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Oscar Morales: Solo pueden ser obras del maligno

 

¿Quién con 3 pizcas de cordura pudiera negar las extrañas y dolorosas muertes del concejal Albán o el capitán Acosta Arévalo? ¿Quién pudiera desconocer la injusticia que se cometió contra Franklin Brito o el atropello visceral contra Óscar Pérez? A decir verdad, difícilmente un venezolano tendría argumentos para desmentir las atrocidades de las fuerzas del Estado y toda la crueldad que se ha vertido a la disidencia política.

David Placer, en sus libros “Los Brujos de Chávez” y “El Dictador y sus Demonios”, ha documentado el nexo que tiene el chavismo -y el madurismo- con la santería, el espiritismo, la hechicería y todos sus derivados. En los trabajos de Placer, están detallados los rituales con los babalawos, la lectura de las cartas, la invocación de ánimas e innumerables prácticas del mundo esotérico. Después de analizar esas páginas,  sobra evidencia para convencerse -definitivamente-  que la depravación con la cual actúa el régimen dictatorial de Maduro, pudiera deberse a que operan con la ayuda de las fuerzas del mal.

Después que ha ocurrido tantas tragedias consecutivas en nuestro país, uno termina persuadido de esta tesis de la santería y no le queda más opción que creer que estos conjuros han despertados demonios  para controlar Venezuela; han invocado un sinnúmero de espíritus para mantenerse en el poder y todo son obras del demonio, como dicen las abuelas.

Es que la desesperación ha llegado al máximo nivel y uno pregunta: ¿Qué carajo más tiene que ocurrir? Aparentemente, el país necesita un exorcismo masivo e intensivo para liberarnos de estos tormentos, porque hemos hecho mil cosas para desatarnos de todos los males y no tenemos muchos resultados exitosos. Al contrario, todos los días hay nuevas ejecuciones extrajudiciales, se conocen más horrores, aparecen más crímenes y pareciera que se normalizara la maldad. Esto no puede ser otra cosa que ´posesiones´ del espíritu maligno en las esferas del poder, dicen muchos.

Existen tantas razones para creer -o no creer- que Venezuela está conjurada. Basta leer todas las noticias diarias que en cualquier otro país empujaría al Presidente a renunciar, pero aquí “ni pío”. Por ejemplo: los sobrinos de la pareja presidencial vinculado con el narcotráfico; los incontables casos de tortura y persecución política; nos prometieron un sistema ferroviario que cruzara el país y lo que germinó fue la banda criminal del “Tren de Aragua”; nos prometieron convertirnos en una potencia agroalimentaria y solo lograron hacernos dependientes de una caja con alimentos importados y, además, nos dijeron juraron que no existirían niños en la calle, pero hoy nuestros infantes sufren de una desgarradora desnutrición sin perdón.

Los expertos en trabajos esotéricos dicen que aquellos practicantes de la santería no salen ilesos, pues, cuando sueltan los espíritus, después estos son incontrolables, y el culto que le rinden les ata por el resto de sus vidas, porque “los santos cuestan”.

Parece que sí y parece que no, pero si el diablo anda suelto, seguro que tiene todos los salones de Miraflores ocupados. Quien siembra vientos, cosecha tempestades, dice el refrán. Es fuerte la afirmación, pero solo puede ser obras del maligno. ¡Qué DIOS nos ayude! Nadie más poderoso que ÉL.

 

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