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César Malavé: Andrés Eloy y el sufragio efectivo

 

Aquel  domingo 6 de diciembre de 1998, cuando triunfan los náufragos de la política, por las bondades electorales (incluida la transparencia) de la democracia venezolana, comenzó el gran vía crucis para la Patria. Se distorsionaron los valores, la economía, la tenencia de la propiedad, la cultura, la educación y hasta el acto sublime del voto. Desde el mismo momento en el que se nombra el llamado Poder Electoral, encabezado por Francisco Carrasquero y secundado por Jorge Rodríguez y Tibisay Lucena, se corrompió el voto y se enrareció el ambiente electoral. La  presencia del  ventajismo oficial comenzó a ser el denominador común, reflejado en la demora de la acreditación de los miembros de mesa, y al verificarse, se hace a favor del gobierno en muchas partes, atasco intencional por muchas horas de máquinas de votación, abuso del voto asistido, manipulación de algunas actas producto de la votación manual en áreas rurales, fijación apresurada del cronograma electoral,  migración irregular  de electores a pocas horas de los comicios, cierre de mesas a capricho y conteo del voto en privado, entre otros. En síntesis, cada proceso eleccionario, en ese periodo, ha sido una sistemática violación de la Ley de Procesos Electorales. Transgresiones que se fueron articulando y aumentando en la medida en que el régimen veía que, paulatina e irreversiblemente, su base electoral se desmoronaba.  En los últimos procesos, el fraude ha radicado en la distorsión de la voluntad popular con entrega de bolsas de comida y dinero en efectivo a los electores con el chantaje de identificar su voto a través del “carnet de la patria”, con la amenaza de perder esos “beneficios”, y hasta el empleo si detectaban que su voto había sido contrario al gobierno.

Antes de la Revolución de octubre de 1945; cuando se conquista el voto directo, secreto y universal; el sufragio en Venezuela era de tercer grado. Sólo votaban los hombres alfabetizados  mayores de 21 años, con un Consejo Supremo Electoral definido por el gobierno. Los fundadores de AD buscaban afanosamente la apertura al voto y el post gomecismo se negaba, no obstante, hubo participación de sus dirigentes en varios procesos. En Caracas, en 1937, Andrés Eloy Blanco, el poeta del pueblo que está cumpliendo 123 años este mes, participó por primera vez en unas elecciones municipales. Durante tres días se escrutaron los votos en el Nuevo Circo y terminaron con el triunfo de Andrés Eloy Blanco en la parroquia San Juan. En el interior del país fueron desconocidas varias victorias populares mediante aplicación del Inciso VI de la Constitución, que prohibía toda actividad comunista.

El “Padre” de Juan Bimba, a pesar de haber sido electo concejal, se percata de lo irregular del proceso, la pluma del bardo cumanés se siente juglarescamente así “Teobaldo y su burro/ fueron a la mesa electoral/ Teobaldo salió caminando/ y su burro concejal.  En ese momento, Andrés Eloy Blanco, es electo en un proceso electoral con el cual no estaba de acuerdo y por eso luchaba denodadamente por su modificación, persuadido de que en él, fundamentalmente en el interior del país, el fraude era un hecho. En siete artículos que escribió para el diario El Nacional, entre el 7 y 10-10-1943, abordó el tema del fraude electoral, con argumentos que tienen plena vigencia. Decía él que “todas las excelencias de los sistemas democráticos pueden condensarse en una sola: el sufragio efectivo, porque el voto libre es la base y condición sine qua non del edificio democrático”. Fue categórico al afirmar que “El fraude electoral puede aparecer antes del voto, en el voto y después del voto”, como actualmente ocurre en Venezuela con el actual CNE. Por ello, lo que para muchos es un mantra, para nosotros, en Acción democrática, sigue siendo la ruta de la libertad: cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres con nuevo CNE y sin Maduro.

@cesarmalave53

 

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