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Aurelio F. Concheso: Venezuela y su inserción en la nueva geopolítica energética

 

Con los países devastados por la destrucción de la Segunda Guerra Mundial, Venezuela tiene la oportunidad de reinsertarse en la nueva dinámica energética mundial, sin el lastre de un parque industrial que obedece a paradigmas del pasado, hoy por hoy obsoletos. Es triste que esa oportunidad se produzca por la destrucción de la Industria Petrolera Nacional (IPN), llevada a cabo por el Socialismo del Siglo XXI, pero más específicamente por el increíble e inepto manejo del recurso del último quinquenio.

Para entender los cambios, se impone un breve paneo del último siglo: La expansión de la era del petróleo desde inicios del siglo XX, estuvo liderada por las grandes empresas particulares que se volvieron transnacionales y se conocieron como “Las Siete Hermanas”. Sus incentivos eran netamente comerciales y se centraban en controlar o, preferiblemente, poseer reservas que garantizarían sus cadenas de producción integradas del pozo hasta el surtidor. Finalizada la Segunda Guerra Mundial, los principales países productores del tercer mundo ejercieron soberanía sobre la disposición del recurso, sustituyendo el cartel de las Siete Hermanas por la OPEP, un nuevo cartel -en este caso de países productores- que controlaba alrededor del 60% del recurso mundial.

El zenit del poder de la OPEP se produce en los años 70, cuando ésta flexiona su músculo con el embargo petrolero, a raíz de la Guerra de Yon Kipur, y de la reducción a su mínimo histórico de la producción de Estados Unidos, el mayor consumidor de petróleo del mundo. Esta combinación de factores convirtió al mundo desarrollado en rehenes de lo que sucedía en la política del medio Oriente, y en los objetivos múltiples de “petroestados”, muchos de los cuales eran regímenes dictatoriales o totalitarios.

A partir de ese momento, el mundo, preocupado también por la manera como la contaminación afectaría el calentamiento global, comienza a buscar alternativas a los combustibles fósiles, y la primera víctima de ese nuevo paradigma es la industria carbonífera, la más contaminante de todas.

Entre tanto, los nuevos altos precios, determinados en función de las necesidades presupuestarias de los “petroestados” y no del valor comercial de extracción del recurso, estimulan nuevas técnicas de exploración, pero también de extracción. Se trata del impulso acicateado por la amenaza de “petróleo pico”, pero también del momento cuando se habría extraído la mitad de todo el recurso que hay en la Tierra. Y surgen las energías renovables alternativas, estimuladas por legislaciones que aspiran a aumentar su competitividad con el recurso térmico.

¿Y qué sucede?: Todo nos ha llevado a la situación presente: la OPEP controla sólo un 30% de la producción; EEUU es el mayor productor de petróleo del mundo e importante exportador de gas natural en competencia con el Golfo Persa; “Petróleo Pico” y ha sido sustituido por “Demanda Pico” como preocupación; y los renovables tienen un puesto en la mesa por derecho propio.

Venezuela tiene una oportunidad dorada en esta nueva ecuación. Solamente su recurso renovable hídrico tiene un potencial que triplica el actual grado de explotación. Equivale a más abundante luz solar. Pero lo más importante: tiene cómo apalancar su ventaja de hidrocarburos en una vasta integración del Hemisferio Occidental que lo blinde de los chantajes y de las luchas fratricidas de otros continentes. Eso sí, hacerlo requiere despojarse de paradigmas del pasado, y visualizar al sector como un negocio comercial que puede apalancar el tránsito del país al primer mundo.

Definitivamente, no es febril pensar en una capacidad de producción sumada de petróleo y gas que llegue a los 5 millones de barriles de petróleo, y equivalente en una integración con las cadenas productivas de nuestros vecinos, incluyendo los del Norte.

Por mucho tiempo,  la tesis de que “el petróleo es nuestro”, ha obnubilado nuestro pensamiento. Más bien, deberíamos  pensar en que lo que queremos, es que “El petróleo (y el gas, y los renovables) sea de ellos”, los consumidores.  Pero eso sí: al mejor precio que se pueda esperar de un mercado industrial y realísticamente competitivo.

 

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