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Expertos en negociación sostienen que intervención militar en Venezuela es poco probable

 

Los investigadores estadounidenses David Smilde y Abraham Lowenthal destacaron la importancia de que potencias internacionales se involucren en la búsqueda de salidas a la crisis venezolana, siempre que no se pongan por encima de los actores locales. Afirmaron que la negociación de Barbados es parte del proceso acumulativo de búsqueda de soluciones que aun si fracasara, serviría de escalón para otros mecanismos.

Maru Morales / CrónicaUno

Convocados por el Centro de Estudios Políticos y de Gobierno de la UCAB, los expertos en resolución de conflicto, negociación y transiciones políticas a la democracia Abraham Lowenthal y David Smilde, coincidieron en descartar la posibilidad de una intervención militar extranjera para salir de la crisis venezolana.

Las razones para tal afirmación son múltiples, y todas basadas en la investigación de una decena de procesos de transición de gobiernos autoritarios a la democracia en el mundo.

En un encuentro con la prensa, vía teleconferencia, explicaron que, desde el punto de vista de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos y de la opinión pública de ese país, está prácticamente negado el envío de tropas a Venezuela para una intervención militar por el gasto que ello implica en términos económicos, y porque de experiencias anteriores «han aprendido que ese tipo de acciones puede prolongarse en el tiempo mucho más de lo deseado», dijo Lowenthal.

Por otra parte, una intervención militar en Venezuela –tal como ha ocurrido en países con conflictos armados– no frena el éxodo de personas, sino que lo impulsa.

Ambos analistas señalaron que la crisis venezolana es ante todo un problema regional por las consecuencias que está generando la migración, y restaron peso a la matriz de opinión según la cual Venezuela es una amenaza regional por sus vínculos con grupos terroristas como el ELN o Hezbolá.

En otras palabras, si tanto la Unión Europea como el Grupo de Lima se han manifestado en contra de una intervención militar en Venezuela, una acción de esa naturaleza, en solitario, por parte de Estados Unidos no solo causaría rechazo de los otros gobiernos aliados del presidente encargado, Juan Guaidó, sino que potenciaría la crisis migratoria regional.

Una intervención militar empeoraría las carencias y problemas dentro del país y complicaría aún más las economías de los países vecinos que cargan con el peso de más de 4 millones de venezolanos que llegaron a sus territorios de forma inesperada en los últimos cuatro años, colapsando sus servicios de salud, educación y empleo en las zonas de frontera y en las principales ciudades.

Intereses extranjeros

Consultado sobre si el caso venezolano se ha convertido en un asunto de geopolítica mundial por los intereses de factores como Rusia, China y Estados Unidos, Lowenthal señaló que tal involucramiento de potencias extranjeras puede ser visto como un plus en la consecución de una salida pacífica, siempre que la participación internacional no pase por encima de los actores internos.

«Hay que pensar en la activación de estos países no como un peligro, sino entender que cada factor tiene intereses por los cuales apoyaría una solución negociada. Son intereses que deben ser explorados e impulsados. A China le interesa acceder al petróleo, hacer negocios, hacer préstamos y recibir el pago por esos préstamos. Seguramente desde hace tiempo China ha visto que la situación de Venezuela pone en riesgo sus intereses, los pagos y quiere una solución negociada. Cuba ha sido un aliado fundamental de Chávez y de Maduro. En 2019 los intereses de Cuba son estabilidad en la región, que se respete la soberanía territorial de sus vecinos y de ellos, y acceder a petróleo para cubrir su demanda interna. Los cubanos son realistas y Canadá y la UE han visto esos intereses y se han acercado a Cuba en el contexto de la crisis venezolana», indicó Lowenthal.

Agregó que Rusia está interesada en seguir siendo vista como una potencia cuyas opiniones cuentan y que quiere ser parte de la solución; mientras Colombia y Brasil, así como los demás países del continente, necesitan frenar la migraciónEstados Unidos, dijo Lowenthal, quiere estabilidad democrática, seguridad regional y petróleo para su consumo interno.
«La comunidad internacional es muy importante, pero no puede imponerse a los actores domésticos venezolanos. Tiene que haber participación e involucramiento de todos los sectores en el proceso de la transición», acotó Smilde.

Barbados, un proceso acumulativo

Smilde saludó como positiva la decisión de Noruega de involucrarse en la búsqueda de soluciones a la crisis venezolana, por su experiencia en procesos anteriores y porque ha mantenido una posición neutral que ofrece confianza a las partes en conflicto.

