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Pedro R. García: El diálogo en el país como necesidad…

 

En el diálogo El Menón, Sócrates demuestra que también un joven esclavo sin instrucción ninguna, puede yegar por sus propias deducciones a avanzar en el campo de la geometría. La razón no exige nada especial para funcionar, ni fe ni preparación espiritual, ni pureza de alma o de sentimientos, ni pertenecer a un determinado linaje o a determinada etnia: solo pide ser usada. Si no queremos que sean los dioses o ciertos hombres privilegiados los que usurpen la autoridad social (es decir, quienes decidan cuál es la verdad que conviene a la comunidad) no queda otra alternativa que someternos a la autoridad de la razón como vía hacia la verdad.  Pero la razón no está situada como un árbitro semidivino por encima de nosotros para zanjar nuestras disputas sino que funciona dentro de nosotros y entre nosotros.  No sólo tenemos que ser capaces de ejercer la razón en nuestras argumentaciones sino también y esto es muy importante y quizá aún más difícil debemos desarrollar la capacidad de ser convencidos por las mejores razones vengan de quien vengan.  No acata la autoridad democrática de la razón quien solo sabe manejarla a favor de sus tesis pero considera humillante ser persuadido por razones opuestas.  No basta con ser racional, es decir aplicar argumentos racionales a cosas o hechos.  Sino resulta no menos imprescindible ser razonable, o sea acoger en nuestros razonamientos el peso argumental de otras subjetividades que también se expresan racionalmente. Desde la perspectiva racionalista, la verdad buscada es siempre resultado, no punto de partida: y esa búsqueda incluye la conversación entre iguales, la polémica, el debate la controversia.  No como afirmación de la propia subjetividad sino como vía para alcanzar una verdad objetiva a través de las múltiples subjetividades. Si sabemos argumentar pero no sabemos dejarnos persuadir hará falta un jefe, un Dios o un gran experto que finalmente decida que es lo verdadero para todos.  La revelación elige a unos cuantos; la razón puede ser elegida por cualquiera, por todos. Es lo común de la condición humana. Se puede fingir una revelación sublime o una intuición emotiva.  Pero no se puede repetirlo con nosotros o en nuestro lugar; no hay conclusión racional si otro (cualquier otro con voluntad de razonar) no esta facultado para seguir nuestro razonamiento y compartirlo o señalar errores. Frente a tantos vehículos privados, supuestamente velocísimos pero que quizás no se mueven de donde están, la razón es un servicio público intelectual: un ómnibus. (El nacimiento de la filosofía. (Giorgo Collí, Tusquet, Barcelona).

El Imprescindible Dialogo

El dialogo es hoy el uno de los elemento constitutivos más trascendental para la humanidad, estamos obligados a ese reaprendizaje. Hace muchísimos años, 500.000 para aproximarnos a datos históricos, la humanidad se encontraba también en el borde del extinguirse, las otras especies estaban mejor desarrolladas y amenazaban con el aniquilamiento de los homínidos en el Pleistoceno Medio. Comenzó entonces el agrupamiento en tribus y, como no es instintivo en nosotros ser gregarios, la humanidad tuvo que inventar el lenguaje, las instituciones, las leyes, la prohibición del incesto, inventar el Estado porque sólo en grupo podía hacerse frente a los desafíos del medio hostil externo. Ahora las sociedades tiene que apelar al diálogo también para sobrevivir. La peligro de destrucción no se debe sólo al medio hostil externo, ella misma se autoamenaza con las armas nucleares, con la destrucción de la naturaleza. El diálogo y la concertación son las armas de la supervivencia: o lo asimilamos o sucumbimos. Si cada Estado, pongámoslo a ese nivel, en nombre de su soberanía se niega a dialogar, pone en riesgo a su población y a la humanidad. Al nivel macro o minúsculo el diálogo es una condición fundamental de sobrevivencia. Pero tiene que ser racional, ofrecerse tras el análisis, estar dispuesto, accesible a atender al otro; tener capacidad argumental de respaldar sus propias posiciones. Si uno no está dispuesto a poner en práctica estos principios, podrá hacer pactos de no-agresión por comodidad, pero no habrá diálogo. La hipótesis de “yo tengo toda la verdad, el otro está completamente equivocado” o “no tengo nada que aprender en esta discusión”, en síntesis, la subvaloración del contrario, atentan contra los principios que deben regir el mismo, porque este impone la argumentación de que la del otro puede tener aspectos válidos nos referimos al valor pedagógico de la diferencia, de la pluralidad.

