Inicio > El pizarrón Opinión > Rafael Ramírez: La economía madurista; Un fracaso inocultable

Rafael Ramírez: La economía madurista; Un fracaso inocultable

 

En días recientes, y de manera sorpresiva, el BCV emitió, por primera vez en cuatro años, algunos números del desempeño de la economía venezolana. Esos números, emitidos luego de un minucioso trabajo de maquillaje y ajustes, sin embargo, no pueden ocultar las dimensiones  del fracaso de Maduro en la conducción de la economía Venezolana.

Los números, muy tardíamente, fueron publicados sólo por la exigencia de las empresas y países que participan del saqueo de nuestros recursos. Dentro de las permanentes contradicciones que existen hacia lo interno del gobierno, y la profunda debilidad del mismo, la facción a cargo de darle alguna forma al brutal modelo de capitalismo atrasado impuesto al país, han convencido a Maduro de publicar cifras del BCV, las que sean, que les permitan “lavar” la cara ante el mundo, cumplir un trámite y tratar de “pasar agachados”.

Las negociaciones desesperadas del gobierno con las transnacionales, sean rusas, chinas, turcas  o americanas, necesitan mostrar algún signo de formalidad; ni siquiera las más especulativas y aventureras están dispuestas a seguir participando de las extrañas transacciones con el gobierno sin números que mostrar a sus casas matrices. Mientras que otra de las facciones del gobierno está empeñada en dar “señales”, comprar el ticket en el pequeño autobús de la negociación en el que esperan salir del desastre creado por ellos mismos, antes que el diablo se de cuenta que están muertos.

Recuerdo claramente  a finales de 2013, inicios de 2014, mientras los ministros que veníamos del gobierno del presidente Chávez estábamos empeñados en lograr estabilidad y gobernabilidad del país, todavía traumatizado por la muerte del presidente Chávez y en medio de la escalada violenta de la oposición, el madurismo estaba empeñado en desplazar al chavismo del gobierno y tomar control de las Instituciones del Estado.

Maduro piensa más como un sindicalista que como un presidente. En aquellos días aciagos, donde había que tomar medidas urgentes en el ámbito económico, su empeño no era el de gobernar, sino el de controlar las instituciones económicas fundamentales del Estado: PDVSA, el ministerio de Finanzas, BANDES, la banca pública y el BCV. Maduro fue colocando a los “suyos”, los incondicionales, en control de estas instituciones básicas. No importaron los riesgos para el país, que los advertimos a tiempo y en todas las instancias, ni las evidentes incapacidades del equipo que impuso: Maduro quería el control y lo obtuvo. El triste “sacudón” de 2014, finalmente le permitió capturar la institución más fuerte, PDVSA; y, de allí en adelante, cayeron todas como naipes: el BCV, el ministerio de Finanzas y todo el sector económico. Maduro finalmente obtuvo lo que quería: controlar la economía, manejar libremente el dinero y con ello, el poder.

Este poder, que era el Poder del Estado, de todo un país, lo que Chávez llamó “patria”, Maduro se lo apropió y lo dilapidó, lo destruyó. Aquí hubo una inmensa e inexcusable falla de las instituciones políticas, del chavismo. En aras de la “unidad” y la “disciplina”, se permitió el asalto del madurismo a las instituciones del Estado, sin que nadie dijera o hiciese nada, con muy pocas excepciones, como la de Giordani o el Toby Valderrama. Esta situación sentenció la destrucción de la economía y de la nación.

En 2014, Maduro dio la orden al entonces presidente del BCV que no publicara ninguna cifra más sobre la economía del país. Comenzó a destituir a los miembros del Directorio y a colocar a personas de su absoluta confianza. Sin ninguna capacidad o experiencia, llegaban al Directorio del BCV, otrora asiento del conocimiento económico venezolano, los incondicionales de Maduro. Su única tarea era la de vigilar, acusar, torpedear y comenzar a hacer “lo que diga Maduro”. En este proceso, el rol del vicepresidente Arreaza como ejecutor de los “caprichos de Nicolás”, fue nefasto: con la típica actitud cizañera y maniobrera, al mejor estilo de la IV, el madurismo  fue socavando las bases de las instituciones fundamentales para nuestra economía. Nosotros, los de Chávez, no sabíamos de ello, no quisimos participar de ese mundillo, ni estábamos dispuestos a satisfacer los “caprichos de Maduro”. Por eso, luego vino la violencia y la persecución en contra nuestra.

