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Oscar Henrrique Fuenmayor: Cosas de camellos

 

Desde remotas y desérticas latitudes y, con muchas ilusiones de beber bastante agua, llegó a Maracaibo un inocente camello. En circunstancias normales la presencia de semejante criatura que bien hubiera podido causar una conmoción casi en cualquier lugar de la Tierra, apenas si pareció llamar la atención a los preocupados habitantes de dicha ciudad. Y es que los habitantes de esta acalorada  urbe, acostumbrados a la indolencia gubernamental, a extensos apagones, a las prolongadas sequías urbanas aguantando la sed durante días  y a bañarse cuando llovía, ya habían venido haciéndose la idea de que realmente vivían en un desierto como los camellos, razón por la cual  les pareció muy natural que el singular visitante se detuviera en una taguara con sospechosas intenciones. ¡Una friíta que tengo la lengua seca como una cotiza! cuentan que dijo el camello mientras se preparaba a compartir sanamente un poco de esparcimiento con quienes ahí se encontraban. Al parecer, ni siquiera el hecho insólito de contemplar a un camello bebiendo cerveza sacó a los estresados lugareños de la resignada arrechera en que los mantenían el calor, la sed y las continuas y prolongadas interrupciones del servicio eléctrico. Frustrados de tanto reclamarle a HIDROLAGO, desencantados de la politiquería del Ayuntamiento que no asume por incapacidad su competencia en la prestación del servicio de agua y, después de años pagando recibos pero sin disfrutar  del preciado líquido, habían agotado su capacidad para el asombro. Después de haber padecido todo esto en pleno socialismo del siglo 21 y de haber estado viviendo como camellos en el desierto, los resignados maracaiberos confundieron al jorobado visitante con un sediento ciudadano mas que estaba calmando su sed con lo primero que había a la mano, o más bien a la pezuña.

Si bien los lugareños no parecieron muy extrañados de la presencia del camello, éste no parecía salir de su asombro por las increíbles  cosas que estaba viendo desde el mismo momento en que llegó. Lo primero que llamó su atención fue el inmenso ajetreo en que parecía sumida la gente como si se fuera a acabar el mundo y no hubiera tiempo para otra cosa que un ir y venir de aquí para allá y de allá para acá correteando con tobos, botellas de refrescos y todo tipo de depósitos donde almacenar agua -hasta en las cucharas inclusive- según pudo observar directamente. Una vez terminado su refrigerio decidió darse una caminadita por los alrededores y así pudo ir viendo a  familias enteras y a grupos de ciudadanos danzando alrededor de los envases para el agua mientras cantaban algo así como “que llueva, que llueva, la virgen de la cueva,…”. Esta situación se repetía en diversos lugares lo que animó a nuestro visitante a comunicarse con algunos de los lugareños. Hubo un momento en que pensó “¿será que están tan contentos como dice siempre el Presidente Maduro, como él, que baila ante los medios aunque todo el mundo le señale que su país se  esté cayendo a pedazos? Al mismo tiempo y en casi todos los lugares pudo percibir un extraño olorcito del que no pudo determinar de qué se trataba ni de dónde venía. Decidió acercarse a uno de los grupos de danza y preguntar.

─Buenos días ciudadanos, ─saludó en perfecto castellano a varios de los danzantes.

─Buenos días señor, y gracias por sus deseos, pero como usted puede ver aquí estamos pasando unos muy malos días, malos meses y hasta malos años porque el agua no llega desde muchísimo tiempo… ─contestó apesadumbrado el otro camello (perdón, el ciudadano); los embalses están llenos, pero tiene que haber un psicópata en Hidrolago que nos está negando el agua… estamos muy tristes por eso.

─O algún empresario que está haciendo cobres con la venta del agua ─agregó otro.

“¡Sí, eso es! “─ repitieron todos a coro.

─ ¡Pero cómo va a ser! , he oído que ustedes en Maracaibo son un pueblo feliz pero que no lo saben, ¡vamos alégrese! que mañana puede ser mucho peor,… al menos fue lo que dijo el Presidente, que ustedes son un pueblo contento en socialismo.

