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Julio Escalona: Lo que está en juego

 

Un planeta manejado por el individualismo, el egocentrismo, una guerra y un caos generalizado, nos puede conducir a la destrucción de la humanidad y en un mismo proceso, a la destrucción de la naturaleza. La guerra, el fascismo, el maltusianismo… son tendencias destructivas que expresan al capital hoy y sólo una revolución puede torcer ese camino hacia la muerte. Sólo si las corrientes avanzadas de la humanidad se van uniendo y construyendo otra sociedad, otras relaciones sociales y otra relación con la naturaleza.

La pobreza de la humanidad y de la naturaleza son tendencias que se vienen instalando, convirtiendo a ambas en chatarra. Los muy modestos acuerdos sobre el clima que se lograron en París en 2015, van siendo dejados de lado. El incendio de la Amazonía muestra el camino que el capital ha tomado para superar la caída de la tasa de ganancias y recuperar la hegemonía mundial. No es posible pensar un futuro diferente sin una revolución cultural y espiritual, que supere el apego a lo material que determina que lo importante sea el tener, no el ser.

El poder mundial se ha ido conformando mediante fuerzas retrógradas: el capital financiero, el aparato militar, la locomotora que arrastra a la economía de EEUU y el poder de los cárteles de la droga, que permitió la superación de la crisis financiera de 2008, al suministrar masivamente capitales provenientes del tráfico de drogas. Un poder eminentemente reaccionario, guerrerista y delincuencial, que va creando otro multilateralismo centrado en la Otan y pactos militares.

El 11-09 de 2001 ese poder mundial, con la CIA, el Mossad israelí y la corte de Arabia Saudita, planeó el derrumbe del World Trade Center de Nueva York, base de un golpe de Estado contra la humanidad, que de hecho anuló la Carta de las Naciones Unidas, la legalidad internacional, la Declaración de Derechos Humanos, la democracia y la paz mundial, sometiéndolos a la jurisdicción de las leyes de Estados Unidos, como la Ley Patriota. Se legalizó la tortura, las detenciones sin orden judicial, la incomunicación, la prisión indefinida.

Es el triunfo del totalitarismo. Con Trump ha llegado a los extremos más perversos. No hay otra opción que la unidad en una alianza antifascista internacional en defensa de la soberanía, la paz, la democracia, los derechos humanos y de la naturaleza.

 

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