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Ángel Daniel González: Incomprensiones cambiarias

 

¿Por qué el llamado dólar oficial, es decir, la tasa de cambio legal que publica el BCV, se ha dedicado a perseguir al dólar paralelo? ¿En eso consiste la política monetaria actual? Ambas tasas no dejan de subir, sin importar qué tanto se acerque una a la otra. Este comportamiento cumple ya un año, desde que se “homologó” a partir del 20 de agosto de 2018 la tasa oficial a 60 bolívares soberanos, el precio para la fecha de la divisa en el mercado paralelo. Se supone que la idea es tratar de “frenar” la devaluación; sin embargo, no ha ocurrido nada ni siquiera parecido.

Esta política resulta, por su premisa, poco menos que absurda. La tasa del BCV se origina en el mecanismo de las mesas de cambio, gestionadas por los bancos, y donde se supone que actores privados ofertan y demandan dólares, y luego el Estado toma el marcador resultante y lo publica. El problema es que la oferta de dólares es limitada en ambos casos, por eso quien los tiene, pedirá un precio muy alto para venderlos. Esto será así hasta el infinito, ya que el Estado es el único en este país que históricamente ha funcionado como “oferente” importante de divisas, y sucede que el “chorro” de dólares de PDVSA, que irrigaba la economía nacional y del que bebían hasta la embriaguez todos los “empresarios”, se ha convertido, por varias razones, en un delgado hilito que se seca antes de salir de la burocracia estatal. Por eso, pretender que el marcador de las mesas de cambio publicado por el BCV logrará alcanzar y detener el dólar paralelo, como estrategia no pasa de ser risible.

La consecuencia de esta carrera sin fin de los tipos de cambio es nefasta para la población, ya que no es un secreto que los precios están dolarizados, lo que produce la inflación bárbara que vivimos. Y como lo único que no está dolarizado es el salario de los trabajadores, el efecto es una creciente asfixia, que conduce hasta al más estoico a la desesperación. No hay bonos que remienden efectivamente el hueco del bolsillo.

Mientras tanto, la política salarial es algo de lo que el Gobierno ni siquiera habla.

 

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