A contravía de la Historia, la racionalidad, la naturaleza y de Dios.

Lo que yo digo, lo que expresemos como personas, no puede estar en contra de la historia, la naturaleza, de la racionalidad y de Dios. Criticar o estar confrontado contra tres opuestos de calado histórico que al mismo tiempo  habilitan, y  dominan a uno y todo lo que existe; la Historia, la Naturaleza y Dios. Y con voceros en la tierra contra los que abrasados a fundamentalismos, que non antagonismos; porque la crítica, por ejemplo, contra este gobierno, no es contra las personas, es contra un hecho deformante de la histórica, ellos han sido un instrumento y la voz para intentar torcerla. Esta es una de las formas más perversas de la “Identidad imaginaria”. Si quien habla es el representante de un nuevo Dios, ustedes han vivido los trances que significa estar en desacuerdo con ese dios. Es grotesco, pero funciona. Hoy sigue siendo peligrosísimo enfrentarse, al fascismo, militarismo, estalinismos, e islamismo, entre nosotros con la mascara de revolución,  ya deshilachada no les cubre el rostro  pero frente a esos dioses, en la modernidad le tenemos un contrincante formidable: la democracia, la diferencia nutriente de la igualdad. Hay que aprender que la pluralidades es un enriquecimiento y se le da soporte con lo programático racional y humano en una manera cierta de tratar a los hombres como iguales. Ahí es donde se cultiva la noción de igualdad. La misma en sentido preciso no-semejanza: o uniformidad; igualdad como preexistencia de diferencias que no se conviertan en pretextos de dominación. Contraste de ideales, de deseos, de pensamiento, de gustos, de costumbres… Igualdad es que en la incompatibilidad no haya pie a que unos sojuzguen a otros. Esa coincidencia es la que se produce en el diálogo legítimo. Con demostraciones en un ejercicio de igualdad humana, por eso la argumentación, la demostración se hace entre iguales que deben reconocerse y respetarse. Si uno identifica al otro como mas frágil se le amenaza, se le intimida o se le obliga; o si se le ubica en un plano superior se le suplica, o se intenta seducir.  Existe una gran diferencia entre aceptar porque se está de acuerdo con un argumento correcto, a aceptar por temor a que me disparen o me maltraten Quienes se han comprometido en defender, promover y construir una  democracia ampliada, participativa van a toparse con grandes dificultades, reservas y hostilidades. Clásicamente se ha combatido la democracia de dos formas, y este debate tiene ya milenios. Se le ha confrontado desde el racionalismo y desde la insensatez. El ejemplo del racionalismo está en Platón, que era adversario de la democracia ateniense. Se trataba de una forma de gobierno extremadamente limitada, pues sólo tenían derecho a ejercerla los ciudadanos con exclusión de los esclavos y los metecos, que eran la mayoría, la democracia alcanzo una vértice importante de desarrollo. durante la época de Pericles, el ciudadano ejercía su derecho: disputaba en la plaza pública, hacía propuestas, vetaba, decidía por votación, elegía al dirigente por un período… ejercía las ventajas de la democracia. Nadie ocupa el poder por derecho propio, sólo se puede ocupar por delegación transitoria, 4, o 6 años y cumplido el periodo, elecciones y vuelve y juega. Conquistar, perder y recobrar el poder es el rasgo esencial del hecho democrático, no existe el