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Oscar Morales: Algo que no vamos a recuperar jamás

 

Además del tiempo, existe algo muy doloroso que no vamos a poder recuperar jamás: el futuro de los niños con desnutrición. Diversos estudios muestran cómo los primeros 1.000 días de un bebé son los más trascendentes de su historia de vida. En esos días, ocurren las transformaciones más importantes en sus cerebros. En consecuencia, nunca habrá una mejor etapa para que el sistema nervioso central se desarrolle adecuadamente y tampoco existirá otro tiempo en el cual las conexiones neuronales crezcan exponencialmente.

Existen diferentes investigaciones que explican ampliamente las consecuencias anatómicas, funcionales y bioquímicas que afectaría al infante si no recibe una alimentación apropiada y una estimulación óptima. El Dr. Monckeberg Barros, realizó una transiluminación del cráneo de un niño desnutrido y otro nutrido. Resultado: La atrofia cerebral es asombrosa. La imagen vale más que mil palabras.

Está fundamentado -científicamente- que los niños que sufren de desnutrición infantil tendrán muchos problemas de aprendizaje, no les será sencillo leer, escribir o realizar alguna operación matemática. Estas dificultades le acompañarán toda la vida. Evidentemente, ese futuro hombre-mujer, no podrá desplegar todo su potencial, y con ellos perdemos todos como nación.

Desgraciadamente, el retroceso de las futuras generaciones se está firmando ahora y el rezago del país se está decretando, por ejemplo, con Anailín Nava. No se puede ocultar que los millares de infantes que están soportando el hambre hoy, pues, mañana serán presas fáciles de adicciones y violencia. Duele mucho más el horror cuando sabemos que la infancia –junto con los adultos mayores- es la población más frágil y los que menos tienen culpa de las perversidades de los adultos. ¡Qué crueldad más grande!

Mientras tanto, en Oslo se está intentando resolver la crisis política que nos tiene colapsados y nos empuja sin pausa al primitivismo colectivo. Esperemos que en esa instancia puedan conversar y converger en una salida civilizada, pacífica y electoral. No olvidemos que –necesariamente- tenemos que conformar un nuevo gobierno que tenga un mínimo de gobernabilidad, y eso solamente se puede lograr con un acuerdo saludable entre las partes.

Si usted se va a sentar para escuchar al otro y mostrar su disposición para alcanzar una solución, lo mejor sería no ir con mantra ni mandamientos sacrosantos, porque probablemente no va a poder avanzar ni un centímetro. A veces, debemos quitarnos esas ataduras que no permiten avanzar y no nos dejan contemplar otras oportunidades.

¿Usted cómo actuaría si lo único que le ofrecen es cárcel o guindarlo por la piel del escroto?  Tal vez, resistirá, y si tiene un revólver en la cintura, con más razón peleará su muerte. Es lo que ocurre con Nicolás Maduro y su camarilla: si lo único que se le ofrece es persecución y muerte, entonces responderán con sus cañones y tanques. Sin embargo, si nos sentamos a conversar, vamos a la política civilizada, nos escuchamos y transformamos la abrumadora representación social en una categórica representación política, ahí podríamos cambiar el régimen, y esto sólo es posible por medio de votaciones universales, libres y secretas. El resto es ilusiones, falsas expectativas, seguir navegando en la política confrontacional sin certezas, y conflictos y más conflictos.

Por supuesto, tenemos que exigir un proceso electoral transparente, y eso pasa por la renovación de sus rectores, una limpieza del registro electoral, la observación internacional y garantías a todos los actores participantes.

Por el futuro de los niños, lleguemos a un acuerdo.

 

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