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Luis Fuenmayor Toro: Dupla EEUU-Guaidó adelanta su política con éxito

 

Hace una semana atrás, todo el equipo gubernamental de Nicolás Maduro incluyendo a Diosdado Cabello, declaraba con fuerza que “nadie los levantaría de la mesa de negociaciones”, que permanecerían sentados en ella, pues eran amantes de la paz, el diálogo y la obtención de acuerdos políticos para superar los actuales enfrentamientos. Prácticamente afirmaban estar atornillados a las sillas de la mesa de negociación de Barbados, y denunciaban a Trump y a Guaidó como promotores del fracaso de las negociaciones. Éste era el escenario de la posición gubernamental, que puede revisarse retrospectivamente para corroborar si estoy distorsionándolo de algún modo.

En la acera de enfrente se encontraban los funcionarios de la administración Trump, quienes venían reiteradamente señalando que el diálogo en Oslo y en Barbados era una perdedera de tiempo, que no era un diálogo serio, que Maduro simplemente tenía que abandonar la Presidencia y que no podía haber elecciones con Maduro gobernando. Ratificaban además que EEUU era independiente para tomar las medidas que quisiera y cuando quisiera, sin importar lo que se conversara y los acuerdos a qué se llegara en Barbados. Guaidó coincidía con esta línea de acción gringa; no en vano es “Presidente”, no como Franco quien era “Caudillo de España por la gracia de Dios”, sino por la gracia de Trump.

Siguiendo sus políticas, el Departamento de Estado extiende y profundiza las sanciones a Venezuela, como forma de sabotear el avance del diálogo, lo que sugiere que algunos acuerdos podrían haberse estado gestando. Esta última posibilidad era bienvenida por quienes no quieren una guerra, ni más sanciones contra el pueblo, ni más deterioro, sino desean un desenlace en paz, dentro del texto constitucional, que permita reconstruir el país y que  protagonicen los venezolanos y no los marines estadounidenses u otros actores. Hemos dicho claramente que el diálogo debe nacionalizarse, ampliarse a otros sectores y que rechazamos firmemente los padroteos, sean estos del imperio gringo, del gobierno colombiano o de Cuba, que son quienes los han llevado adelante.

Ante este despropósito estadounidense, criticado claramente por sus aliados europeos, y el apoyo de Guaidó al mismo, la respuesta del régimen ha sido la de levantarse de la mesa de diálogo, en lugar de asistir a ésta y colocar el punto de la extensión de las sanciones como único a debatir en este momento. Sucumbieron ante la provocación gringa guaidoista e hicieron lo que éstos querían: parar las negociaciones y pasar en forma inmediata a una ampliación de la política agresiva contra Venezuela. Aplican la misma política de sanciones económicas que tienen en Irán, Siria y Cuba, países donde siguen mandando los mismos que mandaban cuando las sanciones se iniciaron. Clara evidencia de fracaso.

Las sanciones han sido utilizadas por la claque gobernante para unificarse y unificar a sus seguidores, sin que se haya generado ninguna fractura importante en la FANB, institución vital en el mantenimiento del poder por Maduro. La alta jerarquía no va a sufrir en lo personal el efecto de la extensión de las sanciones, como no han sufrido realmente hasta ahora el efecto de ninguna de estas medidas. Los efectos los vamos a sentir los venezolanos comunes, los que no tienen enchufe, los que no se manejan en dólares, quienes no reciben remesas importantes, los asalariados y los productores y comerciantes pequeños. Y comenzarán a sentirlo también aquéllos que se manejan en dólares (15% de la población) y que hasta ahora siguen llenando los restaurantes, comprando exquisiteces en bodegones y haciendo turismo nacional e internacional.

El gobierno ha decidido enfrentar también esta nueva etapa. Ya lo han dicho y es de esperarse que la ANC suba el tono de la represión a niveles mucho mayores. “Si quieren pelea, tendrán pelea” ha dicho Diosdado Cabello; y ha sentenciado también que “Los únicos que pueden garantizar la paz en el país son los revolucionarios”, por lo que el futuro será simplemente un desastre. Si dejar a Guaidó libre tiene los mismos efectos que apresarlo, pues lo apresarán al no tener ya más nada que perder. Si esto era lo que querían el Departamento de Estado y Juan Guaidó, pues lo consiguieron o por lo menos están a punto de conseguirlo. Sólo una rectificación inteligente del régimen podría impedirlo, pero ésta no parece ser la respuesta que se dará.

Peores cosas que las ya vividas parecen ser las que vendrán en los tiempos por venir, y la salida de la crisis, lejos de acercarse, se hará más lejana y sombría. Hasta ahora, el gobierno se ha caracterizado por haber sido más inteligente que la oposición y sus más de 20 años en el poder así lo demuestran. Pareciera que esa etapa está por terminar y lamentablemente no  en la forma más feliz posible, sino en la más trágica.

 

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