El gobierno siempre ha creído que puede hacer lo que quiera y por ello la falta de transparencia y rendición de cuentas al país ha sido constante en su gestión, se saltaron a la torera todos los mecanismos legales de control interinstitucional, constitucional,  la separación de poderes, la interpelación pública, popular, institucional. Maduro prohibió al BCV emitir cifras ni reportes, no existen cuentas nacionales, balances de ningún tipo, todo es opacidad. Pero también obligó a ello a PDVSA, la cual no emite ningún informe auditado desde 2016; como tampoco lo hace la Oficina Nacional de Estadísticas, ni el ministerio de Salud, ni el de  Educación, nadie! El malandreo del país ocurre en secreto. Nadie sabe nada de lo que pasa, sólo se ve la punta del iceberg del desastre.

La salida de más de 3.7 millones de venezolanos de la patria, ha sido reiteradamente negada por el gobierno; pero lo sabemos, gracias a los reportes de la ONU. La destrucción de PDVSA ha sido total, nadie sabe la magnitud, pero los reportes de la OPEP señalan lo que es inocultable, desde 2013 hasta hoy día, hemos perdido 2,3 millones de producción de petróleo al día, más de 40 mil millones de dólares cada año. Pero es hasta ahora, con la falta de gasolina, diesel y gas, que la población se da cuenta del desastre que Maduro no  puede seguir ocultando.

La última ministra que publicó las cifras de mortalidad infantil en el país fue destituida de inmediato, no se sabe a ciencia cierta cuántos niños mueren, no sólo al nacer, sino víctimas de la crisis humanitaria. Solamente  el relato desgarrador y la noticia absurda de los niños que mueren porque el gobierno dejó de pagar los tratamientos para el trasplante de médula, revela lo criminal e inmoral del mismo, más aún cuando simultáneamente anuncia que gastará 50 millones de dólares en uniformes militares, cuando la deuda con los hospitales italianos para todos los trasplantes de médula es de 10 millones de euros.

 

Maduro niega reiteradamente que haya presos políticos y la verdad es inocultable: el último reporte oral de la Alta Comisionada de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, Michelle Bachelet, es una denuncia para la conciencia del país. En nuestra última sesión de trabajo, el pasado 27  de mayo, consignamos a la Oficina de dicha Alta Comisionada, la lista de más de cien trabajadores de PDVSA y caos de oficiales de la FANB, secuestrados políticos del gobierno, además de muchas pruebas inobjetables y las cartas de los familiares denunciando su situación de flagrante violación de todos sus Derechos Fundamentales.

Así, en todos los ámbitos el madurismo, todo es silencio, mentiras, miedo.

Los números publicados por el BCV, aún habiendo sido manipulados para tratar de maquillar la realidad, muestran cifras sorprendentes del desastre económico del gobierno. La profundidad del daño infligido a la economía no tiene precedente en nuestra historia contemporánea, y es difícil que lo tenga país alguno que no haya sufrido una cruenta guerra.  Éstos números, aunque sean maquillados por el gobierno, muestran lo que es una realidad inocultable: el fracaso en toda línea del gobierno de Maduro. Ha sido el peor gobierno de nuestra historia, y tiene que terminar.

Si el madurismo tuviese aún algo de vergüenza debería hacer dos cosas: primero, renunciar, hacerse a un lado y entregar la conducción del país a una Junta Patriótica de Gobierno, para no terminar haciéndolo a la extrema derecha; lo segundo, es decir al país algo así como: “ésta es mi obra, Chávez no tiene nada que ver con ésto, fuí yo y mi equipo. Es mi responsabilidad.”

