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Enrique Meléndez: Feliz Día del Periodista

 

Este Día del Periodista ha sido propicio para demostrar la situación de censura, que priva hoy sobre nuestra libertad de expresión. El orador, que recibió el Premio Nacional de Periodismo de este año en acto en Miraflores, y cuyo nombre uno no quisiera recordar, por vergüenza, como colega suyo, a propósito de su abyección; al menos, recordó la idea de la comunicación, que tenía el Libertador, para el momento de echar a correr el famoso periódico Correo del Orinoco; cuando le escribe una carta a uno de sus amigos; instándolo a que compre una imprenta, y se la mande, ya que es un instrumento muy importante; desde el punto de vista de la libertad de expresión, que constituye uno de los derechos humanos, que se venían reconociendo con esa categoría histórica, que se conocía como revolución. Una idea que ya le venía de Napoleón Bonaparte; que donde llegaba, lanzaba una proclama, a propósito de una imprenta que llevaba consigo en sus guerras, y donde se ponía de manifiesto ese otro gran principio de los derechos humanos, como era el de la libre militancia política; puesto que se supone, que lo que busca Bonaparte con sus guerras es llevar la emancipación de los pueblos, y que hasta entonces habían estado sometidos a yugos. En efecto, como lo hace ver Salvador de Madariaga en su biografía sobre Bolívar: sus guerras eran una prolongación de las guerras napoleónicas.

Hay tres instrumentos muy importantes; que van a dar lugar al mundo de la globalización: la imprenta, la brújula y la pólvora. Precisamente, la gran revolución clerical luterana se basa en la imprenta; si se toma en cuenta que lo primero que hace Lutero, una vez que se erige como cabeza del cisma, que se produce en el mundo del cristianismo, a raíz de sus pronunciamientos contra el papado, es traducir La Biblia al alemán; sobre todo, para que se conozca el Evangelio, es decir, la palabra de Jesús, y se compruebe que su religión era la religión del pueblo; por lo que unifica a la nación alemana con una sola lengua; la hablada por él en el texto de las traducciones, que hace de La Biblia; texto que se reproduce por millares, gracias a la existencia de la imprenta de Gutemberg, y de allí que se hable del pueblo del Evangelio; el pueblo evangelista, y que será la preconización de esa corriente universal (categoría histórica, la definirá Hegel), que se conoce como revolución; sobre todo, a raíz de los sucesos en la Francia de Luis XVI, y cuya cabeza se verá arrastrada por sus torbellinos; como símbolo de un mundo, que queda detrás a partir de allí; el mundo de la servidumbre y del señor feudal; el fin de la edad media, para imponerse la época moderna; caracterizada por el hecho de que el pueblo comienza a erigirse en su propio soberano; arrancando desde la independencia y de la constitución de los Estados Unidos de América; un proceso del cual no dejará de inspirarse la burguesía francesa, que es la que promueve el impulso hacia este nuevo orden de cosas, y que llevará ese término, esto es, revolución, según la tradición histórica, a raíz de una aclaratoria, que le hace un ministro a Luis XVI, de que el pueblo sublevado en la calle, no es que quiere felicidad o bienestar; sino que lo que quiere es su cabeza, se repite, para erigirse en su propio soberano, y en ese sentido, apela a ese concepto, que hasta entonces se manejaba en la ciencia de la física, para explicar ciertos movimientos atómicos, que se producen en la materia.

De hecho, el Libertador había percibido lo importante que era aquel instrumento, como era la imprenta; desde los mismos días en que él publica el Manifiesto de Cartagena, y que lo da a conocer, en especial, en el mundo de la entonces Nueva Granada; sobre todo, como un pensador político, y a lo que va a agregar su condición de guerrero. En efecto, antes que el Libertador, ya se había instaurado la comunicación impresa en Venezuela, a raíz de la fundación en 1808 de la Gazeta de Caracas; que, luego, en 1811, bajo la inspiración de Francisco de Miranda, pasa a llamarse Gaceta de Caracas, y la que tendría varias épocas; de acuerdo al rumbo, que tomen los asuntos políticos, y los que cambian según las circunstancias de la guerra de independencia, que se libra en los campos de batalla; hasta que el bando patriota logra establecer un cuartel en territorio patrio; pues hasta entonces la hegemonía militar realista en Venezuela era total; de modo que gracias a la batalla de San Félix, librada por Manuel Piar; punto inicial para la recuperación de la Guayana por parte de los patriotas, logran acuartelarse éstos en esa Venezuela en Estado de sitio; en Angostura; que es desde donde comenzará a despachar el Libertador; una vez de vuelta del área del Caribe, y después de varios intentos y fracasos de incursiones armadas, y es así como llega la imprenta, que dará lugar al Correo del Orinoco, y periódico que estará destinado a la publicación de proclamas, bandos y textos como el del Discurso de Angostura, y por cuya impronta se acordó celebrar el Día del Periodista, la fecha de su primera aparición.

Sólo que al ganador del Premio Nacional de Periodismo, en su famoso discurso frente a Maduro obvió que nos hemos vuelto a la época anterior a la salida del Correo del Orinoco; obvió que este régimen comunista ha cerrado ya, no sólo periódicos, sino medios de comunicación radiales o los ha puesto a su servicio; que ha llevado a la cárcel a personas radicales, por manifestarse en algunas de las redes sociales; es decir, estamos ante la misma hegemonía de la época de la Colonia; cuando existía un sujeto de nombre José Domingo Díaz; de quien dicen los historiadores; que puso en boca de Bolívar mentiras e infamias, que nada tenían que ver con su personalidad, con independencia de sus excesos de mando, y como lo hace la red oficial de medios de comunicación; empezando por sujetos como dicho galardonado y seguido por Ernesto Villegas y Mario Silva; que se manejan precisamente con la infamia y la mentira.

melendezo.enrique@gmail.com

 

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