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Rafael Simón Jiménez: Reconocer el desastre y la destrucción

 

Luego de tres  años sin publicar las cifras macroeconómicas de la Nación, a la que está obligado por mandato imperativo de la constitución. El Banco Central de Venezuela, desdoblado en simple financiador del inmenso hueco fiscal que genera el desbocado gasto publico del régimen, se ha visto obligado seguramente bajo fuertes presiones internacionales a dar a conocer los datos más relevantes de la economía venezolana, que aun manipulados, edulcorados y maquillados dan testimonio de la destrucción y el desastre propiciado por los disparates, los anacronismos, el pillaje y latrocinio de quienes en mala hora nos desgobiernan.

Admitir una inflación de ciento treinta mil por ciento, aun cuando organismos e instituciones especializadas la ubican en magnitudes  hasta diez veces superior,  habla por si solo del proceso de erosión del salario y el poder adquisitivo de nuestra moneda, y por supuesto de la tragedia social que ella genera en términos de pobreza, exclusión, miseria y éxodo para la inmensa mayoría de los venezolanos. Reconocer oficialmente que la economía venezolana se ha contraído durante cinco años consecutivo generando la destrucción y achicamiento del 50% en su tamaño habla por sí solo del inmenso fracaso de unas políticas económicas depredadoras, que han significado el quiebre y cierre de miles de unidades productivas y por supuesto el desbarrancar a su suerte a millones de trabajadores obligados a subsistir en la precariedad.

El desastre y la destrucción propiciada en nuestra industria petrolera, aparece revelado cuando el ente emisor y guardián de la integridad monetaria y cambiaria de la Republica,  reconoce en su tardío informe que las exportaciones petroleras de las que el país deviene el 98% de sus ingresos en divisas ha caído año a año dramática e irreversiblemente, comprometiendo incluso la propia condición de país exportador de hidrocarburos, condición mantenida desde 1.928. Las tradicionalmente menguante exportaciones no tradicionales, es decir no petroleras, se reducen a cifras insignificantes revelando hasta donde ha llegado la demolición de nuestra base productiva tradicional.

Por supuesto que la ruina económica ha menguado severamente el ingreso de divisas, por lo que resulta dramática la caída de las importaciones no petroleras, es decir del conjunto de insumos, bienes y servicios requeridos para el abastecimiento de los sectores productivos y de la demanda de alimentos y medicinas, lo que explica la proliferación de la escasez, el desabastecimiento, la especulación y el bachaqueo que martiriza cotidianamente la vida de los consumidores.

La lectura del Informe del BCV omitido arbitraria e ilegalmente durante más de tres años, se constituye en una requisitoria contra las políticas económicas y sus diseñadores y ejecutores, y pone en evidencia la magnitud de la crisis económica y social que padecemos  los venezolanos, así como sus verdaderos culpables y responsables, que no son ni el imperialismo, ni la burguesía, ni pitiyanquis, sino un equipo incompetente, pero sobre todo compulsivamente destructivo y saqueador que desde el gobierno se ha ensañado contra los venezolanos, haciéndolos vivir carencias, sacrificios  y padecimientos nunca antes en su historia.

El Banco Central de Venezuela, cuya autonomía como fundamento de sus políticas especializadas, proclama nuestra constitución, precisamente en resguardo de la estabilidad, integridad y progreso de nuestra economía, asume su cuota importantísima de responsabilidad al haberse transmutado en subordinada del ejecutivo y en avalador, cómplice y alcahueta de políticas disparatadas y deficitarias, que mediante la emisión de grandes cantidades de dinero inorgánico para financiar el dispendio, han terminado por propiciar el más grande precipicio económico por donde rueda el país entero.

Si un ápice de vergüenza, pudiera anidar en las conciencias de quienes con este informe del BCV validan desde el gobierno el reconocimiento de su fracaso, su publicación ha debido ir acompañada de sus renuncias, para dar paso a la reconstrucción económica, el relanzamiento productivo, y la inclusión social que marque la recuperación de nuestra saqueada Venezuela.

 

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