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De Güiria a Trinidad, hablan los familiares de los desaparecidos

Nayrobis Rodríguez / foto: Isidro Villegas / 3 jun 2019.- Sesenta venezolanos desaparecieron en altamar sin dejar rastros. En un lapso de veintidós días, dos pequeñas embarcaciones de diez metros que transportaban más de treinta personas cada una, además de carga de frutas y otros elementos zozobraron en una zona conocida como Boca Dragón, en la ruta marítima que une al poblado de Güiria en el estado Sucre y Trinidad y Tobago.

La mayoría de los desaparecidos viajaba a Trinidad y Tobago forzados por la crisis que atraviesa Venezuela, según sus familiares.

Los naufragios de dos peñeros sacaron a flote una realidad de hambre y miseria en un poblado donde hace poco más de una década el Gobierno nacional instauró proyectos de explotación gasífera a través de Petróleos de Venezuela S.A. (Pdvsa).

Los familiares de los desaparecidos, tanto de la embarcación “Jhonaili José” que zozobró la noche del 23 de abril con 38 personas a bordo (de las que solo sobrevivieron nueve), como del bote de fibra “Ana María”, que zozobró el 15 de mayo con 33 pasajeros; acusan a autoridades regionales y nacionales de no actuar de forma diligente en las labores de rescate.

Denuncias sobre retardos en la activación de planes de búsqueda por parte de instituciones militares, así como en la dotación de equipos especializados, que van desde helicópteros y embarcaciones con personal calificado; forman parte de los requerimientos que hicieron familiares y que aseveran, no fueron escuchados. Es así como pescadores del pueblo asumieron el rescate de los náufragos, sobre todo en el caso de la primera embarcación desaparecida.

Cuarenta días después del primer naufragio, el saldo oficial da cuenta de sesenta personas desaparecidas, diez personas rescatadas con vida en altamar (nueve de la primera embarcación y una del segundo bote) así como el cadáver de una adolescente de dieciséis años. Los familiares de los sobrevivientes guardan esperanzas de volver a ver a los desaparecidos.

Teorías sobre un posible secuestro de las embarcaciones en altamar, por parte de presuntas bandas delictivas dedicadas a la captación de mujeres para prostituirlas y hombres para ser sometidos a trabajos forzados como una especie de esclavitud moderna, circulan en el pueblo sin que hasta ahora existan pruebas sobre ello.

Los naufragios también develaron que, además de una migración forzada por el hambre y la búsqueda, en Trinidad y Tobago, de oficios que generen ingresos en dólares para ser enviados como remesas y paliar el hambre; existe un negocio creciente de tráfico de mujeres jóvenes (entre ellas menores de edad) que hasta ahora arrojó la encarcelación de nueve personas, acusadas de trata de personas, asociación para delinquir y homicidio intencional; relacionados con el naufragio de la embarcación Jhonaili José.

Güiria: hambre y desespero

“Los güireños que están en Trinidad y Tobago comentan que allá hay zonas que parecen el centro de Güiria, de tantas personas de aquí que se fueron”, comentó una trabajadora de Protección Civil, cuya hermana cuenta entre los desaparecidos de la embarcación “Ana María”. La funcionaria, que prefirió omitir su nombre, aseguró que lanzarse al mar para llegar a la isla trinitaria es la única opción que les queda para sobrevivir.

“Un paquete de harina pan cuesta aquí el doble de lo que puede costar en Cumaná. Carne no se puede comer y pollo menos”, dijo la empleada gubernamental cuya hermana zarpó el 15 de junio, dejando a dos niños menores de cinco años al cuidado de otra de sus hermanas.

La salida forzada por hambre hacia Trinidad está llena de procesos irregulares. Desde el uso de embarcaciones pequeñas, no aptas para transportar gran cantidad de carga hasta zarpes a altas horas de la noche y con permisos obtenidos de forma dudosa, según denuncias diputados de la Asamblea Nacional.

Las rutas tomadas por los viajeros también representan un riesgo: Boca Dragón es el camino más corto ya que reduce el tiempo de viaje a unas tres horas, pero las fuertes corrientes marítimas, los altos oleajes y otras dificultades de la zona lo convierten en una ruta complicada.

