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Luis Fuenmayor Toro: La manipulación, lejos de cesar, se incrementa

 

Ahora resulta que el señor Guaidó nos ha resultado un experto lingüista y nos explica lo que debemos entender, cada vez que se dirige al país hablando de invasiones y situaciones por el estilo. Acaba de declarar, con su cara muy lavada, sin sonrojarse, que el llamado que hacen no es en búsqueda de una intervención, sino que se trata de un llamado de cooperación y liberación, transformando a quienes nos invadan militarmente en un ejército como el de Bolívar, que salió de la Capitanía General de la Venezuela española hacia territorios vecinos también españoles, para independizarlos de España. Nos dice con absoluto desparpajo que intervención es la del ELN, no la de los paramilitares colombianos ni mucho menos la del gobierno gringo si sus marines penetran el suelo patrio. Ellos nos vienen a ayudar y por tanto “nos tienen que encontrar en la calle”, para que no tengan que buscarnos y ayudarnos mejor.

En su afán de seguir engañando a la gente ahora interpreta el idioma. Este muchacho de La Guaira nos ha resultado todo un “show man”, todo un espectáculo. Desde que fue electo diputado hasta hoy ha aprendido bastante, pero lamentablemente no sobre los problemas del país ni la forma de enfrentarlos eficazmente, sino en el arte de la manipulación y el engaño. No en balde se parece cada vez más a quienes dice combatir y se muestra como un “digno” y aventajado discípulo del Pentágono, que lo han enseñado a utilizar sus mismas mentiras y, sobre todo, a ser un “cara e tabla” de marca mayor a la hora de declararlas públicamente. Tal y como lo es Maduro cada vez que habla de las bondades de su gobierno, de sus grandes logros, del país potencia que tenemos y de la mayor suma de felicidad posible en que viven los venezolanos.

Para Guaidó y su mafia, las sanciones son sólo, como lo dice Bolton y el propio Trump, para ponerle  fin al robo de los recursos del pueblo venezolano y para acabar con la represión. Supuestamente, el gobierno podrá seguir haciendo las importaciones de alimentos y medicinas que se requieran, aunque no se sepa cómo si las transacciones financieras están impedidas por las medidas gringas contra el país. Él simplemente se dedica a repetir como un loro lo que sus jefes le dicen que diga, mientras estos aplican un plan muy similar al que han aplicado en todas partes. En Irak inventaron la existencia de armas de destrucción masiva, que luego no aparecieron por ningún lado. En Siria, le achacaron al gobierno las agresiones con armas químicas del talibán, al que impulsaron, protegieron y acompañaron hasta que comenzó a incomodarlos.

El cinismo estadounidense ha estado presente siempre en su política exterior, no sabemos cuánto en la que despliegan al interior de su nación, aunque con casi toda seguridad también ha existido. En Venezuela, con Chávez y Maduro pensamos que el cinismo había alcanzado su máxima expresión. Por años los hemos visto decir mentiras, esconder cifras estadísticas que los dejan al descubierto, falsear realidades que son obvias al común de la gente, calumniar a personas e instituciones e inventar falsos positivos. En síntesis: engañar a la población y tratar de engañar al mundo. Pero de nuevo nos equivocamos; siempre puede venir alguien que supere en éste y otros aspectos negativos a quienes llegamos a creer eran los reyes en estas perversas habilidades. Y la sucesión no se hizo esperar, apareció Guaidó y su equipo dispuestos a superarlos y en forma rápida.

Hoy, de la misma forma en que Maduro y Bolsonaro, supuestamente enfrentados por grandes diferencias ideológicas, se dan la mano en la destrucción de la selva amazónica, Guaidó y Maduro se ponen de acuerdo para que sea el gobierno de Trump quien represente los intereses de la población opositora más radical. Ambos están de acuerdo en que sean ellos, los gringos, quienes conversen con el gobierno, en lugar de ser quienes hasta ahora han venido reuniéndose en Oslo y en Barbados. Lo viene sugiriendo Diosdado Cabello desde hace algún tiempo, cuando dijo que prefería hablar con el “dueño del circo” (Trump) y no con sus empleados (Guaidó). Pero ahora lo confirman como un hecho el “dueño del circo” y el jefe de los payasos, quien acaba de declarar que ellos son sus principales aliados. Además, lo ha proclamado el jefe de la mafia gubernamental.

Y nada sorprende a nadie. A todos les parece bien. Los antiimperialistas de pacotilla consideran muy adecuado darle el trato de defensores de la democracia, la libertad y los DDHH, a quienes gobiernan el imperio más poderoso del mundo. Y a los opositores de la directiva de la AN les resulta maravilloso que sus principales aliados sean quienes dirijan el proceso político venezolano. Una gran coincidencia con sus “enemigos políticos”, con los delincuentes con quienes ni siquiera se debería conversar, con los usurpadores. Coincidencias prácticas que son las que definen realmente las situaciones de enfrentamientos, puesto que las palabras y las declaraciones son simples manipulaciones para engañar a la gente.

 

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