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Leopoldo Puchi: Nueva ronda

 

“Los Estados Unidos nunca dijeron que su esfuerzo en Venezuela se limitaría a una ronda”, expresó un funcionario del Consejo de Seguridad Nacional (CSN), al comentar las informaciones del Washington Post relacionadas con los reveses que había tenido la denominada operación libertad, destinada a deponer a Nicolás Maduro de la presidencia. En vista de la frustración que se había generado, era razonable pensar que se podía producir una reformulación de la estrategia, tanto en los objetivos planteados como en las tácticas a seguir.

Efectivamente, el Post había señalado que Trump estaba insatisfecho con los resultados obtenidos de las políticas seguidas desde el CSN por John Bolton y Mauricio Claver-Caronne, y que se había quejado de que sus asesores subestimaran a Maduro, a quien ahora considera un elemento “duro de roer”.

El giro de Oslo

Al emerger el espacio de negociaciones abierto por Noruega, Elliott Abrams toma el relevo desde el Departamento de Estado. Abrams hace algunos ajustes a la estrategia al aceptar los encuentros de Oslo, negociación que no estaba contemplada en el diseño inicial, de acuerdo con lo expresado por el vicepresidente Mike Pence en febrero: “No es momento de diálogo, sino de acción”.

En el sentido del rediseño de la política hacia Venezuela, Abrams escribe un artículo en el Herald Tribune que se abre al camino a las negociaciones, reconoce el papel del chavismo en un futuro político y omite mencionar la condición previa de la salida de Maduro antes de la celebración de un proceso electoral, lo que lo aleja de la fórmula rígida del “cese a la usurpación”. Sin embargo, en su última rueda de prensa Abrams coloca de nuevo el asunto sobre el tapete.

Ronda de piedra

De manera que pudiera estimarse que la reformulación completa de un nuevo flujograma todavía está en proceso de consultas y elaboración. Sin embargo, no parece que el revés de la operación libertad haya conducido a un cambio en cuanto a los objetivos estratégicos, que tienen como centro la reinserción plena de Venezuela en el dispositivo geopolítico estadounidense, desde la perspectiva de la doctrina Monroe, asumida por Donald Trump en su discurso en la ONU como el marco determinante de su política hacia el hemisferio. Tampoco parece desistir el gobierno estadounidense del objetivo de una transferencia integral del poder hacia la oposición, sin un acuerdo previo de cohabitación y participación compartida en los distintos espacios de poder del Estado y la sociedad.

Así que, la nueva ronda contempla los mismos objetivos. Y, como se sabe, si el Gobierno y la oposición no cambian sus objetivos, no habrá resultados en Oslo.

En cuanto a los métodos, el eje central está en las sanciones. Habría que ver cuáles actos de fuerza, de los que están “sobre la mesa”, serán utilizados como método táctico ahora.

 

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