Lo único interesante de la entrevista de Maduro con Jorge Ramos, entrevista que uno no sabe cómo se produce ni para qué, y mucho menos cómo vuelve a manos de Univisión, es que ésta muestra el verdadero carácter de Maduro: violento, descontrolado, autoritario, mentiroso. Trata a los ciudadanos no como tales, sino como súbditos.  Así es él, por eso nunca va a dejar el poder, ni a reconocer que el desastre de la economía es por su culpa, que él es el único responsable de la Hacienda Pública Nacional, como indica la Constitución. Por ello, nosotros queremos comparar cifras del BCV en mano, cómo era el país de finales de 2012, último año de gobierno del Presidente Chávez,  y cómo es el país del último año de gobierno de Maduro.

Asumamos como ciertos los números del BCV, ahora, veamos algunos indicadores del por qué la vida cotidiana del venezolano es una tragedia:

¿Por qué no hay dinero, por qué estamos tan pobres?

Porque la producción de petróleo cayó de 3,01 millones de barriles día en 2013 a 700 mil barriles día actualmente. Hemos perdido más de 2,3 millones de barriles día en sólo 5 años, una caída del -76.7 %. Dejamos de recibir más de 40 mil millones de dólares cada año a los precios actuales.

Porque Maduro se dedicó a perseguir a los trabajadores y gerentes de PDVSA, a acusarnos de cualquier cosa, a sacar a los trabajadores patriotas, con experiencia y conocimiento, y a meter en la Junta Directiva a sus “incondicionales” y amigos. Al militarizar la empresa la destruyeron y ahora la privatizan.

Porque las exportaciones petroleras cayeron de 93.569 millones de dólares en 2012 a 29.810 millones de dólares en  2018, una caída de -68,14%.

¿Por qué no hay gasolina, diesel ni gas? ¿Por qué las áreas de PDVSA están abandonadas, los taladros y gabarras paradas?

Porque el PIB petrolero, es decir, la actividad petrolera, en el período 2013-2018 ha tenido una caída del -47.7%. Es decir, la industria petrolera está casi paralizada, al igual que las refinerías.

Porque el contrabando está peor que nunca, porque venden la gasolina en dólares.

¿Por qué el sueldo no alcanza para nada?

Porque hay una hiperinflación en el país, nunca antes conocida en nuestra historia, ni en el  mundo. El BCV reconoce una variación porcentual de la inflación acumulada entre abril de 2012 y el mismo mes de 2019 de 475.617.934%. El índice de abril de 2012 fue 277,2 y el del mismo mes de 2019, es de 1.268.517.190,9; lo que indica un aumento exponencial de los precios. Durante todo el período de gobierno del Presidente Chávez, la inflación promedió en torno al 20%.

¿Por qué todo está tan caro y no se consigue nada?

Porque el salario mínimo es sólo de 7.6 dólares al mes, el más bajo de Latinoamérica, más bajo que Cuba y Haití. Durante el gobierno del Presidente Chávez, en 2012, el salario mínimo era 414 dólares al mes, uno de los más altos en la región.

Porque el gobierno mantuvo una política cambiaria que favoreció a sus amigos y grupos de poder, que lo sostienen manipulando el tipo de cambio, expropiando el ingreso petrolero. En mayo de 2012, el dólar “paralelo” estaba en 9,56 bolívares/dólar, mientras que en mayo de este año 2019, el dólar “paralelo” llegó a 6.347 bolívares/dólar, a pesar de que Maduro le quitó 5 ceros al bolívar y lo convirtió en “bolívar soberano”, y creó la estafa del petro.

Porque el Índice Nacional de Precios al Consumidor, INPC, de 2018 fue de  130.060,20 un aumento del 646965,7% comparado con el 20,1 del 2012. Porque la economía está dolarizada.

¿Por qué la comida es tan cara, la pensión no alcanza para comprar un cartón de huevos y el sueldo mínimo apenas para comprar harina?

Porque el INPC de alimentos de 2018 fue de 143.786,9, un aumento del 606.595,7%, comparado con el 23,7 de 2012. Precios liberados por el gobierno, “acordado” con los empresarios

¿Por qué no se consiguen productos venezolanos?

Porque el PIB de manufactura, es decir la producción interna, ha caído en un -46.10%. Es decir, el parque productivo nacional está paralizado por la falta de insumos, de electricidad y porque el gobierno sólo usa productos importados en sus cajas Clap.

¿Por qué no hay trabajo en el país?

