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El paquete de galletas, un cuento sobre los prejuicios

 

Este cuento sobre los prejuicios nos habla de una mujer, ya entrada en años, que tenía un pozo de amargura en su corazón. Se sentía sola y creía que los demás eran desconsiderados con ella. No confiaba en la gente y rehuía al contacto con los otros, pese a que al mismo tiempo se quejaba por su aislamiento.

No siempre había sido así. De joven se enamoró y se casó con el hombre que amaba. Tuvo dos hermosos hijos, un niño y una niña, y era feliz. Sin embargo, su esposo murió joven y desde entonces su humor cambió. Ya nunca sonreía y se volvió huraña, incluso con sus propios hijos.

Dice el cuento sobre los prejuicios que los hijos se fueron de su lado tan pronto como fueron mayores. Aunque amaban a su madre, les costaba tolerar sus exigencias y sus críticas constantes. Es cierto que la visitaban de vez en cuando, pero tenían que hacer un gran esfuerzo por tolerar su mal carácter.

Peleando, juzgando antes de tiempo y alterándose no se consigue jamás lo suficiente; pero siendo justo, cediendo y observando a los demás con una simple cuota de serenidad, se consigue más de lo que se espera”.

-Proverbio japonés-

Mujer mayor mirando una ventana

Una invitación inesperada

Su hija lamentaba que la madre viviera tan sola y sumergida en su amargura. Así que decidió invitarla a su casa durante el verano. Quizás el cambio de ambiente le vendría bien y, tal vez, solo tal vez, lograría sentirse más a gusto con la vida y con la gente, aunque fuera temporalmente.

Dice el cuento sobre los prejuicios que la mujer decidió aceptar la invitación después de pensarlo mucho. No quería que nadie dijera que ella era una mala madre. Así que alistó su maleta y el día señalado salió con ella rumbo a la estación de trenes. No parecía alegre, sino más bien atormentada.

Compró el billete y se sentó a esperar su tren. Sin embargo, los encargados informaron que había una demora y que la partida se retrasaría un par de horas. La mujer gruñó, pero no podía hacer nada. Hacía calor, así que  decidió comprar un paquete de galletas y una botella de agua para aguantar la espera.

Un compañero singular

La mujer guardó las galletas y el agua dentro de su bolso. Al poco tiempo, llegó un joven sonriente que se sentó a su lado. Dice el cuento sobre los prejuicios que ella hubiera preferido seguir sola en el banco, pero tampoco se fue de allí para que nadie pudiese decir que era una maleducada.

Pasaron unos minutos y de pronto la mujer vio que el joven comenzó a comerse un paquete de galletas. Instintivamente miró a su bolso y vio que estaba un poco abierto. El joven comía, mientras su enfado crecía al pensar que estaba disfrutando de las galletas que le habían robado.

El joven sonrió. Luego tomó un sorbo de agua. La mujer no podía creerlo. Esto quería decir que él había sacado las galletas y el agua de su bolso y ahora estaba comiendo y bebiendo frente a ella sin el más mínimo asomo de vergüenza. Así que, cuando el joven dejó el agua, junto a las galletas, ella también bebió de la botella. El joven nuevamente sonrió.

Galletas

La moraleja del cuento sobre los prejuicios

A la mujer le parecía que el tiempo no pasaba. Mientras llegaba su tren, siguió comiendo al mismo ritmo que el joven. Si él tomaba una galleta, ella también lo hacía, mirándolo de forma desafiante. Cuando él bebía, ella también lo hacía.

Había pasado un rato y solo quedaba una galleta. La mujer miró al joven con furia. No podía creer que tuviera el descaro de comérsela. El chico también la miró y tomó la galleta. Luego la partió en dos y le dio la mitad. La mujer la recibió de mala gana, maldiciendo en su interior. Después, sucedió lo mismo con el sorbo de agua que restaba.

Por fin anunciaron la llegada del tren que la mujer estaba esperando. Con un aire de indignación se levantó y fue a ocupar su lugar en el vagón. Todavía estaba atónita por lo ocurrido. Dice el cuento sobre los prejuicios que, al comenzar el viaje, ella estaba superada por el enfado.

Fue entonces cuando abrió su bolso para sacar un pañuelo. Al hacerlo, vio que allí estaba el paquete de galletas y la botella de agua que había comprado horas antes. Miró por la ventanilla y vio al joven que aún esperaba su tren sonriendo.

 

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