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Rafael Simón Jiménez: Defender la universidad, derrotar al gobierno

 

La Universidad ha sido el gran enemigo histórico de los sátrapas, dictadores y autoritarios de todo pelaje, que identifican a la ciencia, al talento y el conocimientos como adversarios irreconciliables de sus despropósitos. En el caso Venezolano desde Guzmán Blanco, Crespo, Castro, Gómez, Pérez Jiménez, hasta el régimen brutal que hoy martiriza a  la Republica, han colocado a las casas de Educación Superior, como objetivos a controlar o liquidar, no ahorrando para ello ningún tipo de métodos desde los seudo jurídicos hasta los abiertamente represivos.

Desde la llegada  de Hugo Chávez al poder en 1.998, su deliberado propósito de destruir todos los contrapesos políticos, sociales e institucionales, para encementar su demencial ambición de hegemonía y poder a tiempo indeterminado, lo llevo a trazar  e implementar distintas iniciativas para colonizar las universidades Venezolanas y colocarlas al servicio de sus perversos objetivos.

La primera etapa  de ese plan, contemplaba la conquista de los gobiernos Universitarios, utilizando las reglas democráticas pre establecidas, es decir buscando el control de los sectores profesorales y estudiantiles mediante una mayoría que luego permitiera acceder a los cargos directivos. Esa experiencia les resulto amarga y frustrante, pues ni siquiera cuando el resto del país sucumbió embelesado ante las promesas regeneradoras y patibularias del verborreico militar, docentes y jóvenes percibiendo quizás el tufo totalitario de sus proclamas, jamás se sumaron en proporciones importantes a su convocatoria, por lo que el Chavismo que fue en esos tiempos absolutamente mayoritario en la población venezolana, no paso de ser una fuerza irrelevante en los claustros universitarios.

La derrota vergonzosa de Nelson Merentes, antiguo profesor de la UCV, en sus pretensiones rectorales, junto a otras iguales en las demás universidades autónomas, persuadió al oficialismo de la inutilidad de su empeño por vías democráticas. A partir de allí se abrió la etapa de intimidación y agresión directa, de promoción de la violencia y la represión dentro y fuera de los recintos universitarios, cuyos hitos más significativos fueron el asalto de La hoy difunta Lina Ron a la UCV, o la tumultuaria y fallida proclamación del profesor  Blanco Muñoz como Rector de hecho de la casa que vence las sombras.

Fallida la vía de la competencia legitima, y neutralizada por el coraje y la decisión de los sectores de trabajadores, docentes y estudiantes, la intensión de conquista por la violencia, el régimen reformulo su estrategia diseñando un plan de hostigamiento, cerco económico y jurídico, que  siempre acompaño de la represión selectiva contra líderes del sector, e indiscriminada a la hora de actuar con violencia frente a protestas y manifestaciones pacificas, es lo que pudiera caracterizarse como una situación de ataque crónico, de baja y alta intensidad y de utilización de diversos métodos según las coyunturas y circunstancias.

La reciente  sentencia de la Sala Constitucional del TSJ 0324 -19, no constituye más que la prolongación de ese plan de castigo y hostigamiento, que sin pudor de ningún tipo, el gobierno ha implementado durante veinte años contra las universidades Nacionales y particularmente contra la UCV, con el propósito de doblegarlas o apoderarse manu militari de su conducción, con violación flagrante de la autonomía universitaria, consagrada constitucionalmente y de todo el ordenamiento jurídico que la desarrolla.

Ahora bien la arbitraria y anti-jurídica sentencia, constituye un desafió a la inteligencia, el talento y el coraje cívico y universitario de estudiantes, profesores, trabajadores y egresados. Es claro que el objetivo del régimen es propiciar  el desconocimiento del cuestionado fallo, por parte de la comunidad ucevista, para intervenir y destituir a sus autoridades, Y al mejor estilo de Pinochet en Chile, designar chafarotes uniformados que la  transmuten en un cuartel.  Es necesario entonces propiciar un amplio y participativo debate en la comunidad universitaria sobre la estrategia que conduzca a frustrar los planes del Régimen e infringirle una categórica derrota, que  los persuada de la inutilidad de su empeño de apoderarse de la universidad nacional autónoma y democrática.

Denunciar el atropello implícito en la sentencia, agotar todos los recursos jurídicos, convocar una amplia movilización contra los planes del gobierno,  pero a la par impedir por todos los medios que el régimen consume su despropósito apoderándose por la fuerza de los gobiernos universitarios pareciera ser lo adecuado. Más allá del desafuero que implica la imposición de un nuevo método de elección de las autoridades universitarias, a todas luces ilegal y absurdo, hay que valorar con sentido práctico la realidad que se constataría con su aplicación, y que no sería otra que una derrota contundente del gobierno en la totalidad de los cinco sectores en que pretende segmentarse  el electorado, lo cual constituiría una victoria de la universidad y una derrota de la brutalidad y la barbarie.

Derrotar al gobierno con sus propias armas y en su propio terreno, demostrando la  condición de ínfima minoría, que hoy tienen en la universidad y en El País, preservaría a nuestras casas de estudios como centros de civilidad, talento y conocimiento, y serviría para insuflar al conjunto de los venezolanos el ánimo, la convicción y certeza de que la participación y la lucha  democrática es el mejor camino para la derrota del autoritarismo.

Defender la UCV, Preservar las universidades y derrotar al gobierno en todos los escenarios, deben resumir la voluntad de lucha, siempre  presente en la comunidad ucevista.

 

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