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Enrique Meléndez: Yo di la orden

 

El accidente que se produjo en el Metro de Caracas el sábado 17 del presente mes comprueba, una vez más, la forma improvisada, como actúa la burocracia de este gobierno, signada sobre todo, por la mente militar, y que consiste en dar órdenes: yo ordeno que se mueva este tren de inmediato; sin saber quién lo conduce; en qué condiciones se encuentran sus vagones. El jefe está arriba en una oficina; ocupándose más de los senos de la secretaria o del precio del dólar (hay que hacer notar que la alta gerencia de ministerios e institutos autónomos no está allí sino para ganar comisiones por las compras y pago de servicios del organismo a su cargo, o para vender o comprar dólares, en los que se pone por su condición de enchufado); mientras el personal técnico o administrativo hace milagros, para poder poner en funcionamiento tan complicado sistema.

El ejemplo más patético lo hemos tenido hace unos días; cuando alguien denunció que había visto a uno de los obreros del sistema reparar una avería con una navaja y sin el equipo de seguridad. “Estamos en las últimas”, es lo que se les oye decir. En efecto, tienen prohibido revelar cuántos trenes están en funcionamiento; aun cuando ha trascendido que, de 87 que deben estar operativos al mismo tiempo en todas las líneas; para que el servicio pueda fluir, sólo lo están unos 30 trenes en las cuatro, que hay por el momento, y digo por el momento, pues el proceso de expansión del servicio comenzó a ser abortado ya en un primer instante, cuando Chávez dijo que no era necesario esta obra, y así que mandó a parar los trabajos de construcción por un cierto tiempo; sobre todo, los de la línea 4, que iba a dar al Este de Caracas, considerando, en ese sentido, que no eran prioritarios; pero más por prejuicio de resentido social, que por otra cosa, y así que estos trabajos se paralizaron por unos años.

En la línea 1 deben estar operativos 57 trenes, y lo que se maneja es que lo están 16, y estos se mueven gracias a que, precisamente, los técnicos han tenido que canibalizar otros trenes; a falta de repuestos o presupuesto para el debido mantenimiento del sistema operativo, en su conjunto; pues, como dice alguno que otro, que hace uso del servicio: gratis las cosas no marchan bien, y que, al parecer, fue lo que sucedió, a propósito de este accidente de descarrilamiento, que se produjo dicho sábado: un tren de los antiguos, que habían puesto a rodar, y al que parapetearon bien en lo que corresponde a la parte del motor y los otros accesorios; sólo que no hubo algún experto que se fijara en los rieles, y diera con el hecho de que ya estaban muy gastados; fáciles de descarrilar. He allí el problema de la fuga del talento humano; que ha tenido que emigrar, como tantos otros venezolanos; que ya van por la cifra de casi los cinco millones; habida cuenta de las condiciones de vida, en las que nos desenvolvemos; de deterioro total; empezando, precisamente, por ese servicio, que fue bandera de la modernidad, que le esperaba a Venezuela, si seguía por ese camino del orden y de la excelencia, y que ya comenzaba a ponerse en práctica en la gerencia de la administración pública; tomando en cuenta que ya los cargos eran ocupados más por motivos de meritocracia del aspirante al mismo; que por clientelismo político, y esto lo pudiéramos ubicar a partir de la segunda administración de Carlos Andrés Pérez, y que se vio reflejado en la pugna, que surgió entre el gobierno y su partido Acción Democrática; partido que pedía más presencia de su gente en los cargos; esto es, gente sin meritocracia alguna, sólo que de “los nuestros”, y que fue el paso hacia atrás que dimos, una vez que Chávez llega a la presidencia y la línea gubernamental, se basa en la improvisación, y por aquí entran los prejuicios del gobernante; si se tiene presente que no se trata de una persona con una gran equilibrio mental; con el populismo robesperiano de que gobierna más para los pobres, que para los ricos, y así se interrumpió por completo la expansión de un sistema de transporte, que iba a llegar a toda Caracas; como en las grandes ciudades del mundo; así como a su periferia: “Guarenas – Guatire en tan sólo 18 minutos”, dice la publicidad, que se lee en los vagones; prueba de que la gerencia de la compañía está pendiente en otros menesteres; pues si fuera más cautelosa, ya hubiera mandado a quitar dicha publicidad; pues ahí mismo está la prueba de su fracaso; mientras uno contempla con lástima el abandono en que quedaron las instalaciones de esa línea, que iba hacia estas dos populosas ciudades de la periferia oriental capitalina; como fue interrumpida la línea que iba a los Altos Mirandinos; aunque ya aquí se atraviesa el otro problema; que arrastra la administración chavo-madurista; esto es, el tema de la corrupción administrativa, consecuencia de las secuelas, que dejó el caso de la Odrebrecht; la empresa brasileña que, precisamente, llevaba a cabo la construcción de los procesos de expansión del servicio, y cuyas repercusiones redundaron en la prisión del ex presidente Lula; paralizándose dichas obras, no sólo del Metro de Caracas, sino también las de la construcción del sistema ferroviario Caracas-Valencia.

He allí la mente militar: si la orden, que se dio, trajo consecuencias negativas, entonces la persona, que estaba en cargada de cumplir la misma, va presa, y esto es lo que, al parecer, ha sucedido con el conductor del tren, que se descarriló, además de quienes estaban en el centro de control ese día. Esto no me consta; pues se trata de una información que se maneja a nivel muy privado; pero si es cierto es grave; puesto que ya por esta vía hemos llegado a los niveles de la tirantez; sobre todo, porque a quien se le carga de la responsabilidad del error es al más débil; que se atrevió a llevar a cabo una tarea, para el que no estaba capacitado, sin tomar en cuenta que mucho más culpable es quien lo puso allí, y que es el que debe poner la renuncia a su cargo de inmediato, precisamente, por incompetente.

melendezo.enrique@gmail.com

 

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