derecho propio o por consaguinidad, nobleza, derecho de propiedad, no la herencia o porque se tiene la “Verdad”. Para Platón, a la autoridad o el poder lo legitimaba sólo el saber, por eso propuso en la República el gobierno de los filósofos y para justificarlo daba un ejemplo: el del capitán del barco. ¿Quién puede serlo? Sólo el que mejor conozca la navegación, los vientos, los mares, y las estrellas para guiarse. Esa, era él, la autoridad legítima. Ni la elección por parte de la mayoría de la tripulación, ni un asalto al barco, ni es un golpe de Estado, legitima; para el sólo el saber puede hacerlo. Claro, Platón se olvidaba de un pequeño e cardinal detalle: en política no se trata solamente de lo verdadero y lo falso sino que priman también los intereses. Si ese oficial que sabe tanto de los mares y las estrellas y que domina los vientos tiene el compromiso particular o grupal de querer yevar el barco ejemplo: a un puerto donde sólo él y su familia poseen negocios y en donde los marineros no quiere ir, de ser así su poder nunca será legítimo. Otro elemento más: en el barco está bien que sólo haya un piloto y no que tres grupos, en nuestro casos partidos, que estén disputándose el timón y sucesivamente cambiando el rumbo, porque a lo mejor zozobra o no arriba a puerto. Si nos alejamos de la alegoría y nos introducimos en las complejas sociedades hoy, el asunto se dificulta por aquello de los intereses diferentes, de los grupos de opinión, o de poder encontrados. Acudimos a este ejemplo tan antiguo porque la idea del saber como legitimidad está definitivamente presente hoy: las minorías históricamente son las que poseen formación. Los opositores de la democracia, las mayorías ni siquiera están al tanto o coligen sobre su esencialidad y las ventajas que para ellos deriva; ¿Quiénes la imaginan los expertos, las élites, los padres de la patria, los tecnócratas… y muchos de ellos en una pregunta, se responden,  ¿para qué un plebiscito si el pueblo no sabe de qué está opinando? Pan y circo, a lo sumo. No, no es una idea rara de Platón, es una corriente antidemocrática que al lado de corrientes corporativas que asoma su fauces en el presente. El saber, por ejemplo ese privilegio que para muchos “legitima” e ilumina sobre el destino de la historia y sus leyes, no necesita estar ya en los filósofos, puede estar en el comité central de un partido, o en figuras de diseño, para la captura del poder, ejemplo, Putin, Trump, Xi Jimping, Boris Johnson, o en las corporaciones, financieras o industriales y a hora el las tecnológicas apoyadas en la  IA. Esos que tienen hoy el poder “legítimo” del saber y pretenden ser el Platón de este tiempo histórico, o los que en nombre del marxismo-leninismo o de la revelación, del Corán o del neoliberalismo, se colocan por encima de la sociedad y representan la antidemocracia del hoy.  Pero el asunto no queda allí, se da también una manipulación de la “verdad” o las “verdades”. ¿Cómo va a ser falso que el saber del Corán se lo dictó el arcángel San Gabriel a Mahoma en una cueva? ¿O que, como vocero del Espíritu Santo y especialista en las comunicaciones del cielo, vino a contarle a la virgen María sobre su embarazo…? Esos, junto con los racistas, supremacistas o los “representantes simulados”, son los adversarios de la democracia. Los “representantes supuestos” son, por ejemplo, los representantes del ataque. El