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Enrique Meléndez: A medio vivir

 

Se vive en una continua zozobra. No se sabe a qué hora van a cortar la electricidad; el hecho es que las cosas se hacen con una gran agitación. Hay que apurarse, porque de un momento a otro el mundo se apaga, y entonces el trabajo, que se estaba haciendo, queda interrumpido, y no se continúa sino el día siguiente o unas cinco horas después, si es que han hecho el corte  en la mañana; tanto más que no se ofrece ningún anuncio oficial, al respecto; porque, por lo demás, no hay una regularidad, en ese sentido. Si hoy lo hacen en la tarde, no significa que mañana suceda a la misma hora, y entonces la gente se vuelve adivinadora:

-Lo más probable es que la luz se va a ir en la noche, porque lleva dos días yéndose en la mañana.

Es como si le pisaran a uno los talones, y entonces comienza a desesperarse: ¿terminaste? Hay trabajos, incluso, con todo lo que tiene que ver con reparación de celulares, computadoras, en especial, con el mundo de la electrónica, que si se han interrumpido, al retomarlos, hay que comenzarlos de nuevo, y que se pueden llevar más de un mediodía, y aquí es donde más entra la agitación; pues si el corte eléctrico se ha efectuado en horas del día de hoy y mañana sucede lo mismo, entonces se está expuesto a que la reparación se lleve uno o dos días o, cuando no una semana; lo que significa que estamos ante un país paralizado, y que es lo que explica el hecho de que el venezolano termine liquidándolo todo, y se marche al extranjero: estamos hablando que son unos cinco millones de compatriotas los que han salido por nuestras fronteras.

Pues si el objeto a reparar forma parte de los instrumentos de trabajo de la persona; significa entonces que queda expuesta a que su actividad laboral se paralice, y deje de producir ingresos, no sólo la susodicha, sino también el técnico, al que ha acudido. No sin razón se reportan tasas de decrecimiento económico de más de veinte por ciento al año. Según las cifras de organismos como Conindustria, de más de doce mil industrias, que estaban en plena producción para el año 1999, hoy apenas se mantienen en pie unas dos mil; pues a una política económica, que se basa en la persecución y el hostigamiento a los empresarios; un gobierno que no garantiza ni seguridad jurídica ni seguridad económica, se le ha venido a agregar la crisis del sistema eléctrico nacional; cercenando por completo el bienestar social.

Porque esa no es vida, estar en la cola de un banco, a la espera de que te den el efectivo, que la entidad ha decidido otorgarte; en virtud de que no está en condiciones de liquidar, lo que tú estás solicitando, y entonces resulta que de pronto se produce uno de los cortes en la zona, y así que ha sido una espera inútil. ¿No estamos también a ese respecto ante un país paralizado? Además, ¿cuántas operaciones de tipo financiero se dejan de hacer, bien porque no se pudo obtener el efectivo, y así hacer la compra, que se tenía pendiente, o bien por lo que llaman transferencia electrónica?

No hay que pasar por alto que, cuando se produce el corte; eso implica, asimismo,  muerte del servicio de internet y de una gran parte de la telefonía móvil, además de los puntos de venta; por lo que el comercio, a ese respecto, se paraliza por completo, y si se está en una cola, para el pago de una compra, entonces viene la frustración. ¿No es esto también una gran pérdida de tiempo, con incidencia en la producción del país? ¿Cuántas horas de actividad económica se desperdician, por esta vía? Son detalles que se le escapan al señor que nos gobierna, y él que cree que con poesía lo resuelve todo. Así el venezolano vive de frustración en frustración, para terminar de amargarse más el espíritu. Porque no es muy grato llegar a la casa con las manos vacías, sin haber podido comprar las vituallas, para hacer la cena, y acostarse sin probar un bocado; tanto más, si se tienen muchachos pequeños, y éstos no entienden la situación, y comienzan a llorar por hambre. Diosdado Cabello dice que el éxodo de casi cinco millones de venezolanos, no es sino parte de la guerra mediática, propiciada por el imperialismo yanqui contra el modelo de socialismo, que ellos están desarrollando en este país, el hecho es que a nuestro compatriota le resulta menos infeliz trabajar en condición de esclavo fuera de nuestras fronteras, que vivir en estas condiciones.

La idea que tiene esta gente de Venezuela es que se trata de un país rural, a imagen y semejanza de Cuba; habiendo llegado a esta situación, precisamente, por la voracidad de Fidel Castro, y el que, según la denuncia, estafó a Hugo Chávez con unas plantas eléctricas, que habían ya cumplido su ciclo de vida, sólo que las maquilló, para podérselas meter; por lo que, al final, vinieron a quedar arrumadas en unos galpones de una entidad oficial en el estado Guárico o eso es lo que ha trascendido; habiendo sucedido lo mismo con los bolichicos del grupo Derwich, que, asimismo, amasaron una gruesa fortuna, vendiéndole a nuestro Estado unas plantas inservibles.

El caso de la represa de Tocoma del bajo Caroní, como dicen los ingenieros eléctricos, que iba a formar parte del Sistema Interconectado de El Guri, es para sentarse a llorar, porque, no sólo es que le otorgan 600 millones de dólares; una gran parte de los cuales se fueron por los caminos verdes de la corrupción; sino, además, porque presenta errores de construcción; de modo que el muro de concreto, que se levantó amerita demolerlo y, en ese sentido, reconstruirlo; de modo que esa sería otra de las fallas de la ineficiencia, que presenta el servicio eléctrico nacional, y esto sin ahondar en el caso de las plantas termoeléctricas; que se han vuelto disfuncionales o están paralizadas por falta de mantenimiento; cuando no, atendidas por un personal, que no tiene la experticia para tal oficio; mientras el antiguo personal ha formado parte del éxodo.

melendezo.enrique@gmail.com

 

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