Porque han destruido todas las actividades productivas, no sólo la petrolera, manufactura y agricultura, sino actividades que emplean muchos trabajadores, como la construcción, con una caída estrepitosa en el PIB del -67,9% en el 2018, cuando en 2012, último año de la Gran Misión Vivienda Venezuela, el PIB fue de 11,20%. Además, de una caída de la inversión directa en el país del -85,20%

¿Por qué hoy día la pobreza alcanza al 81% de los hogares venezolanos?

Porque no sólo el sueldo mínimo es el más bajo de Latinoamérica, porque no hay trabajo, hay un desempleo formal del 35%, que es la mitad de la población laboral activa; no hay ingreso petrolero, no hay producción interna, tenemos la hiperinflación más alta de la historia, y lo poco que obtienen los venezolanos lo gasta todo en necesidades básicas, en supervivencia. Estudios han demostrado que los venezolanos gastan 85% de su ingreso en alimentos y el 15% restante en servicios, y son éstos los que tienen niveles de inflación superiores al índice general.

Agrupando los INPC de los factores de mayor incidencia en la pobreza, tenemos:

Alimentos y Bebidas no alcohólicas:      24,8 en 2012 / 75.468 en 2018.

Vestido y Calzado: 35,7 en 2012 / 38.440 en 2018.

Salud: 24.7 en 2012 / 68.613 en 2018.

Transporte: 39,4 en 2012 / 56.118 en 2018.

Educación: 23,9 en 2012 / 40.745 en 2018.

Bienes y Servicios: 22 en 2012 / 91.384 en 2018.

Entre enero-abril de este año 2019 el INPC, estos sectores han pasado de 1.344.190.128,9 a 4.993.636.297, un incremento de 293%.

Ésta es la radiografía de un gobierno profundamente anti popular, autoritario, que impone  con represión un paquetazo empobrecedor del pueblo, el paquetazo de Maduro, que ha revertido todos los avances económicos y sociales alcanzados durante la Revolución Bolivariana, durante el gobierno del Presidente Chávez.

Se ha implantado, mediante una política de shock sin precedentes en el país, un paquetazo neoliberal, anti obrero, donde se le escamotean los derechos a los trabajadores, se les roban sus prestaciones y pensiones; un gobierno que es la envidia de Macri o cualquier otro gobierno de derecha. No hizo falta un Pinochet para derrocar a la Revolución Bolivariana, Maduro le hizo el trabajo a la derecha.

Ahora se negocia la entrega de un país en ruinas, se prepara para entregarlo en  bandeja de plata a la extrema derecha, para que terminen de desguazar la Patria. Los maduristas y su maquinaria de lobotización insisten en negar esta realidad. No importa, ellos quedarán reducidos a una minoría despreciada por todo el país.

Aún faltan números: los de PDVSA, de las Empresas Básicas, del Estado; los números del sector social, pobreza, pobreza crítica, mortalidad infantil; y, tantos otros índices que alguna vez mostrábamos con orgullo al mundo.

El daño al alma humana no se puede medir en números. Pero ha sido profundo. Han convertido al pueblo del 13 de abril, en un pueblo que huye de la patria, que corre tras una caja de comida. Han degradado nuestro gentilicio, ha aflorado lo peor de la sociedad, en medio de un país donde el “pran” es un héroe, es ministro o ministra.

A Maduro se le acabó el tiempo, es un muerto que camina y arrasa todo a su paso, tratando de agarrarse de algo en su caída estrepitosa. El basurero de la historia espera por él y su selecto grupo de entreguistas y destructores de la Patria.

A los Chavistas, al campo Bolivariano, a los sectores populares, progresistas y honestos de la Patria, nos corresponde la tarea, que ya es una responsabilidad, de resarcir a nuestro pueblo de esta estafa que tuvo su origen en nuestro propio movimiento, que ha sido capaz de actuar como Herodes contra los sueños y futuro de todo un pueblo noble.

Por mucho menos que ésto, el Comandante Chávez se alzó en armas el 4 de febrero de 1992.

Nos corresponde dar la cara, derrotar al madurismo como nuestra prioridad y echar el resto de nuestras fuerzas y de nuestra vida en recuperarnos de la oscura noche del madurismo.

 

Te puede interesar
Loading...

Compartir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Traducción »