Un poco impaciente agregó el ciudadano:

─No diga eso señor Camello, usted como que no es de por aquí; cómo vamos a estar felices sin electricidad, sin agua, sin poder dormir bien por el calor y los zancudos, sin internet y sin comunicaciones, sin celulares, sin comida, sin medicinas, sin televisión, sin escuelas abiertas, etc.;  lo que usted ha oído por ahí son puros discursos, una cosa es lo que ve por los medios del Gobierno, como VTV, y otra es lo que pasa en este pueblo olvidado de eso que llaman Dios y el Gobierno.

─ Mmm… ¿Podría explicarme qué es lo que están haciendo? Parece como si estuvieran bailando alrededor de las pipas de agua y de los tobos ─Preguntó el camello rascándose una de las jorobas  debido a que tenía días sin bañarse.

─Es nuestra danza de la lluvia señor camello, estamos desesperados, nadie se duele del sufrimiento del pueblo. Ya nada podemos esperar ni de Omar Prieto, ni del Willy ni de Maduro… Pero eso sí, cuando hay elecciones búsquennos que para eso somos buenos, para votar y para hacer bulto. Fuimos a HIDROLAGO y nada, fuimos a la Alcaldía y ahí también se hicieron los willysmeis; somos un pueblo que muere de sed, estamos tristes y sí lo sabemos… y de agua, nada.

─ ¿Pero bueno, y las medidas de contingencia?

─Las anuncian, pero no se ven por ningún lado, para que creamos que ya está haciendo algo y nos muramos de sed más tranquilos,… y “felices” como asegura el Presidente que estamos.  Lo que si vemos que pasa en nuestras narices es el negocio del agua; camiones cisternas por aquí y por allá vendiendo el agua en dólares a quien pueda pagarla. A veces tenemos que quitarles el pan de la boca a los muchachos para poder comprar una pipa de agua que cuesta un ojo de la cara.

─ ¿Y por qué pasa todo eso? Alguna explicación darán las autoridades ─preguntó estupefacto el camello por lo que le estaban contando.

─Puras mentiras, señor Camello, igualito que el fraude de los perniles; dicen que el sistema eléctrico ha sido dañado por rayos electromagnéticos y que esto ha afectado el servicio de agua; el Gobierno nunca reconoce su responsabilidad en el caos de todos los servicios ni en nada; ni en PDVSA, pues…

─Por cierto, mi amigo, perdone que lo interrumpa, pero es que desde que llegué a Maracaibo estoy percibiendo un extraño olorcito que no me deja ni respirar, ¿De dónde viene tanta hediondez? ¿Qué puede oler tan feo?

─No vaya a pensar que es porque no nos estamos bañando, señor Camello, esa pestilencia viene precisamente de HIDROLAGO, algo muy podrido hay ahí en ese organismo.

─Huele como a guayuco de Tarzán ─comentó el camello, tapándose la nariz con una de las pezuñas.

─Si, es cierto, es un olor muy desagradable; por cierto, ese mismo olorcito era el que venía despidiendo PDVSA desde hacía algún tiempo, aun antes de que se descubrieron aquellos manejos turbios que todo el mundo conoció por los medios,… que casualidad…

─ ¿Igual el servicio eléctrico? ¿También huele feo? ─inquirió el camello, quien parecía preocupado por aquel análisis.

─Es insoportable,  sobre todo de noche, cuando queremos descansar; la pestilencia que sale de ahí viene acompañada de oscuridad y de zancudos haciéndonos aterradora hasta la idea de irnos a dormir…y no se le ve fin a esta tortura.

─Pero algo tendrá que hacer el Gobierno, amigo mío, algún día se resolverá el problema de electricidad y agua.

─Ya nadie cree eso, señor Camello, cada día nos convencemos mas de que al Gobierno le conviene esta situación, que nos mantengamos del tumbo al tambo buscando el agua y cazando que llegue la luz para medio vivir como un cristiano. Así no nos queda tiempo para organizarnos y defender nuestro derecho a la vida que nos están quitando el Maduro y el Guaidó con su guerrita.

─Caramba, entonces el futuro se ve muy oscuro.

─Y mas a fuerza de apagones que duran días enteros… esto se lo llevó quien lo trajo…

“Yo como que mejor me devuelvo al desierto, creo que allá funciona mejor el servicio de agua” pensó para sí el camello.

─Bueno, estimados parientes, me despido, tengo que hacer una diligencia por allá por el desierto de Atacama ¡adiós!

 

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