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José Gregorio Correa: Trinidad y Tobago el país que peor trata a los migrantes venezolanos

 

La economía trinitense aumentó en los últimos 15 años gracias a los convenios gasíferos con Venezuela

Primicias24.com- Como el “país que trata peor a los migrantes venezolanos”, fue catalogado Trinidad y Tobago por parte del diputado a la Asamblea Nacional por el estado Cojedes, José Gregorio Correa, quien aseguró a Primicias24 que los connacionales son expuestos a los “mayores vejámenes” por un pueblo que se cansó de vender “conservas de coco” en Venezuela sin recibir ningún tipo de maltrato.

“Tuvieron atención, consideración, se pudieron dedicar al libre ejercicio de la buhonería. Vendían esas conservas que resultaban tan atractivas verlas caminar por la autopista, bueno, eso hoy el venezolano no lo tiene allá”, cuestionó al tiempo que definió la migración como un hecho histórico determinante de la diversidad étnica y racial de los pueblos.

Venezuela mantiene convenios en materia energética con Trinidad y Tobago que recibe suministro de gas desde el campo Dragón, ubicado  en el oriente del país y permitió el incremento “sin precedentes” en la economía trinitense, tal como lo aseguró el Primer Ministro Keith Rowley.

“Durante los últimos 15 años, nuestra economía se ha vuelto cada vez más dependiente de los ingresos del gas en comparación con las ganancias del petróleo. Recientemente, hemos experimentado una reducción sostenida del gas en nuestras plantas de Point Lisas y nuestras reservas nacionales han disminuido”, informó  en septiembre de 2018.

Diferentes regiones, la misma historia.

Trata de personas, explotación, agresión física, maltrato verbal, acoso sexual, “bullying” y hasta humillaciones, también padece la mayoría de los migrantes venezolanos en otras naciones de la región.

Diferentes son las versiones que se tejen en los medios de comunicación social en torno al porqué del rechazo de los venezolanos en el exterior. ¿Todo forma parte de la supuesta conjura política y mediática que denuncia el Gobierno nacional para justificar las sanciones estadounidenses contra el país, o simplemente se trata de un mecanismo de defensa de los pueblos para proteger sus plazas de trabajo?

Sea cual sea la razón, lo cierto es que los sentimientos de frustración, miedo, rechazo y tristeza que se entremezclan con el fuerte dolor que produce la mirada silente de la comunidad nacional e internacional, siguen presentes en el corazón de los migrantes venezolanos, quienes a pesar de las adversidades esperan cada día la salida del alba para armarse nuevamente de valor, fe y esperanza con el fin de alcanzar sus sueños.

Tal es el caso de Esseling Anchayhua, quien luego de realizar diferentes trabajos logró establecerse en la ciudad de Palermo, Argentina, en 2017 y comenzó a ejercer su carrera como periodista en una Asociación Civil bajo la figura de monotributista (Honorarios Profesionales, como se conoce en Venezuela) que a pesar de no ofrecerle ningún beneficio de ley (aguinaldos, liquidación, vacaciones, entre otros), le permite junto a un segundo trabajo -como docente de Marketing Digital- y la ayuda de sus hermanas, costear sus gastos básicos.

El ser migrante en Argentina es un “poco complicado porque hay recelo, nos ven como una amenaza en lo laboral, sienten que les estamos quitando sus trabajos y por eso el rechazo. Actualmente la cantidad de migrantes venezolanos en el país aumentó y te das cuenta porque hay muchos puestos de comida criolla en las calles, desde tequeños hasta pescado frito”, manifestó.

Pese al escenario, Anchayhua no pierde el optimismo, continúa persiguiendo el objetivo de mejorar su situación para apoyar económicamente a sus padres en Venezuela.

Los connacionales que decidieron volver a la nación con las maletas llenas de anhelos, contaron sus historias para hacer un llamado a la reflexión de aquellos jóvenes, mujeres y hombres que piensan emprender un nuevo rumbo.

En agosto de 2018, con 350 dólares en su poder, el diseñador gráfico Raúl Ascanio, inició su travesía en un viaje terrestre de dos días hacia Quito, Ecuador. Al llegar a su lugar de destino, lo esperaba un amigo, quien le ofreció hospedaje en un apartamento pequeño de 3 habitaciones y un baño, donde por 270 dólares mensuales -sin contar el costo de los servicios- vivían hacinados 9 venezolanos.

La pérdida del poder adquisitivo y la ilusión de “ganar en verdes en un país dolarizado” para poder ayudar a su familia, fueron las motivaciones de este joven que dos meses después, luego de una búsqueda infructuosa de cualquier tipo de trabajo, regresó al país sin un centavo a través del Plan Vuelta a la Patria.

Aseguró haber sido víctima de xenofobia en varias ocasiones al ser reconocido por su fisionomía y acento. Improperios como “lárgate a tu país” y “los venezolanos son ladrones”, acompañados de miradas de odio, recibió durante su estadía en la “nación de la mitad del mundo”.

“Fui testigo de explotación y acoso sexual. Observé a muchos venezolanos pidiendo en sitios públicos. Otros tantos, vendiendo de forma ambulante, echando el cuento de las penurias que sufrieron para salir del país y otras veces hasta dando lástima para que el ecuatoriano les regalará unos centavos de dólar para sobrevivir el día. Lo mismo sucede en Colombia y en Perú, allá se repite esta historia decadente”, relató Ascanio, al tiempo que manifestó su preocupación por la campaña xenófoba contra el venezolano.

“La persecución incrementó en Ecuador cuando el presidente Lenín Moreno incitó al odio contra los migrantes venezolanos en las redes sociales. Es mentira lo que dicen en los medios de que llegas allá y te van a dar hasta la visa, todo es falso”, agregó.

Primicias24

 

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