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Enrique Meléndez: Sin quórum Foro de Sao Paulo

 

No les vino nadie al famoso Foro de Sao Paulo. Quizás al gobierno le hubiera convenido más hacerlo en Nicaragua o en Cuba; por ejemplo, que aquí en Caracas; tomando en cuenta que debe resultar penoso venir a un país, que se encuentra en una situación de emergencia humanitaria. Es como ganarle la guerra dos veces a un vencido; pues para nadie es un secreto que el venezolano huye de su país: las cifras hablan de un número cercano a los cinco millones de compatriotas, que ha salido por todas nuestras fronteras; huyéndole al hambre.

Aunque el sujeto de izquierda, en el fondo, no tiene paz con la miseria; por aquello de que se siente marginado de la sociedad; que su bienestar social se lo han arrebatado los ricos y, en ese sentido, clama por la justicia, y que era la famosa deuda social, de la que hablaba Jorge Giordani. La más alta expresión de esta ideología populista la constituyó Juan Domingo Perón, y quien le puso a su partido el nombre de Justicialista; un gobierno que precisamente estaba llamado a arruinar a la Argentina; después de haberse perfilado como una de las potencias del mundo a comienzos del siglo XX.

Primero, es gente que ve las perspectivas desde un punto de vista planimétrico; sin horizonte alguno. Es decir, son inmediatistas, y su gobierno se basa en dar órdenes. Ordenan aumentos de sueldos o reivindicaciones laborales en forma compulsiva; sin tomar en cuenta estadísticas sobre la producción y la productividad del país, y lo que al final los pone a chocar con la realidad; es más, hasta se empeñan a ir contra esa realidad, y que fue lo que sucedió con Perón que, por esta vía, quebró a la empresa privada de su país, y desnaturalizó un proceso de modernización, que había arrancado con una elite política; a la cabeza de Domingo Faustino Sarmiento; quien había sido ministro de economía de Jefferson en los EEUU, y había ganado las elecciones en su país, como dato curioso, desde esa posición; quien había sido muy influido por la cultura del progreso, es decir, por la cultura de la ciencia y de la técnica; lo que había dado lugar a un desarrollo industrial, que estaba llamado a codearse con el de las grandes potencias del momento.

Argentina estaba condenada a triunfar en el concierto de las naciones; sólo que no estaba en el programa ese populismo rastacuero de Perón, y así que para la década de 1950 nos encontramos con un país tan mísero; como al que nos traído el populismo chavista; un país también condenado a triunfar; pero con el resentimiento de haber sido un pueblo sometido, y en donde están muy latentes los prejuicios derivados de la estructura de clases, que se formó durante el proceso de colonización.

No se pase por alto que nuestra cultura nace de un hecho violento; un sincretismo a la fuerza; un mestizaje cultural, entendido en todo el sentido de la palabra, es decir, mezcla de razas, mezcla de lenguas, mezcla de usos y costumbres, mezcla de religiones; todo eso fue impuesto a la brava, de acuerdo a nuestra visión de mundo; lo que ha impedido que haya una integración social; que es lo que nos ha llevado a sentir que el enemigo lo tenemos al lado, y no al frente, y de allí nuestras guerras intestinas, en las que nos hemos disgregado, en lugar de haber fomentado una sociedad homogénea que apunte a eso que se planteó Sarmiento, sin mezquindades y sin envidia, a propósito de lo que ha edificado nuestro hermano.

Recuérdese aquel Chávez proclamando al comienzo de su gobierno: ¡Venezuela se cae a pedazos! Por supuesto, sin saber lo que decía, y que es lo que le saca todo el que conoce su historia; es decir, la historia de niño, que nació en el hogar de unos padres muy humildes: maestros de escuela, y a quien la democracia le permitió formarse; pues si algo hay que agradecerle a esos gobiernos constitucionales, que se sucedieron durante su infancia y su adolescencia fue el fomento de la educación; a despecho de un gobierno como el de Marcos Pérez Jiménez; que se basó en la construcción de obras faraónicas, a propósito de sus ambiciones cesaristas, y de allí su impronta permanente en nuestro subconsciente colectivo; pues de otro modo Chávez no hubiera podido llegar a la Academia Militar, y luego llevar una vida de oficial mucho más digna, que la que lleva hoy en día un colega suyo de las nuevas generaciones, si es que no está en las mafias saqueadoras de este país.

La realidad es que la que se cae a pedazos, sin duda alguna, que es Venezuela; luego de este tránsito de una gran injusticia; que, al final, termina siendo este populismo ramplón; que no deja de estar en nuestro presente, y que se manifiesta de un momento a otro; como acaba de suceder en México con el caso de López Obrador, para sorpresa del mundo entero, y el que va camino a la ruina, Dios quiera que no, como lo vaticinan algunos; de acuerdo a lo que hasta ahora ha mostrado este señor; comenzando por el hecho de solicitarle a España, que pida perdón por la colonización que acometió en nuestro continente. El hecho es que nuestro país está impresentable en la actualidad; sobre todo, porque constituye el ejemplo patético de fracaso del llamado Socialismo del Siglo XXI, y el que le dio mucha vida a ese Foro de Sao Paulo; cuando entonces había una potrochequera, como se decía en su momento, dispuesta para todo.
Esta cara de la realidad venezolana, por una parte, y, por la otra, el informe Bachelet, que terminó echándole la burra para el monte; tomando en cuenta lo mal parado, que ha dejado a Maduro; sobre todo, en lo relativo a la violación de los derechos humanos; aparte de los señalamientos sobre la situación de crisis humanitaria; que se vive en todos los sentidos; razón que explica la no asistencia de nadie al foro; siendo lo más macabro el hecho de que las figuras más notables fueron dos guerrilleros colombianos.

melendezo.enrique@gmail.com

 

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