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Felipe Pérez Martí: “Oslo: Error de Guaidó y cómo corregirlo”

 

1- Introducción

El tema del diálogo, o negociación, en Oslo, ha causado una división bastante grande en las filas opositoras, mientras  que ha producido unanimidad y entusiasmo en el desgobierno.

Aquí analizo si fue una buena jugada, o un error para nosotros (y un error o éxito para el desgobierno). Se  ha dicho que lo racional, lo “político”, es hacerlo. Aquí muestro que hay que negociar. Pero de manera realmente racional, política. Como se ha hecho, es irracional y se cae en la traición al pueblo venezolano.

Otro argumento a favor es que si se hace con expertos en negociación, se va bien. Que si se hace en un país “experto” en esto, como Noruega, pues se va bien también. A las dos cosas respondo que  incluso con los mejores expertos, y con un país “experto” y neutral, es erróneo la forma en que se ha hecho. Y propongo una manera de corregir sustancialmente las cosas.

Para eso, voy a hablar de los fundamentos básicos de una negociación. Creo que ustedes van a quedar contentos con las conclusiones y de acuerdo en que esta es una teoría sólida, básicamente inexpugnable. Pero es solo teoría, dirían algunos? En gerencia, además de en ciencia y disciplinas aplicadas, como debería ser la política,  se sabe que no hay nada más práctico que una buena teoría. Y si la teoría no sirve para explicar la realidad, no sirve, simplemente. La propuesta es que se use en la gerencia política venezolana, sobre todo en estos momentos tan necesarios, pues la productividad de hacerlo marca una diferencia del cielo a la tierra, como veremos. Pues nos muestra los problemas principales, que  tienen que ver con conflictos de intereses en las filas opositoras, algunos de los cuales están alineados y actúan como agentes de nuestros verdaderos enemigos: los caza-renta (los corruptos, en realidad, como veremos). Y nos muestra cómo resolver esos problemas desde el punto de vista del interés del resto de los venezolanos, los que están contra la corrupción, del color que  sea.

2- La teoría básica, la evidencia empírica, los bate-quebrados y la intuición popular.

Profundicemos en este punto de cuál es el enfoque correcto para el tema en cuestión de este artículo. Una negociación como esta es básicamente una subasta bilateral con información asimétrica. Ese es el modelo básico que sirve para ver el tema. De hecho, prácticamente todos somos expertos en eso, si lo vemos con cuidado, pues ese modelo teórico no es más que la formalización rigurosa del conocido “regateo”. Una verdulera del mercado de Guaicaipuro en Caracas, que no tenga ni primer grado de estudios, sabe más de esto, al parecer, que  los “expertos” del Frente Amplio, asesorados por Harvard, como veremos. Debo precisar, por lo que se ve, y decir que no es que son más expertos los que no han estudiado, a pesar de que se trata del simple regateo: seremos expertos, en el sentido útil de la palabra, dependiendo del si no estamos sesgados, directa o indirectamente, por el enfoque del enemigo, el contrincante en la negociación, a quien le interesa que veamos el asunto desde su punto de vista, y como agentes de sus intereses. Si tenemos el enfoque de los caza-renta, seremos no solo ignorantes, sino dañinos para Venezuela, como veremos. En realidad no es cuestión de experticia, sino más que todo de intereses en juego. Y nos pretenden vender la experticia como justificación de los intereses contrarios a nosotros. Mosca.

De hecho, sobre esto, se ha dicho que expertos de Harvard aconsejan el diálogo en Oslo, como aconsejaban el de Dominicana, pues, según eso,  hay toda una teoría al respecto, que si se aplica, nos conviene. Les respondo, de acuerdo a lo que estamos diciendo, que ese argumento de autoridad es falaz. Personalmente me gradué en Chicago, en la Escuela de Economía. Y digo que están pelados aconsejando esos diálogos, como veremos aquí. Pero no porque mi universidad sea mejor que la de ellos. Sino porque la teoría formal al respecto es estándar en estos días, y realmente refleja la intuición popular, que no se ha pelado. Y, aunque fue hecha en las mejores universidades del mundo, como las mencionadas, es algo que se enseña en teoría básica del conflicto y la negociación a partir del nivel de maestrías de economía y negocios en todo el mundo (La enseñé en mi curso de Teoría de juegos en el IESA, por ejemplo, aunque al parecer ahora no lo cubren). Está en libros de texto de cierto nivel de Teoría de Juegos.

