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Rafael Simón Jiménez: Como derrotar a los totalitarismos

 

Cuando se diseña una estrategia  para confrontar  con éxito, a los regímenes despóticos y autoritarios, lo primero que hay que hacer es analizar su morfología y estructuras, Para definir sus fortalezas y vulnerabilidades. La utilización inescrupulosa de la violencia y la fuerza, la represión, la tortura, los atropellos y violaciones están en la naturaleza de los gobiernos totalitarios, que a falta de respaldo popular y de reconocimiento internacional, pretenden sostenerse apelando a la brutalidad y pretendiendo intimidar e inhibir a sus adversarios.

Si a un Régimen anti-democrático,  pretende confrontársele en el terreno en el que concentra sus mejores recursos, es evidente que tendrá ventaja para imponerse, pues se potenciaran sus elementos favorables, de allí que utilice la provocación y las medidas punitivas como manera de generar en sus adversarios reacciones instintivas e irracionales que los lleven a ser batidos en el escenario donde la utilización del monopolio de la violencia legítima del estado, e ilegitima de los grupos paramilitares, le garantizan de antemano la victoria.

La lucha cívica, la movilización popular, la organización social, la canalización de las demandas y protestas de los sectores desfavorecidos, y la articulación de la desafección mayoritaria transformándola en fuerza de cambio mediante un mensaje alternativo claro y convincente, son sin dudas las ventajas comparativas de la oposición Venezolana, en su lucha por rescatar la libertad, la dignidad y la democracia. Es la carencia de apoyo popular y el cotidiano martirio al que son sometidos la inmensa mayoría de los venezolanos el “talón de Aquiles “, de un régimen que ha causado la mayor suma de destrucción, desgracia y tragedia que se recuerde en nuestra historia, y que por tanto está imposibilitado de poder confrontarse exitosamente en cualquier escenario donde se exprese la soberanía popular.

La historia reciente del mundo corrobora el análisis anterior. Las dictaduras y los regímenes inciviles de distintos pelajes, han sucumbido, no bajo el tronar de los cañones, o el ruido trágico de la violencia, sino frente al repudio masivo y la movilización pacífica de millones de ciudadanos, que han decretado en las urnas electorales o en las calles la inviabilidad y el final de los desgobiernos. Desde el poderoso y aparentemente inconmovible imperio comunista, pasando por el régimen perverso del apartheid, las tiranías genocidas de los Videla y los Pinochet, el imperio ingles, la lucha contra la segregación racial, la revolución de terciopelo y la primavera árabe, en cada una de estas realidades, fue el pueblo activo, movilizado y consiente quien pudo doblegar a sistemas que presumían de su perdurabilidad e invulnerabilidad.

La lucha cívica y masiva, que no deja vacio, ni renuncia a ningún espacio donde su clara mayoría pueda expresarse con contundencia. Que reta al adversario a consultar al pueblo, que arrebata espacios de legalidad y lucha, que ensancha sus espacios profundizando y ampliando la unidad anti-dictadura, que aprovecha las defecciones y contradicciones en las filas del adversario, que es capaz de jugar en tableros múltiples y complejos que incluyen las movilizaciones de calle, la presión internacional, el escenario parlamentario, y también la negociación y el poder del voto. En fin que concentra la totalidad de sus fuerzas donde el adversario tiene claras desventajas, renunciando a la tentación de embestir el trapo rojo de las provocaciones para descender al terreno de la acción directa, de la confrontación, de la contienda polarizadora y fratricida, donde como se ha demostrado reiteradamente será derrotada.

Un viejo adagio popular señala que el ser humano, es el único, que “choca dos veces con la misma piedra” destacando el instinto animal para evitar y conjurar  la reiteración del error y la fatalidad. En el caso venezolano la prolongación del nefasto régimen que nos desgobierna, ha estado empedrada de múltiples y reiterados errores, todos los cuales parten de no valorar adecuadamente las fortalezas, debilidades y vulnerabilidades propias y del adversario.

La gravedad de la situación que vive Venezuela. El sufrimiento hasta el sacrificio que martiriza a  su gente, el futuro desperdiciado para las nuevas generaciones, la destrucción y el saqueo, las violaciones masivas a los derechos humanos, el ultraje a la integridad, dignidad y  libertad, la diáspora que obliga a huir a millones de compatriotas, tiene que  convertirse en un aldabonazo en las conciencias de quienes tienen la principal responsabilidad en la conducción de la lucha democrática, y por tanto les  debe estar vedado volver a equivocarse.

 

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