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Alfredo Monsalve López: La mentira como excusa

 

A ver. Tal vez en esta etapa de mi vida, ya jubilado del sistema educacional, no capto lo que se ve, lo que se vive, lo que experimentamos a lo largo y ancho de la Venezuela del siglo XXI. O quizás mis tímpanos solo procesan información que de pronto se ha convertido en una cultura mediática, proselitista y que “atrapa” a propios y extraños. “Ver para creer…”, argumentaba Santo Tomás. Pero esta máxima no hace mella en los que tienen el timón, aún desviado, para darle a cada ciudadano lo que por ley le corresponde. Y en esa onda estamos. Ni siquiera viendo los avatares de lo que nos sucede, en todos los estratos sociales, se puede contra las falacias de quienes tienen el poder en una nación. Nadie se escapa de la vorágine social, política y económica que nos ha llevado al profundo foso de la miseria. Duélale a quien le duela. Pero allí están los testimonios. El berrinche es generalizado de este lado de la historia patria. Porque del “otro lado” (los que están en la cúpula del poder), la vida es espléndida, ostentosa. Los que creen que la mentira no los identifica, pero les quita la careta endeble y fofa. En el “otro lado”se encuentran los hombres y mujeres sumergidos en una burbuja insolente que recorre los estamentos de los poderosos.

De este lado, oscuro y tenebroso, al parecer para los jerarcas todo marcha bien. Sin problemas. Cada vez que hay declaraciones de mandatarios regionales, municipales y locales, afectos al “proceso”, el verbo es el mismo: “todos los ciudadanos que se encuentran dentro del país, caminan por el sendero de la felicidad”. “Estamos en busca de una verdadera Venezuela potencia”. Eso dicen. Además, para el colmo de los colmos, señalan que nuestra nación tiene “una fábrica de fábricas”. Afirmación que se cae por su propio peso cuando observamos centenares de protestas que ocurren a lo largo y ancho del país. Afectos y no afectos al “proceso”. Es decir, incoherencia plena. Hoy, el mundo conoce de Venezuela precisamente porque el desastre en todas las áreas sociales es colosal. El progreso no es tal. Allí están los testimonios. Un solo ejemplo que hierve el torrente sanguíneo de cualquier ser humano: venezolanos (de ambos sexos) vendiendo su cabello en la frontera con Colombia para hacerse de algún dinerillo y sortear su miseria. Obviamente que los del “otro lado” (los de la cúpula) no pueden ir a caminar, por ejemplo, por el puente Simón Bolívar, entre Cúcuta y San Antonio del Táchira. Sin embargo, saben de la desgracia que allí se impone. Conocen de la mendicidad a granel, o de la huida de millares de compatriotas en busca de una verdadera felicidad para sus hijos o nietos, que, en definitiva, por ellos luchamos.

“Lo peor de mentir es enseñar a mentir” (Eduardo Galeano, ideólogo del “proceso”). Se promociona la mentira en el tiempo y en el espacio. Pero para satisfacción de la mayoría, aceptamos lo que pregonaba Nietzsche: “Lo que me preocupa no es que hayas mentido, sino que de ahora en adelante ya no podré creer en ti”. En política, esta cita se esfuma. La gente sigue creyendo en el engaño.Y lo peor que nos puede pasar, como mentaba Mujica (según Savater), “…partimos de la mentira porque estamos instalados en la mentira”. Una cultura pues. Lástima. Lean esta perla: “Cuando una persona ganadora comete un error, dice: ´me equivoqué´y trata de enmendarlo; mientras, la persona perdedora comete un error y dice: ´no fue mi culpa´y se la echa a otro”. Saquen sus propias conclusiones. Mentiras como excusa. Pero los testimonios están allí. Se abre el debate pues.

alfredo.monsalve10@hotm,ail.com

@monsalvel

 

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