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Guarino: «la Bolsa de Valores ya no es un club de amigos sin piscina»

 

No es la primera vez que el mercado de valores -como hay que llamarlo a partir de la ley de 2010- está a las puertas de dar un «gran salto», o por lo menos cimentar un desarrollo sostenible, más allá de los vaivenes de las coyunturas económicas.

Armando J. Pernía / Banca y Negocios

La consolidación del desarrollo de este mercado ha sido una especie de «santo grial», en cuya búsqueda siempre han existido «cruzados» dispuestos a «evangelizar» y propagar la «buena nueva» que encierra la Bolsa de Valores de Caracas.

Lo cierto es que en los últimos dos años, algunos han vivido la «buena nueva» en un mercado que hasta marzo pasado permitió proteger los capitales de la hiperinflación y que todavía puede ofrecer una cobertura suficiente contra la devaluación del bolívar. Y si la velocidad de los precios sigue desacelerando, es posible que el IBC también vuelva a superar a la inflación.

Según los datos de Interbono Casa de Bolsa, al cierre de junio, el Índice Bursátil Caracas (IBC) registró una alza de 1.038,35% en el primer semestre, mientras el precio promedio del dólar paralelo subió 908,54%. 

En el mes de junio invertir en acciones cotizadas en la Bolsa de Caracas fue el segundo mejor negocio en el país después de comprar divisas, con una ganancia de 18,44%, contra el rendimiento promedio de 22,71% que dio la adquisición de dólares.

José Ignacio Guarino, presidente de Interbono, es uno de esos «cruzados», pero no es un»encantador de serpientes» para los que no existen los riesgos y el mercado bursátil es un secreto bien guardado. Al contrario, sostiene que es el momento cuando los actores del mercado de valores deben hacer las cosas de manera distinta a como se hicieron en el pasado. Llegó la hora de asumir los errores y aprender de ellos para que esta vez -esta vez, sí- el mercado consolide un desarrollo de largo plazo.

Banca y Negocios: -Estamos en una coyuntura compleja, entre otras cosas, por la restricción de liquidez que ha reducido agresivamente el crédito bancario. En consecuencia, y más allá de la rentabilidad, qué opciones ofrece el mercado de valores a empresas que eventualmente pueden requerir financiamiento.

José Ignacio Guarino: – Si es una Pyme tiene un camino abierto por la ley vigente, en la que hay un capítulo sobre la entrada de Pymes en el mercado. Y si es una empresa más grande, también tiene un camino; de hecho, en estos dos años hemos batido récord de aprobaciones de emisiones. En lo que va de 2019, tenemos más de 40 de emisiones de actores no convencionales. Por supuesto, hay problemas, pero se está haciendo un esfuerzo para superarlos. Estamos en un momento adecuado para que las empresas hagan el ejercicio de financiarse en este mercado.

«Incluso si se supera el estado de hiperinflación, y quedamos con una inflación alta, los costos seguirán siendo competitivos para el emisor y, por el lado de la demanda, los fideicomisos y las cajas de ahorro son los clientes naturales para estos títulos; de manera que, en este sentido, el mercado está como calzado. En este momento, los tesoreros que no son solamente pagadores deberían ir al mercado de valores en las dos modalidades, tanto para conseguir cobertura y para buscar los recursos que puedan necesitar».

– ¿Y dónde está el nudo? ¿Por qué no llegan más empresas a emitir en la Bolsa? Aparte, claro, del hecho evidente de que tampoco en ese mercado hay grandes volúmenes de liquidez…

– Al mercado le falta mucho en normativa, en más productos, tiene altas concentraciones de títulos, el Índice Bursátil está compuesto por 10 acciones y siete son del sector financiero, tenemos solo 28 casas de bolsa y una sola concentra 52% del mercado. No hay cultura en las empresas, porque no ven el área de oportunidad, ya que los ejecutivos no quieren estar “expuestos” en el Registro Nacional de Valores, y no quieren abrir los libros por temor a la presión tributaria, y además, porque 90% de las empresas que quedan son Pymes, compañías familiares o son emprendimientos. Yo siempre me he preguntado qué pasaría si Polar cotizara en Bolsa, o Pastas Capri, que estuvo a punto de hacerlo, pero a última hora el consejo de familia decidió que no.

– Y ante ese cuadro qué está haciendo el mercado para conseguir esos clientes emisores.

– La necesidad ha llevado a que nosotros, de alguna manera, expongamos las ventajas del mercado, no salíamos a buscar a esos clientes, sino para venderles permutas. No había la necesidad, pero ahora la hay. Una permuta se montaba en dos días, y una emisión tarda mucho más. Y para las tesorerías era mucho más fácil acceder a fondos en Venezuela. Matamos muchas buenas iniciativas. Esa es la verdad.

«Las empresas tenían financiamiento barato y dólar preferencial. Llegamos a una economía real, se acabaron los subsidios, estábamos en una burbuja que reventó, por lo que, tanto nosotros como las tesorerías, los empresarios y los emprendedores, tenemos que asumir una actitud diferente, y quien no lo vea, pues estará perdido».