ejército se siente representante de la patria. Nadie los ha nombrado, pero actúan en su nombre, olvidándose que la patria somos todos. Se autoproclaman defensores frente al enemigo interno y eso autojustifica su acción. Volviendo a la legitimidad del saber y su superación, quizá lo que se necesita es que la gente aprenda por sí misma, que los ciudadanos, el pueblo participe, que elija nuevamente, que se equivoque; porque sólo actuando se aprende el ejercicio de la democracia. Hoy, más que nunca, se requiere del control del poder porque sin control termina en abuso. Se necesita la observación del poder político, del poder del Estado por parte de quienes lo soportan. Un control efectivo. La democracia es para los pueblos la cátedra in vivo de la política, la necesidad de aprender a batallar continuamente por sus intereses y a averiguar cuáles son. La universidad de la democracia es la vida misma. La democracia es siempre un proceso en ampliación, no existe como tarea concluida. El poder necesita ser controlado y no sólo el político. Un individuo abusa de su poder económico cuando agrede a sus empleados. Por ello, los trabajadores deben tener derecho a asociarse en organizaciones, tal vez ya no los históricos agrupados en sindicatos, modelos de una época que han sido rebasados por realidad, pero como tal, se convierta en un poder, en contrapeso frente al intento de abuso. ¿Qué obliga al propietario a conversar con el trabajador? El temor a un paro que le pueda afectar sus ganancias, es lo que obliga a conversar con ellos, a aceptar un pliego de peticiones. La capacidad del trabajador a limitado la posibilidad del abuso del poder que tiene el empresario y así en el conjunto de la sociedad, a lo mejor eso hay que superarlo, pero será en la mesa dialogando y buscando opciones de equilibrio, En nuestra época, el diálogo es lo más importante, pero detrás de él tiene que haber fuerza, sin que esto signifique necesariamente violencia. No se trata que el sindicato se tome la fábrica con ímpetu , sino que tenga como tal capacidad de agrupar la fuerza de todos los trabajadores. La misma tiene un innumero de formas de expresarse. Es muy probable que el gobierno desdeña las reuniones con los dirigentes políticos que son la oposición ya tradicional en el país, que a pesar de los despropósitos del régimen, todos agrupados no se acercan a los dígitos de la organización en la que descansa la coalición gobernante  pero en el país hay otros grupos, factores partidos políticos, EL COPEI, El MAS, Cambiemos, Soluciones, AP, productores, empresario, intelectuales,  destacan figuras que mas allá de la discusión jurídico-formal son dos factores esenciales de poder, Juan Guaidó, y María Corina Machado, todos alrededor de un plan mínimo seguro que la construcción de ese polo dará pie a que haya el necesario diálogo.  Que articulados por diversos factores, se constituirán en una  masa critica, que  es una  fuerza  decisivo a o más que el fáctico poder armado.  Las mismas no lo son todo. Allí esta el caso de la España, Argentina y Chile, como se dirimió la confrontación por la vía del dialogo,  Aquí se han intentado, comenzando por el de Hugo Rafael dar golpes de Estado y han fracasado porque han tenido al grueso del país en contra. Sentarnos con una agenda a discutir nos dará la capacidad de generar confianza en una población rechaza en forma casi unánime el régimen.