Resaltó que el método noruego se basa en cuatro elementos muy sencillos, pero efectivos hasta el presente: el hermetismo de las conversaciones; el sacar a los actores de su territorio y sentarlos en un país neutral –lo que contribuye a bajar la presión de la opinión pública sobre los voceros de lado y lado– y lograr minimizar los ataques de las partes al mecanismo de mediación en sí mismo.

Los procesos de resolución de conflictos se van sumando como experiencia. Es un proceso acumulativo”, dijo Smilde.

Recordó que en el caso venezolano este es el cuarto intento de solución: el primero fue en 2014, un diálogo en Miraflores ante las cámaras de televisión donde las partes se atacaron directamente. El segundo fue en 2016 con representantes internacionales como veedores de un diálogo entre oposición y gobierno; a pesar de que hubo compromisos del gobierno, no existió un mecanismo de seguimiento y cumplimiento, por tanto el gobierno incumplió y aquello tampoco avanzó.

El tercer proceso se realizó entre 2017 y 2018 y contó con países comprometidos con ambos sectores, con reuniones fuera de Venezuela, con una hoja de ruta planteada por los actores internacionales, pero que finalmente el gobierno de Maduro implosionó al perseguir a los partidos sentados en la mesa y convocar elecciones presidenciales anticipadas.

En tal sentido, Smilde sostuvo que si bien no se puede garantizar que las negociaciones en Barbados concluyan con un acuerdo de resolución satisfactorio para las partes, aun en caso de que fracasara, abriría las puertas para otros mecanismos u otras soluciones, las cuales, enfatizó, deberían responder al clamor de la mayoría de los venezolanos: una solución pacífica y sin intervención militar.

La reconciliación necesaria

Otro de los aspectos abordados por Lowenthal y Smilde tuvo que ver con el proceso posterior al logro de un eventual acuerdo para hacer elecciones o conformar un gobierno de transición: la reconciliación necesaria.

Explicaron que ningún proceso de transición es exitoso si los dirigentes no logran hacer ver a los ciudadanos la importancia vital de reconciliarse como nación.

En un artículo firmado por ambos titulado Venezuela: «¿Hay una salida a este trágico impasse?», traído a colación durante el encuentro con la prensa, los expertos señalaron que ese éxito tiene que ver con «no aferrarse a posiciones maximalistas y entender que la oposición no debe demandar demasiado, debe ser capaz de aceptar resultados parciales y a veces insatisfactorios; que deben ponerse sobre la mesa incentivos y promesas creíbles de que no habrá una venganza generalizada; debe entender la sociedad que en una autoridad transicional deberán estar representadas todas las partes; y que las fuerzas militares y policiales deben ser reconocidas como actores del proceso y a la par trabajar en el reforzamiento de su subordinación al poder civil».

Los expertos enfatizaron ademas en la importancia de la creación de un sistema de justicia transicional que permita a las víctimas ser reparadas.

Hay muchos casos exitosos de reconciliación. No es fácil, pero es posible. Es importante documentar todas las violaciones y llegar a la justicia hasta donde se pueda, no promover una justicia total”, dijo Lowenthal.

Citó el caso chileno donde el presidente electo democráticamente Patricio Alwin, sucesor del dictador Augusto Pinochet, pese a haber sido aconsejado de no abrir las investigaciones sobre las violaciones de los derechos humanos, aceptó los riesgos y conformó la Comisión de los Derechos Humanos y la Reconciliación Nacional.

«No hicieron presos a todos. No hicieron presos a muchos, pero sí lograron llevar a determinadas figuras ante la justicia. Con el paso de los años han podido usar los principios de la comisión para perseguir judicialmente a otros responsables. Cundo en Venezuela hay voces que se niegan a la reconciliación, eso es contraproducente. Hay que abrir la mente para ver cómo resolver los problemas», dijo Lowenthal.

Consultados sobre cómo conciliar la promesa de no venganza con la necesaria justicia transicional, Smilde acotó: «Me parece fundamental que el Grupo Internacional de Contacto de la Unión Europea se ha ofrecido para trabajar en las garantías a futuro. Incluso la ONU, a través de su secretario general, ha dicho que está dispuesta a involucrarse en un proceso posterior a la mediación. Eso es importante para lograr esa conciliación».

 

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