Jhonny Mattey es padre de Yodervys Mattey, una joven de 21 años que se fue a la isla trinitaria. Allá la esperaba su esposo quien trabaja en un supermercado. “Mi hija se fue de forma ilegal porque no teníamos dinero para sacarle el pasaporte, que vale como mínimo mil dólares. Con sacrificio y el dolor de mi alma la mandé a esa isla a buscar una vida mejor para ella”.

Yodervys Mattey pagó trescientos dólares por un pasaje en el bote Ana María. Por falta de dinero, su padre no pudo comprar el pasaje para su segundo hijo, quien también quería migrar a Trinidad. “Si mi hijo hubiese zarpado, el dolor sería doble. ¿Quién lo diría? Cuando se hundió el Jhonaili José, mi esposa y yo veníamos al puerto La Playita a dar apoyo a los familiares porque entendíamos el dolor a pesar de no haber perdido a nadie. Un mes después somos nosotros los que estamos en esta situación”, comentó.

Los botes que zarpan desde los muelles La Playita o Pescadores en Güiria obtienen un zarpe que, según el diputado a la Asamblea Nacional por el estado Sucre, Robert Alcalá, es ilegal y no tiene condiciones de seguridad pero se obtiene pagando unos 500 dólares a funcionarios públicos de la Capitanía de Puertos.

Según Jhonny Mattey, el bote “Ana María” zarpó con nueve pasajeros de forma legal el 15 de mayo a las 4:00 p.m., pero en los puertos siguientes fue sumando más pasajeros. La lista de desaparecidos que maneja Protección Civil indica que son treinta tres y solo un rescatado identificado como Alberto Abreu, un joven de 25 años que fungía como capitán del bote y que al ser sacado de las aguas en las cercanías de Trinidad y Tobago y llevado a la isla de Granada, se determinó que tenía antecedentes policiales por tráfico de personas.

“En las orillas de las playas Las Salinas y en el Puerto de Macuro o El Rincón, los capitanes van recogiendo más pasajeros. Algunos los hacen para obtener más dinero, poder pagar los zarpes y que les quede dinero para las ganancias. Lamentablemente cada día salen más güireños de esa forma y las autoridades no hacen nada”, dijo Mattey.

El hijo de Carmen Jiménez, un hombre de 25 años que zarpó en el bote Ana María. “Mi hijo se fue con la esperanza de encontrar una mejor vida para ayudar a su familia que quedó aquí”, relató la madre. En Güiria el hambre arropó a su familia y no bastaron los oficios de mototaxista, albañil o vendedor informal que desempeñó el joven. “Lo que vivimos es fuerte, es doloroso y esta fue la salida que él encontró para subsistir, él tiene un hijo pequeño”, relató.

Ante la falta de respuesta de autoridades gubernamentales con respecto a los naufragios de embarcaciones, el 25 de mayo los familiares de los desaparecidos conformaron un comité de víctimas para organizar acciones ante instituciones del Estado.

Isidro Villegas, un capitán mercante, abogado y padre de un joven desaparecido, informó que el 28 de mayo realizaron una marcha que culminó frente al Comando de la Guardia Nacional en Güiria. Dijo que fue en esa fecha cuando los funcionarios militares les ofrecieron información del plan de búsqueda realizado.

El diputado nacional Carlos Valero denunció, a través de una rueda de prensa el jueves 30 de mayo, que entre Trinidad y Tobago y Güiria funcionan mafias de trata de personas para prostitución y que esto incluye a menores de edad. Dijo que la desaparición de las dos embarcaciones está ligada a estas mafias y pidió apoyo a Medios de Comunicación para la visibilización de esta situación.

Más allá de la difusión que hizo el Ministerio Público acerca de las identidades de nueve privados de libertad por tráfico de personas entre Venezuela y Trinidad, no ha habido pronunciamiento oficial por parte de la Gobernación de Sucre o el Ejecutivo nacional sobre los naufragios y la migración constante en altamar, de personas que viajan desde las costas venezolanas forzados por la crisis nacional.

ND

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