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José Alejandro Cepeda: Colombia 1819-2019: los desafíos del bicentenario

 

«La vida no es sino una continua sucesión de oportunidades para sobrevivir», sentenció alguna vez el premio Nobel de literatura Gabriel García Márquez. Habiendo alcanzado su país este 7 de agosto de 2019 dos siglos de independencia, vale la pena recordar por qué a Colombia no le queda justamente más remedio que eso, sobrevivir. Pero no a cualquier precio.

Se sabe que la batalla de Boyacá del 7 de agosto de 1819 definió la campaña emancipadora liderada por Simón Bolívar y Francisco de Paula Santander en los territorios de la entonces llamada Nueva Granada, cerrando el intento de reconquista por los españoles en nombre de una monarquía que tambaleaba desde la invasión napoleónica a la península Ibérica y la aparición de juntas autónomas locales en 1810.

Doscientos más tarde Colombia, «una nación a pesar de sí misma», como la bautizó el desaparecido colombianólogo norteamericano David Bushnell, ha visto caer por ello una lluvia de revisionismo histórico, conjugada con propaganda patriótica y el combustible oportuno que dejan los triunfos deportivos de Egan Bernal en el Tour de Francia o el de la pareja de dobles de Juan Sebastián Cabal y Robert Farah en el césped de Wimbledon.

Pero al margen de los caprichos onomásticos, aprovechemos la ocasión para citar algunas de las tareas pendientes que deja un país que carga con la contradicción de tener una de las democracias más antiguas del continente, pero que no ha logrado llevar el Estado de derecho a todo su territorio, aún amenazado por la violencia, y que ha crecido económicamente pero no ha terminado de concretar la paz.

A Colombia le hace falta reducir la brecha entre la normatividad jurídica y la realidad. A Colombia le hace falta apropiarse de su identidad mestiza y diversa de una vez por todas. A Colombia le hace falta desarrollar las regiones para promover una verdadera descentralización. A Colombia le hace falta promover la igualdad desde la educación y la meritocracia para poder hablar de justicia social. A Colombia le hace falta proteger la biodiversidad, que es su verdadera diferencia competitiva ante el mundo. A Colombia le hace falta ejercer su patriotismo día a día, cerrándole las puertas a la corrupción, recordando que la ciudadanía son derechos y deberes.

Si se asumen estos puntos, filtrados por el irrestricto respeto a la vida, se tendría no solo la ruta para una convivencia y una verdadera independencia, sino que los lineamientos heredados de la Constitución de 1991 darían sentido a un digno bicentenario.

 

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