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José Lombardi: Complicidades

 

Las crisis son duras, difíciles y en algunos casos bastante complicadas, lo que algunos llaman “problemas”, sin embargo, el papa Francisco nos recuerda que sin ellas no hay esperanza, nadie sin excepción está eximido de tenerlas, simplemente forman parte de nuestra condición humana, lo que sí es posible es enfrentarlas en el buen sentido de la palabra

Las crisis son duras, difíciles y en algunos casos bastante complicadas, lo que algunos llaman “problemas”, sin embargo, el papa Francisco nos recuerda que sin ellas no hay esperanza, nadie sin excepción está eximido de tenerlas, simplemente forman parte de nuestra condición humana, lo que sí es posible es enfrentarlas en el buen sentido de la palabra, que no es otra cosa que tomar las decisiones acertadas y a tiempo que permitan salir airosos y fortalecidos de ella, al final las crisis están allí para ponernos a prueba, la vida es una constante lucha versus la adversidad, adversidades estas que normalmente generamos nosotros mismos.

Me ha inquietado siempre la conducta humana, he tratado en los últimos años a través de la observación, experiencia y estudio entenderla, a pesar de nuestra marcada diferencia con los animales en relación a nuestra capacidad de razonar, observo con preocupación cómo a veces nuestra conducta se asemeja a la de estos, en miles de oportunidades me he preguntado qué es el sentido común, y la única respuesta que consigo es la acción individual de lo que cada quien cree es sensato, de tal manera que el sentido común no es igual para nadie, solo las reglas e imposiciones forzadas tienen un sentido colectivo, pero estas a su vez también son manipuladas, violentadas y en muchos casos erradas.

Como seres sociales estamos diseñados para vivir el uno para el otro, evidentemente es claro que esta sociabilidad nos obliga a entregarnos a un todo, sin embargo irracionalmente predomina nuestro interés particular que mezclado con otros intereses semejantes terminan convirtiéndose en complicidades egoístas grupales, que son capaces de destruir lo que les pongan por delante, la concepción de un todo superior no existe y solo aquellas sociedades que lo han entendido y medianamente practicado han disfrutado los beneficios del bienestar colectivo pero limitado únicamente a sus fronteras, después de esta lo que hay son muros y aprovechamiento del más débil.

El dinero es el gran aglutinador de voluntades, es la fuerza que une los intereses egoístas y construye las redes de complicidades, dando como resultado un silencio complaciente que solo sirve para alimentar un egoísmo colectivo que resuelve una parte del problema, pero nunca el problema general. Venezuela es un ejemplo vivo de la conducta humana, un cuerpo social que no ha sido capaz de desprenderse de sus egoísmos grupales, lo que conocemos como la “viveza criolla”, el afán insaciable de pequeños grupos para hacerse con todas las riquezas de la nación, el aprovechamiento constante de lo público para satisfacer lo privado, expertos hablan de más de 350 mil millones de dólares en cuentas bancarias de venezolanos en el exterior, cifra que serviría para sacar de la pobreza a todos los venezolanos e incluirla en la senda del desarrollo.

Las crisis son para asumirlas con valentía y honestidad, dejando a un lado el interés particular y entendiendo que la solución está basada en la inclusión y el compromiso de todos los que están inmersos en ella, deslastrar la complicidad silente es un reto, así como aceptar con valentía las acciones que se han de tomar, sin tener miedo a los cambios que estos seguramente producirán, finalmente aceptar con humildad la presencia omnipotente de Dios y la semejanza igualitaria que tenemos todos los seres humanos. Todos somos iguales ante Dios. Todos somos iguales ante la ley.

@lombardijose

 

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