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Juan Antonio Sacaluga: India; En la senda del dios rama

 

No le dedicamos suficiente tiempo a la India, una gran potencia del siglo XXI a pesar de sus debilidades estructurales pertinaces. El país que pronto desbancará a China como el más poblado de la tierra parece haber tomado un rumbo inquietante, en consonancia con el auge del nacional-populismo globalmente dominante.

El Bharatiya Janata Party, una formación nacionalista extrema, basada en la noción de la hegemonía hindú (Hindutva) en los dominios étnicos y religiosos, consolidó su poder, en las elecciones generales celebrada durante casi tres meses, la pasada primavera. El sistema electoral, de corte mayoritario, ha favorecido que, con apenas un tercio de los votos, el BJP revalidara e incluso ampliara la mayoría absoluta obtenida ya en 2014. El Partido del Congreso ha sufrido dos humillantes derrotas consecutivas que le dejan por debajo de los 50 escaños en la Lok Shabha (Parlamento), pese a contar con un 20% de los sufragios. Rahul, el último de la dinastía Gandhi, se ha retirado de la vida política, en la que nunca se sintió a gusto.

El primer ministro, Narendra Modi, se afianza como líder de este movimiento nacional-religioso que parece haber conquistado el corazón de una corriente creciente de ciudadanos, ante el fracaso de otros discursos desarrollistas, integracionistas, cosmopolitas y globalistas, en las décadas anteriores. La herencia de Gandhi se esfuma, en un inmenso país plagado de contradicciones, desigual como pocos, acechado por la violencia, la corrupción y el fanatismo.

Un nacional-populismo ancestral

La inspiración del actual movimiento nacional-populista indio tiene raíces ancestrales. La organización que sirve de sustento ideológico y de vivero de dirigentes e interpretes de las supuestas esencias étnico-culturales es el Rashtriya Swayamsevak Sangh (RSS), que se puede traducir como Asociación de Voluntarios Patrióticos. La penetración de esta entidad en la administración, la vida social y las instituciones es cada vez más amplia. Ejerce un verdadero poder en la sombra y proporciona el diseño del proyecto político de Modi y de los estrategas nacionalistas que han visto en él una figura popular y populista capaz de ejecutar los designios históricos del nacionalismo extremo indio (1). Sus seguidores más enfervorecidos ven en él un intérprete del dios Rama, el más popular del panteón indio, avatar del Dios supremo Visnú.

Esta deriva nacionalista, étnica, cultural y religiosa implica la negación práctica de los elementos definitorios de la India moderna: la pluralidad, la diversidad y la tolerancia. En la India conviven (hasta la fecha) pueblos de muy distintas raíces y razas, se observan una docena de religiones y se hablan 22 idiomas y miles de dialectos. La armonía nunca ha sido fácil. Los estallidos de violencia han sido recurrentes y, en ocasiones, muy graves. Uno de los proyectos más inquietantes del BJP es la restricción de la condición nacional, mediante la manipulación del censo o Registro Nacional de Ciudadanía. Ya se ha aplicado en algún estado y se anuncia su extensión a todo el territorio nacional. Sólo budistas y sijs (más adaptables a la hegemonía hindú) serían ciudadanos de pleno derecho. Los componentes del resto de las etnias pasarían a la condición de inmigrantes y verían restringidos sus derechos como ciudadanos (2).

El mayor riesgo reside en la cada vez más tensa convivencia entre la mayoría hindú y la minoría musulmanes, que reúne a 200 millones de ciudadanos, el 15% de la población del país. Los desafíos, amenazas e intimidaciones en el vasto territorio indio son constantes. El propio Modi, cuando era el jefe del gobierno del Estado de Gujarat, fue como mínimo negligente durante una de las matanzas de musulmanes más oprobiosas de los tiempos recientes (2001).

Las decepciones del oportunismo económico

Aunque la agenda étnico-cultural-religiosa es el motor del proyecto político del BJP, bajo la tutela de la RSS, la victoria de Modi hace cinco años se debió en gran parte también a su apuesta por una reforma económica en profundidad. Como ha ocurrido en otras latitudes donde se ha impuesto el nacional-populismo, las invocaciones a la recuperación de la grandeza nacional vinieron arropadas en promesas de prosperidad y riqueza (3).

Frente a una liberalización contradictoria y plagada de frenos derivados de los intereses corporativos, funcionariales e institucionales que caracterizaron la reforma impulsada por el Congreso a comienzos la década de los noventa, el programa del BJP apostaba por un mayor peso del sector privado, la defensa de los pequeños productores, la reducción del gasto público y el fomento de la inversión extranjera. En definitiva, un enfoque liberal, aunque pálido, muy contaminado por las exigencias nacionalistas y lastrado por la debilidad del Estado para aplicar reformas efectivas.

El primer mandato de Modi fue muy deficiente en materia económica. El desempleo se ha elevado del 2% al 6%, el más alto en décadas. La política fiscal es enormemente ineficaz: el peso de los impuestos en el PIB es del 17%, el más bajo, con diferencia, entre las potencias emergentes. El crecimiento es muy inferior al prometido a bombo y platillo por el BJP. Algunas decisiones puntuales, como la retirada de la circulación de los billetes de menor valor, han sido especialmente desastrosas, pese a que el gobierno ha podido controlar la inflación (4).

En política exterior, el nacional-populismo ha generado nuevos escenarios de fricción con los vecinos (Pakistán, naturalmente, como enemigo preferente) y rivales históricos (China), o de incertidumbre con los aliados naturales (los países neutrales o no alineados) o inciertos (Estados Unidos). La India quiere ser una potencia indiscutible en el siglo XXI, pero el proyecto político dominante se corta sus propias alas. El país pujante de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación se atasca en una introspección cultural y religiosa y renuncia al crucial elemento del soft-power como factor de influencia mundial. El repliegue sobre valores tradicionales arcaicos e incomprensibles fuera de la India limita su despliegue mundial (5).

Notas

(1) “The BJP in power: Indian democracy and religious nationalism”. MILAN VAISHNAV. CARNEGIE ENDOWMENT FOR INTERNATIONAL PEACE, 4 de abril.

(2) “The battle for Indial soul”. MILAN VAISHNAV. FOREIGN AFFAIRS, 6 de mayo.

(3) “The Modi mirage”. GURCHARAN DAS. FOREIGN AFFAIRS, 11 de abril.

(4) “India faces a looming disaster”. SUMIT GANGULY y JAI SHANKAR PRASAD. FOREIGN POLICY, 27 de julio.

(5) “Troubles aplenty: foreign policy challenges for the next Indian government”. ASHLEY J. TELLIS. CARNEGY ENDOWMENT FOR INTERNATIONAL PEACE, 20 de mayo.

(6) “India 2024. Policy priorities for the new government”. SHAMIKA RAVI ( Directora de investigación del departamento indio). BROOKINGS INSTITUCIÓN, 17 de mayo.

(7) “No country for strongmen”. RUCHIR SHARMA. FOREIGN AFFAIRS, marzo-abril 2019.

 

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