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Rafael Simón Jiménez: Pertinencia y efectividad de las sanciones económicas

 

La tragedia humanitaria que sacude la  vida de los venezolanos, se ha convertido en una situación que trasciende las fronteras nacionales y cuyas repercusiones y consecuencias involucran a buena parte de la comunidad hemisférica y mundial. Una economía en ruinas, un caos migratorio, una sociedad sometida a la violación sistemática de todos sus derechos, un estado que propicia las actividades delictuales en su territorio, generan una situación donde junto al protagonismo incuestionable de los actores nacionales, resalta las preocupaciones y la solidaridad de la colectividad internacional.

Ahora bien el problema de fondo se traduce en hallar una solución que viabilice la transición hacia el rescate de la democracia y la reconstrucción de Venezuela en todos los órdenes, es hacia allí,  hacia donde deben volcarse mancomunadamente los esfuerzos de la sociedad venezolana y de la comunidad internacional para materializarla. Como es lógico pensar la inmensa mayoría de los factores lugareños y foráneos coinciden en que esa salida debe ser pacífica, democrática, cívica, electoral y constitucional, la única que le ahorraría mayores sufrimientos a nuestro pueblo.

Los venezolanos de buena fe, sentimos sincero agradecimiento por los esfuerzos que distintos actores mundiales han realizado y realizan en solidaridad con nuestra causa. La condena del régimen mundial en diferentes foros y escenarios, el reconocimiento de  más de 60 países al Presidente del parlamento Juan Guaido, la denuncia a las violaciones que cotidianamente se cometen contra nuestro pueblo, la recepción a la migración venezolana, la censura y medidas contra funcionarios involucrados en torturas, desapariciones forzosas, represión o saqueo al erario público Venezolano, las facilitaciones y acompañamiento a escenarios de diálogo y negociación, todas esas iniciativas son recibidas con la gratitud de quienes sentimos que el drama nacional sensibiliza mas allá de nuestras fronteras.

Ahora bien a propósito de las recientes medidas adoptadas por la administración norteamericana del presidente TRUMP, en relación a un embargo comercial y financiero al gobierno venezolano, se ha abierto un debate, nada nuevo por cierto, sino recurrente cuando en otras situaciones y realidades mundiales se han adoptado idénticas medidas, y que tiene que ver con la moralidad y efectividad de las mismas.

Cuando hablamos de moralidad, por supuesto que nada tiene que ver con el régimen venezolano, olímpica y reconocidamente inmoral, saqueador, depredador que ha practicado todas las formas de ausencia de ética, y por tanto sin la menor autoridad para reclamar de nadie conductas morales. Nos referimos a las consecuencias que tales medidas puedan tener sobre la situación de extrema calamidad y padecimientos que viven los venezolanos, y la posibilidad de agravarse como lo ha hecho en llamado de atención la alta comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos Mitchelle Bachelet, cuyo reciente y demoledor informe sobre Venezuela,  la coloca en insospechable posición de simpatía con quienes desgobiernan desde Miraflores.

Pero además a lo largo de la historia contemporánea este tipo de sanciones se han mostrado ineficientes como forma de presión para obligar a gobiernos forajidos a deponer sus conductas y buscar formulas de transición hacia la democracia:  Irán, Libia, cuba, Corea del Norte, la Ex-Yugoeslavia, demostraron no solo su ineficacia en cuanto a forma de presión, sino que por  el contrario prestaron argumentos a unos regímenes que habían destruido sus economías producto de sus incompetencias, anacronismos o pillaje, para construir profusas campañas propagandísticas que pretenden esconder en tales medidas su capacidad saqueadora y depredadora.

La complicidad de Rusia, China, Turquía, para hablar de las alcahueterías  más  relevantes, le han permitido al régimen venezolano evadir las sanciones financieras y comerciales ya adoptadas, amén de una madeja de vínculos delincuenciales con redes de lavado de dinero y actividades delictivas que han hecho hasta ahora ineficientes tales iniciativas. En todo caso cualquier carencia, cualquier desabastecimiento, cualquier déficit de alimentos y medicinas, que se generen con ocasión de estas no afectaran en absoluto a la camarilla gobernante, cuyos protuberantes  abdominales son prueba irrefutable de ello.

Venezuela aprecia, valora y agradece todo cuanto desde cualquier lugar del mundo se haga en solidaridad para superar su desesperante situación, pero el conjunto de esos esfuerzos solo podrán fructificar y ser exitosos si están inscritos dentro de la estrategia de obligar al régimen a facilitar la salida electoral, pacífica y democrática que materialice la transición, y las sanciones económicas de la administración Trump no parecen ni  idóneas  ni efectivas para ello.

 

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