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César Malavé: Cincuenta y nueve años después

 

En los difíciles y espinosos años transcurridos entre 1959 y 1964, cuando la democracia tomó asiento definitivo en Venezuela, después de su reconquista en enero de 1958, Rómulo Betancourt se consolida, dentro de un mundo de dificultades, como el líder de la democracia latinoamericana y Padre de la venezolana. Al tomar posesión de la presidencia, el martes 13 de febrero de 1959, juró que estaría en ella por cinco años, “Ni un día más, ni un día menos”, diría a los terroristas que derrotó en todas las oportunidades que lo enfrentaron. Para lograr tal empresa se vio obligado a desenmascarar al castrismo y enfrentar a las más feroces dictaduras del continente. El castro-terrorismo se infiltra en un sector de Acción Democrática y URD, logrando enrarecer el clima político venezolano. Los cubanófilos se lanzan por el despeñadero de la guerrilla rural y la conspiración urbana, utilizando su representación popular para pretender actuar impunemente, en contra del presidente Betancourt. Los soviéticos y los chinos elogiaban por igual las embestidas terroristas contra el Gobierno de Betancourt, buscan, no sólo derrocarlo, sino asesinarlo. En este sentido la alianza terrorista se ensancha con la agregación a los complotados de Marcos Pérez Jiménez y sus seguidores, con apoyo incondicional del viejo tirano dominicano Leonidas Trujillo.

El fárrago informe del odio se materializa el 24 de junio de 1960 con el atentado en el paseo Los próceres contra la vida de Rómulo Betancourt, cuando se dirigía al desfile militar en conmemoración de la batalla de Carabobo y Día del Ejército venezolano. Aquel viernes el presidente Rómulo Betancourt salió desde la quinta “Los Núñez” en Altamira, en el segundo de tres vehículos Cadillac negros que conformaban la caravana, le acompañaban su Jefe de la casa Militar, el Coronel Ramón Armas Pérez, en el asiento delantero, a la derecha del conductor. El Ministro de la Defensa General Josué López Henríquez y su esposa, iban con Betancourt en el asiento trasero. De repente, en un automóvil estacionado en la vía estalló una potente bomba, accionada a control remoto, produciendo el incendio del coche presidencial. Muere instantáneamente el Coronel Ramón Armas Pérez, y el joven estudiante Luis Elpidio Rodríguez, quien iba por la acera. El presidente sale del vehículo en llamas y ayuda a salir a la esposa del Ministro de la Defensa y al propio Ministro.  Al día siguiente se dirige al país, con las manos quemadas, sereno y no retaliativo, para hablar de concordia y no juramentos de venganza: “Parte de mis responsabilidades y deberes con el país la he considerado el afrontar sin gestos espectaculares los previsibles riesgos personales a que está expuesto quien ha acatado el deseo de la nación de ser gobernada con honradez administrativa; con apego a las leyes; en nombre de todos y no en beneficio propio, de camarillas palaciegas o de grupos políticos exclusivistas”.

Paradójicamente, la preocupación de los derrotados por Rómulo Betancourt se ha extendido en el tiempo, como estudio de su obra. Quienes lo enfrentaron llegaron a admirarlo y a reconocerlo como el estadista más grande de su época. Quienes lo estudiamos y siempre hemos estado apegado a su pensamiento, lo reconocemos como un visionario quien siempre estuvo un paso adelante de sus adversarios, por ventajas de estudio y capacidad, además de una extraordinaria visión organizadora. Fue una amalgama autodidacta de impresionante capacidad político-andragógica. Para Rómulo, revivir los hechos de ayer era obligante, porque el pasado es historia, y el presente y el futuro es política. Hoy ya en pleno siglo 21 y a 59 años de su victoria contra la barbarie, sigue ganándole batallas a los actuales símbolos del atraso autocrático, quienes pierden deshaciéndose, locamente, en chillidos que no logran hacer desaparecer la solidez de la verdad doctrinaria y programática que lo elevó por encima de la mediocridad. Por eso su obra, de 77 años de historia, está en la calle, porque, en este país no habrá cambio ni victoria alguna, sin la participación de los dirigentes nacionales, regionales, municipales y del pueblo adeco en general, en un frente estratégico común, para derrotar a la dictadura castro comunista, como lo hizo Rómulo en su oportunidad.

@cesarmalave53

 

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