realización del referendo revocatorio presidencial, el cual pierden sin que haya fraude ninguno. Entonces, “sabiamente” deciden llamar a la abstención en las legislativas de 2005, entregando al gobierno el control total de la Asamblea Nacional (AN) por cinco años.

Más adelante viene la “arrechera” de Capriles, las guarimbas de 2014 y años posteriores, hechos violentos fracasados que dejaron muertes, heridos y detenidos, sin que ninguno de sus organizadores y financistas asumiera alguna responsabilidad. Coronan sus esfuerzos, luego de “la salida”, el “abandono del cargo” y la “destitución de quien había “abandonado” el cargo, con acciones dirigidas por EEUU para el desconocimiento de Maduro y la designación de Juan Guaidó como Presidente Encargado de la República, quien, desafiando la división de poderes, es también Presidente de la AN. Luego se centran en impulsar un golpe de Estado, la aplicación de sanciones económicas contra el país, que lesionan aún más los efectos de la crisis, y la intervención militar extranjera. ¡Muy patrióticos!

Para colmo, dan un golpe de Estado en un distribuidor vial generando vergüenza ajena, pues la de ellos es inexistente, como lo demuestra la prevaricación en la designación por Guaidó de un abogado de la empresa Crystallex, la demandante de CITGO, como Procurador especial para defenderla de esa demanda. ¡Insólito! Después vienen las fotos de Guaidó con los jefes de la banda de asesinos sanguinarios, contrabandistas y narcotraficantes de Los Rastrojos. Fotos hechas hace un año, pero que los cuerpos de seguridad gringos hoy entregan o autorizan entregar a la prensa colombiana. Hay que preguntarse: ¿Por qué? Y no hablemos del dinero robado de la ayuda humanitaria, ni del utilizado en farras y prostitutas acompañadas de muertes trágicas.

¿Quiénes son entonces los verdaderos colaboracionistas del gobierno de Maduro? ¿Quiénes los traidores corruptos? Las aventuras y fracasos de esta dirigencia opositora son para despacharla a sus casas y no permitir que siga actuando impunemente. Dejen el espacio para otros, que en menos tiempo y con menos costos humanos ya tienen resultados positivos conocidos.

 

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