– ¿Guerra de tasas? –

José Ignacio Guarino sostiene que las tasas de interés efectivas que cobra la banca generan incentivos para acudir al mercado de valores, y advierte que se puede producir una «guerra de tasas», un fenómeno para nada deseable, porque hay casas de bolsa que están apuntando a rendimientos más elevadas, pero aún a 40% serían competitivos en este escenario.

Pero, hay otras ventajas por considerar, como la versatilidad del mercado de valores para encontrar opciones. Un buen ejemplo es el ejercicio de titularización de existencias del alcohol que realizó Ron Santa Teresa.

«Resulta que el alcohol necesita dos años de añejamiento antes de la fabricación del ron, por lo que la gerencia de Santa Teresa decidió monetizar un activo que iba estar parado dos años, y era una operación redonda, porque cuando este colateral se pudiera rentabilizar, el repago estaba garantizado. Eran 4.000 millones de bolívares, pero la restricción de liquidez hizo inviable colocar los papeles. La restricción de liquidez es un gravísimo problema para todo el sistema financiero», señala Guarino.

– La Bolsa, en el terreno de la esperanza –

José Ignacio Guarino, presidente de Interbono Casa de Bolsa, dice que la Bolsa es un «oasis» y puede que tenga razón en un país donde los mercados han dejado de existir, pero él mismo pone las cosas en su lugar, cuando señala que la capitalización -cantidad de acciones en circulación por sus precios- es inferior a 5%, cuando llegó a cerca de 20% en 1992.

El mercado de valores representa 0,001% del PIB, estimado para este año en unos 75.000 millones de dólares. En promedio, se transa 1.000.000 de dólares al mes, mientras en San Salvador se mueven 20 millones al día, solo para tener una referencia.

Es verdad que el mercado tiene sus historias de éxito. Guarino habla de inversionistas pequeños con colocaciones de 50 dólares que ahora cuentan con 350 dólares, u otros más grandes que invirtieron 3.000 dólares en junio pasado y ahora tienen 40.000.

El problema es que hay acciones de empresas estatizadas que funcionan con infinidad de problemas y de compañías privadas que incluso están prácticamente paralizadas, cuyos precios siguen subiendo constantemente sin que existan elementos racionales que expliquen ese fenómeno.

Por ello, un inversionista que entra en la BVC debe tener un buen estómago para el riesgo. Guarino sostiene que buena parte de las apreciaciones de acciones de empresas se explican por la percepción.

«Muchas personas tienen el temor de que exista una burbuja, muchos se preguntan por qué empresas como Envases Venezolanos, Dominguez & Cía, o Manpa, que está parada, no dejan de subir. Entran en juego las expectativas de las personas, tenemos un efecto de expectativas positivas desde 24 de enero. Algunos, los optimistas, dicen que estas empresas están sobrevaloradas. Yo, en cambio, creo que el valor de una empresa está íntimamente relacionado con su flujo de caja, porque los activos no valen mucho, sobre todo en este mercado, pero hay otros que apuestan por los cambios, aunque sea cosméticos», dice Guarino.

– El problema está en las condiciones del país y en cómo el mercado responde a ellas. Por muchos años, la Bolsa se conformó con ser un mercado pequeño, pero rentable, que era operado por un «club de amigos», y que se ocupaban de las operaciones más fáciles. ¿Eso qué tanto ha cambiado?

– La gente no sabe que con un portafolio puede construir un fondo para la educación de sus hijos, o un fondo de retiro. Cuando le dije a mi mamá, que es economista y licenciada en Ciencias Fiscales, que quería ser corredor de bolsa, ella lloró porque yo me iba a meter a malandro. Esa es la percepción que aún existe sobre el mercado de valores, que es un mercado de malandros, que es poco transparente, que es un mercado de azar, o que es un club de amigos. Y esto último ya no es cierto, porque la Bolsa de Valores se desmutualizó en marzo de 2017. Antes, efectivamente, era un club sin piscina de 23 amigos, que se cruzaban las operaciones. Al desmutualizarse la Bolsa tiene más de 570 acciones, ya desapareció el mito del puesto que costaba millones de dólares.

«Tenemos que asumir con humildad todo lo que hemos hecho mal y lo que hemos dejado de hacer. Reconocer que cometimos el error de no tener un gremio. En la banca tienen un gremio donde se reúnen y llegan a acuerdos, más allá de la competencia y los conflictos. Nosotros ni siquiera tenemos reglas de convivencia, se pueden sindicar los cuatro o cinco primeros, no ha habido relevo gerencial en la Bolsa, pareciera que la última crisis no nos dejó nada. Hay algunos que quieren mantener las ´rosquitas´, pero eso tiene que terminar y está terminando, pero no es fácil», asevera Guarino.

En todo caso, la BVC reporta que, en 2018, aumentó en 10% el número de inversionistas retail -pequeños y no profesionales-, lo que constituye un resultado llamativo. Quizás, un nuevo inicio de un mercado que ya ha recomenzado varias veces.

Es posible que esta crisis, tan dramática como inédita, haga posible que el país cuente con el mercado de capitales que necesita para crecer y, lo más importante, que ese crecimiento no sea cíclico. El trabajo de los nuevos «cruzados» es duro, porque la desconfianza es sinónimo de responsabilidad cuando se debe racionalizar la codicia.

 

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