Antecedentes de un nuevo intento de  a dialogo …

Dos conceptos antagónicos expresan en el hoy la política venezolana, “Enemigos” “Hostis”, pugnacidad, como en la Roma clásica es aquel con quien nos enfrenta una oposición existencial. El objetivo es la destrucción mutua, unas de carácter físico otras de carácter moral. La distinción cuenta con antecedentes ilustres (Spinoza entre otros) y alcanza la madurez doctrinal en Carl Schmitt, que funciona como un valor entendido en la moderna teoría del conflicto social. Por razones de principio, la Democracia impide la degradación del adversario a la condición de enemigo. Cuando esto sucede, la estabilidad inherente a la forma legítima de gobierno corre un grave riesgo. Pretextos seudomorales “Ellos” mienten, manipulan, justifican la exclusión, cambian las reglas del juego: el “Todo vale” desplaza las limpias reglas del mismo. En Democracia, se puede, incluso se debe sentir simpatía hacia el adversario, el odio al contendor es el caldo de cultivo del totalitarismo.  Como bien sabia John Locke, la idea de “Trust” es consustancial al gobierno, basado en el consentimiento, persuadir, buscar la complicidad moral, crear una relación de confianza: he aquí el núcleo de la estrategia política en la Democracia de masas.  ¿Cómo actúa el alto mando de este gobierno? Es la expresión más palmaria de “La Impostura” y ella conduce siempre al vacío, decía Metternich, un gran impostor. La gente perdona la ineficiencia, el incumplimiento de promesas electorales, el despropósito inclusive, siempre y cuando no perciba que hay mala intención. Así como creemos que a la oposición no ha podido articular un discurso programático, doctrinal  para el país, su clamor solo tiene eco en quienes siendo victimas de la arbitrariedad gubernamental, les angustia la perdida de privilegios. La dirección táctica y estratégica sale de el extremo marketing de los CEO externos, que no conocen nuestro imaginario y sus batallas son en las novísimas redes, por eso todavía el grueso del país  observa con marcadas a quienes intentan se la dirección de los sectores políticos, “democráticos” algunos exhiben como su mayor virtud es su talante de una tal experiencia, no entienden que con su pasado nada tienen que buscar. Juan Guaido, malas compañías enseñan pésimas lecciones, suponen que son la reserva ética e intelectual de algo, hablan como sino hubieran sido cómplices emblemáticos, protagonistas de un sistema de demagogia, corrupción e ineficiencia que yevó a Chávez, y sostiene a Maduro en la presidencia, por supuesto que hay centenas de ciudadanos que con sólidas y diversas razones seguiremos apostando a la salida electoral, la opción es desmarcarse del pasado vergonzante y de los diestros fabricantes de derrotas, tienen plomo en las dos alas, hay que comenzar a distarse de los que lo único que ofrecen, es más sacrificios a la gente en defensa de sus privilegios  perdidos. No hay cohesión y persisten en acciones y métodos tan arbitrarios, y fraudulentos, (léase la escogencia de los Embajadores, Cónsules, Pretores y, Comisionados), seleccionados en esta etapa, que rente e esos tramites el PSUV, luce como un angélico partido horizontal. No puede haber unidad posible, donde el grueso de sectores opositores, dialogan si pero grupalmente todas las mañanas y noches, en los lobbies de lujosos hoteles, sacando cuentas de los negocios que harán cuando le pongan la mano a las principales instituciones del país, arrogantes transvertidos. La existencia de una alternativa pasa por acordarse en un proyecto en el que se sientan representados los venezolanos, la mayoría de todos, los sectores populares, los estudiantes, las amas de casa, los trabajadores, los empresarios, los intelectuales; una propuesta abierta, clara, que rechace y denuncie a quienes busquen atajos y pliegues, estén donde estén, un proyecto en el que el compromiso no deje espacio para el chantaje, de los que se asumen impolutos mientras negocian y defienden intereses de sectores económicos insaciables y acusan a otros de negociar con el adversario, que salga con el rostro limpio al encuentro de todos, sin falsificaciones ni ambigüedades, que crean firmemente en sus postulados, que los defiendan a cal y canto, que estén convencidos que tienen la razón. La imagen de una oposición rabiosa hace feliz a un régimen anacrónico que nutre su alocuciones de tópicos marchitos. La política es imperfecta, un arte en el sentido griego de la palabra, que sirve para encausar los antagonismos hacia formas de convivencia. El tremendismo es antipolítico por naturaleza, intentar excluir al adversario significa humillarlo: el pacto de Tinell “Todos contra uno”, la ruptura de los compromisos básicos. Hay que apelar con urgencia al sentido común de la mayoría de nuestra gente que es esencialmente  bondadosa. Concordia significa, amistad política, decía el Estagirita siempre moderado. Es fuente de la legitimidad que deriva del consentimiento, no hace falta estar en el mismo equipo para disfrutar del sano juego colectivo, pero es imprescindible compartir los postulados básicos, respeto, amistad, libertad y amor.

“Pasa el tiempo y el segundero avanza decapitando esperanzas”.

pedrorafaelgarciamolina@yahoo.com

 

 

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