Inicio > El pizarrón de Fran > El pizarrón Opinión > Nelly Arenas: El chavismo y las universidades. Recordando a Perón

Nelly Arenas: El chavismo y las universidades. Recordando a Perón

 

Respondiendo a su vocación totalitaria,  desde su primera hora en el poder Hugo Chávez intentó convertir las instituciones universitarias venezolanas en brazos ejecutores de su proyecto personal.  Efectivamente, una vez alcanzada la presidencia de la república, el máximo jefe del movimiento bolivariano se las arregló para intervenir las máximas casas de estudio del país con el pretexto de colocarlas al servicio del pueblo y a tono con los requerimientos revolucionarios. En marzo de 2001 un grupo de estudiantes afectos al presidente, miembros del Movimiento 28 (M28),  asaltó violentamente el edificio rectoral de la Universidad Central de Venezuela, mientras sesionaba el Consejo Universitario. El movimiento exigía la democratización de la universidad expresada en participación igualitaria de estudiantes, trabajadores y cuerpos colegiados en la toma de decisiones de la institución. Treinta y seis días permanecieron los tomistas en posesión de las instalaciones rectorales. Pero la Universidad reaccionó con todo vigor. Cada uno de esos treinta y seis largos días, centenas de estudiantes y profesores se apostaron en la plaza del rectorado resueltos a recuperar el recinto. En una lucha cuerpo a cuerpo con los tomistas, estudiantes y profesores todos a una, lograron el  desalojo de la sede. La universidad había vencido y el gobierno se dio por notificado de que la comunidad académica no se dejaría arrebatar su máxima casa de estudios sin ofrecer valiente resistencia.

El chavismo, no obstante, no se dio por derrotado. Y, de nuevo coherente con la ruta autoritaria que se había trazado, anunció al país en 2009 una  Ley de Educación que contrariaba a la Ley de Universidades vigente. La nueva legislación estipulaba que todos los miembros de la comunidad, sin excepción, debían ser partícipes mediante el voto de las decisiones universitarias. Profesores, estudiantes, egresados, obreros, empleados administrativos, tendrían derecho por igual, y con el mismo peso, al sufragio. La Ley de Universidades vigente contemplaba que los reglamentos electorales debían ser diseñados y normados por cada consejo universitario, con plena soberanía. De manera que las disposiciones fabricadas por la oficialidad constituían una grosera intromisión en los asuntos de la universidad y propinaban  un duro golpe a la autonomía universitaria.

El recurso igualitarista, falsamente democrático, hacía recordar otras intervenciones populistas en el campo universitario en América Latina. Tal como la de  Juan Domingo Perón en la Argentina de los tempranos años de su gobierno cuando éste se empeñó en hacer coincidir su doctrina justicialista con el ejercicio de la academia. “La Universidad ha demostrado su absoluta separación del pueblo y el más completo desconocimiento de sus necesidades y aspiraciones”. Con estas palabras justificaría Perón la injerencia.  Sin embargo, a pesar de todo el poder que el líder populista logró concentrar entre 1943 y 1951, le costó muchísimo avasallar la Universidad de Buenos Aires. Esta institución fue el baluarte fundamental de resistencia al régimen militar clerical que se impuso posterior al golpe de Estado de 1943, como señala Hugo Gambini, en su Historia del peronismo. Los estudiantes universitarios no tuvieron  dudas de que quienes se hicieron del poder con la asonada eran los hombres de armas, el catolicismo recalcitrante y una ideología muy próxima al nazismo. Los estudiantes, señala Gambini, estaban dispuestos a desafiar dos de las consignas peronistas: Haga patria, mate a un estudiante y Alpargatas sí, libros no.

Alcanzada la presidencia en febrero de 1946, Perón decidió vencer la renuencia universitaria  interviniendo las distintas casas de estudio, seis en total, por mano del general Farrell. La intervención   se mantuvo por un mes (del 4 de mayo al 5 de junio de 1946). Una serie de renuncias, así como una ola de cesantías elevó a 1.250 el número de profesores extrañados de la universidad. 70% de los docentes fueron desplazados de sus cargos y sustituidos por docentes con credenciales peronistas.  A esa purga le siguió una treta destinada a impedir la representación estudiantil. Esta fue la Ley Universitaria 13.031 de octubre de 1947, mediante la cual la representación del alumnado se redujo a un delegado sin voto, elegido por sorteo entre los estudiantes más calificados. Se complementaba la medida con la designación de los rectores por el ministro correspondiente. Perón se dio así el gusto  de asestar un porrazo decisivo a la autonomía universitaria. En adelante y por mucho tiempo, la Universidad marchó acoyundada al interés político de la doctrina justicialista. La sujeción de la enseñanza universitaria al proyecto de Perón, hacía parte de un cometido superior: la peronización de la sociedad.

En Argentina esto ocurrió en pleno ascenso del populismo peronista. En Venezuela las universidades han resistido durante dos décadas y colonizarlas del mismo modo que lo hizo el líder sureño no le ha sido posible al chavismo. Ni siquiera a Chávez en plena popularidad y ejercicio de su legitimidad. Maduro intenta ahora imponer la celebración de elecciones con votación igualitaria desengavetando la Ley Orgánica de Educación. Para ello se apoya en el Tribunal Supremo de Justicia, organismo que acaba de ordenar la celebración de elecciones conforme a la arbitraria Ley. Tendrán el mismo derecho a voto profesores, estudiantes, egresados, empleados y obreros.  Confía Nicolás Maduro en que controlando el claustro universitario a su antojo, logrará lo que nunca ha podido el chavismo: contar con autoridades obsecuentes al régimen. Aprovecha las debilidades de la oposición en este momento así como las tensiones entre factores de poder intrauniversitario. Pero Maduro no es Chávez y mucho menos Perón. Un líder es populista solo cuando cuenta con amplio respaldo de las masas. De modo que su populismo no pasa de la retórica heredada de su progenitor político. Así se valga de una maniobra burda como ésta, las universidades autónomas seguirán resistiendo caer en las garras del chavismo. La dictadura no tiene espacio en la UCV ni en ninguna otra universidad nacional.

 

Te puede interesar
Loading...

Compartir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Traducción »