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Luis Fuenmayor Toro: Se adelantaron los escándalos

 

Estaba acostumbrado, en Venezuela y en el resto de Latinoamérica, a que los escándalos de corrupción gubernamentales aparecían tan pronto un nuevo gobierno tomaba el poder. Lo que había era que darle un cierto lapso para que los mismos se desarrollaran. Usualmente se generaban en los programas que todos los regímenes desarrollan en los primeros cien días de gobierno. Con Chávez, con quien algunos creímos que este tipo de situaciones delictivas desaparecerían, recuerdo que las denuncias ocurrieron desde que se comenzó a ejecutar el “Plan Bolívar 2000”. Ya desde entonces, los militares comenzaron a jugar un papel preponderante en la ejecución de las políticas públicas y en el desarrollo de las actividades delictivas contra el erario público. Se trató entonces, y se trata ahora, de la corrupción cívico militar o, mejor dicho en nuestro caso, militar cívica.

Pero ahora resulta que con los aspirantes a sucesores de Maduro, es decir Voluntad Popular y Guaidó y algunos arrimados adicionales, está ocurriendo algo distinto a lo que usualmente ocurría. Sin haber tomado el control del poder en el país, sin tener acceso a los recursos provenientes de PDVSA ni del Arco Minero del Orinoco, sin disponer de los ingresos del SENIAT ni manejar el presupuesto nacional, ya se han producido en pocos meses varios escándalos de corrupción directamente en el entorno cercano del Presidente de la Asamblea Nacional (AN). La forma autoritaria de proceder de Guaidó y su partido, más que evidente de su sorpresivo acto de auto juramentación pública, que la mayoría de los diputados de la AN desconocían, ya hacía prever la ocurrencia de hechos irregulares e ilícitos.

Cuando se actúa “a lo Chávez”, es decir en forma soberbia y autoritaria, se generan con facilidad estas situaciones, pues se designan funcionarios no por su sapiencia, eficiencia u honestidad, sino por la confianza que se les tenga o las relaciones de amistad o familiares que existan con los mismos. De éstas emana el cariño y la “lealtad” hacia el jefe o la complicidad en la realización de componendas de distinto tipo: políticas, financieras, partidistas, grupales o gubernamentales. Y éstas actúan sin ningún contrapeso y excluyendo la posibilidad de escoger subalternos y colaboradores, en función de cualidades y condiciones humanas y profesionales de real valor para el colectivo nacional. La misma tara que le impidió a Chávez, y no se diga a Maduro, tener un equipo de gobierno capaz, le ha impedido a Guaidó exactamente lo mismo en el tipo de gobierno que ha manejado.

Alguien podrá decir que lo ocurrido no se diferencia de lo que era esperable, pues Guaidó y su entorno son un gobierno, no de la nación venezolana, pero sí de los intereses partidistas y financieros que les son propios y que representan en los países, que lo reconocen como Presidente de la República, EEUU el primero y más importante de todos ellos. Nadie puede negar que el equipo de Guaidó controla los activos venezolanos en EEUU, pues para el gobierno gringo él es el Presidente de Venezuela. CITGO es el caso más claro de esta situación de control. La AN designó a una Junta Directiva de la empresa, y ésta tomó el control de la misma y ha estado disponiendo y decidiendo sobre ella. No reconocer esta situación es caer en la misma imbecilidad en que caen quienes no reconocen a Maduro como Presidente de la República, pese a que él es quien controla el aparato del Estado.

En todo caso, hay por lo menos cuatro casos emblemáticos de corrupción en el “gobierno” de Guaidó, que involucran a la AN, ya que éste es el organismo que tiene la legitimidad democrática para gobernar en nuestro país, según más de 50 países. El primero es el escandaloso caso del diputado Freddy Superlano, quien en una noche de farra con prostitutas colombianas pierde una suma importante de dinero en un hotel de Cúcuta, la cual estaba destinada a financiar el ingreso forzado a Venezuela, el 23 de febrero de este año, de la llamada ayuda humanitaria. Al parecer, tanto el diputado como un primo que lo acompañaba, y que lamentablemente resultó muerto por sobredosis, fueron drogados en el cuarto de un hotel por unas prostitutas que tienen este “modus operandi”, según informó la policía colombiana. La AN y Guaidó han hecho lo imposible por hacer olvidar lo ocurrido.

Un segundo caso,  acaecido inmediatamente después del señalado, es el del robo de parte del dinero destinado a soportar la presencia en Cúcuta de guardias nacionales, que desertaron supuestamente por estar enfrentados a la dictadura de Maduro. Los dos funcionarios, designados por Guaidó para la administración de estos fondos, aparecen como responsables de este hecho. De nuevo Guaidó y su combo se hacen los locos. El tercer caso, ya en un nivel superior, es el de los bonos de la empresa CITGO, tanto el del pago de los intereses que ya se efectuó, dizque para proteger a la empresa de sus acreedores, algo que no se logró tal y como se les alertó (CITGO acaba de perder una demanda frente a Cristallex), como el de un nuevo endeudamiento que se programa por 1.700 millones de dólares, a una tasa de interés de 9,5%, que ha sido señalada como una estafa a la nación.

El último caso, el más grave, es el de los juicios por la demanda de la empresa Cristallex contra CITGO, que se pierde en primera instancia y se acaba de perder en apelaciones, donde actuó el “Procurador” José Ignacio Hernández designado por Guaidó, quien había sido testigo “experto” de la empresa canadiense en su juicio contra CITGO. Dicho más claramente, el defensor de los intereses de Venezuela (el Procurador) en relación con CITGO es la misma persona que le sirvió a Cristallex como testigo experto para ganarle la demanda a nuestra empresa. José Ignacio Hernández no ha debido ser designado Procurador, pues existía un claro conflicto de intereses. Esta situación, además del propio Hernández, la conocían Carlos Vecchio y Juan Guaidó desde marzo de este año, y la AN fue alertada sobre el conflicto de intereses antes de la designación del experto de Cristallex como Procurador de Venezuela.

Las náuseas me dificultan seguir escribiendo.

 

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