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Rafael del Naranco: Recordando a Uslar Pietri

 

¡Cuanta falta nos hace en estos días aciagos la voz y sabiduría de Arturo Uslar Pietri!  El tenía una visión de Venezuela caleidoscópica y fue permanentemente visionario, reflexivo, pluralista, claro en la multiplicidad de los sucesos del país, y anunciador en los últimos años de su vida de la tromba de males que comenzaban a cernirse sobre esta antigua “tierra de gracia”.  Leer sus ensayos ahora es enfrentarnos a las duras verdades que como pueblo siempre hemos querido ocultar.

De Uslar  mantengo el recuerdo de la conciencia diáfana, portentosa, transparente… Lo visité en diversas ocasiones en su casa de la Alta Florida, y allí,  en sus últimos años, parecía un ermitaño; no del verbo ni de las palabras,  que en él fluían punzantes, sino a  razón de la desesperanza que ya nos rodeaba.

Hablar con él era  acudir a un cinematógrafo, al proyectarnos  la dádiva descriptiva de los hechos cotidianos  con la dinámica de una película.

Pocos intelectuales tuvieron  tan arraigado el sentido de lo que fue, pudo ser y no es Venezuela. La nación le  dolía hasta el tuétano, y la sensatez de sus pensamientos, cuando explayaba su desencanto ante una nación destruida por iluminados,  fue evidente y certera.

Le asustaba Hugo Chávez al ver en su figura cuartaria  a    un hombre con una ambición de poder ilimitado. Hoy, desgraciadamente, sí lo sabemos: destruir el pasado y levantar el futuro sobre escollos de frustraciones,  malquerencias y desaires.

El autor de “Las lanzas coloradas”  fue la cognición más real de  esta heredad criolla  cubierta de brunos nubarrones, cuya moral se volvió resina resbaladiza empujando  sus cuantiosas frustraciones.

De Venezuela expresó: “Un país  donde se dilapidan  miles de millones de dólares como si fuera pólvora de fiesta. Una nación llena de prosperidad  bajando a la ruina más doliente.”

Fueron  dardos que ahora mismo se levantan sobre una realidad  matizada de consternación.

Cierta vez  dijo: “Ni se es viejo ni joven, se vive”.  Ramalazo directo  hacia los cansados de espíritu.

“La gente  vive de rutina y desea una existencia quieta y tranquila. Hay algo muy curioso: los animales no se jubilan, ni tiene vacaciones, ni sábados ni domingos, porque la naturaleza nos hizo para luchar las 24 horas del día. El hombre fue el que inventó estas cosas trágicas, que puede vivir sin trabajar y sin producir. Mentira”.

Recordamos a Carlos Castaneda, el brujo de los desiertos de Arizona y el norte de México, muerto alguna vez en alguna parte. En su libro emblemático, “Las enseñanzas de don Juan”,  donde un chamán indio hablaba de la energía humana, la cual todo lo puede, nos  hizo recordar de Uslar Pietri  aquella vitalidad perenne, esa fuerza interior tantas veces mencionada por los dioses, los que se hicieron humanos y los otros.

Ya sin sus “pizarrones”, la nación hace tiempo se ha quedado más huérfana que nunca, y ante tanto desasosiego, y un gobierno de Nicolás Maduro ofuscado en los malos vientos, necesitamos de su voz sobre las páginas de “Tierra venezolana”, para renovar   el pundonor y levantarlo de su adormecido letargo.

 

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