Inicio > El pizarrón de Fran > El pizarrón Opinión > José Manuel Rodríguez: Asedio, razón y emoción

José Manuel Rodríguez: Asedio, razón y emoción

 

En estos días leí unas declaraciones del “procurador” designado por el autoproclamado Guaidó. Decía sin arrugar: Hemos solicitado una orden ejecutiva (a USA) para proteger los activos de los acreedores. ¡Carajo -dije embroncado- es un cipayo desatado! Busqué tranquilizarme un poco recorriendo un mercadito popular en busca de verduras. Mientras discutía con un fornido barloventeño entrado en años, el alto precio de sus ají dulces, al tipo no se le ocurrió otra cosa sino salirme con un vaya a reclamarle a Maduro, cuando Guaidó llegue la cosa cambiará… ¿Se imaginan el tamaño que adquirió mi bronca?

Me fui del mercadito sin los ajíes y mascullando un arrebato racista, “este negro pendejo se habrá enterado del papel que desempeña el “procurador” de embuste. Si de verdad llegara al poder semejante banda, a este tendero lo único que le quedaría es quedarse en su pueblo vendiendo pencas de sábila y estampitas de San José”. Y me metí a navegar en Internet buscando explicaciones siquiátricas sobre la dualidad razón-emoción.

Inútil el esfuerzo. El cuento sobre la necesidad de equilibrar esas dos mentes, era desbaratado por los que afirman que los sentimientos son los que tienen la mayor fuerza en nuestra conducta; o por el contrario, que nuestras debilidades emocionales son evitadas políticamente, pues en cualquier confrontación lo que se suele exponer explícitamente son sus razones y no sus sentimientos… ¿Y cómo en dónde será eso?

Por fortuna llegó Marx y Nietzsche a tranquilizarme. Los dos talladores sociales coincidían, el primero labraba el madero: es el ser social el que determina la conciencia, no la conciencia la que determina el ser social… El segundo lo pulía: el Ser que somos no es lo que define nuestra existencia sino, al revés, es la existencia la que determina el Ser que devenimos… El vendedor de ajíes, sólo reconoce como política el yunque donde la vida le forjó sus vacíos racionales. Y como a mí me dio por evadirme de yunques maltrechos, me fui a otro lado a comprar pimentón.

 

Te puede interesar
Loading...

Compartir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Traducción »