Como veremos también, no es solo un asunto de conocimientos teóricos ni de intuición, sino de conocimiento del terreno, y, sobre todo, de intereses en juego. Esta teoría básica sirve para desenmascararlos, como dije. Dado que la teoría rigurosa refleja la intuición popular, lo que va a ser determinante va a ser el conocimiento del terreno de juego, y el punto de vista que usemos. Es de hacer notar, y lamentable, que la mayoría de los “expertos”, nacionales e internacionales, se han decantado por el punto de vista del enemigo, sea porque están comprados, sea porque están equivocados. Incluso para interpretar el porqué de esto, lo que hará la diferencia es el conocimiento del mapa de conflicto.  En Venezuela es muy distinto que en el resto del planeta: la guerra no es entre el desgobierno y la oposición. Ni siquiera entre socialismo y capitalismo; entre chavismo y no-chavismo. Sino entre los corruptos y el resto de los venezolanos. Entre los caza-renta, y nosotros, que debemos unirnos en defensa de nuestros intereses en este conflicto.

Sobre esto del sesgo de los “expertos”, y para calentar motores, si tienen tiempo, es bueno que lean este artículo en que califico de bate-quebrados (para no hablar de vendidos al equipo enemigo), a varios analistas famosos:

Felipe Pérez Martí: Mapa de conflicto correcto y estrategia del coraje

En esto hemos aprendido que los batequebrados están no solo aquí, sino también internacionalmente. Por ejemplo los análisis de fondos de inversión como Barklays, Torino, Eurasia Group, de Caracas Chronicles, y los que hemos visto de muchos fondos de inversión con grandes equipos de bien pagados analistas adolecen del mismo problema: no tienen claro el mapa de conflicto, o representan intereses enemigos. Finalmente, varios artículos que hemos visto en el New York Times, y el Washington Post, son basura: nada que ver con lo nuestro y con nuestras posibilidades. Porque piensan más en oponerse a Trump que analizar con objetividad la realidad venezolana.

3- Teoría básica del regateo.

Si dos jugadores están negociando algo, hay dos elementos que la teoría ha identificado como claves, o determinantes: uno el “precio de reserva”. El otro, la “distribución de probabilidad” que tiene cada jugador, sobre el precio de reserva del jugador contrario. Para que entendamos el formalismo, imaginemos que vas a comprar aguacates a un mercado, y no tienen marcado precio (suponemos que hay un solo vendedor, y un solo comprador, lo cual se asemeja bastante al tema de Oslo, por lo que lo mantendremos por lo menos al principio). No sabes a cómo lo quiere vender la verdulera. Ni ella sabe a qué precio lo querrías comprar tú. Por eso es que se habla de “información asimétrica”. La máxima información que pueden tener los regateadores es una creencia sobre qué precio está dispuesto el otro de comprar o vender. Estas son  las “distribuciones de probabilidad” sobre ese precio.

El precio de reserva del comprador es el máximo precio que está dispuesto a pagar por el aguacate, si se lo ofrecen. El de la verdulera es el mínimo al que  ella lo vendería si estás dispuesto a pagarlo. Sin entrar en muchos detalles, es claro que, para que pueda haber un resultado exitoso y haya intercambio, el precio de reserva del comprador, el tuyo, debe estar por encima del precio de reserva de la vendedora. Solo así pueden ganar los dos en este proceso. Si no, no hay negociación posible, y no la habrá.

Lo que pasa es que el resultado no es inmediato porque ustedes dos no tienen idea del precio de reserva del “jugador contrario”. Supongamos que el precio de reserva tuyo es de 20 mil el kilo. Y el de la vendedora es de 14 mil.

Las distribuciones de probabilidad son las creencias mencionadas. Depende mucho de las “señales” que mande cada jugador. Pues eso le permite al contrario hacerse una idea del asunto. Por ejemplo, no es lo mismo si llegas bien vestido al mercado, que si llegas con ropa de pobre. No es lo mismo si tienes pinta de turista, con dólares en el bolsillo, que si llegas como una ama de casa con una expresión de preocupación en su cara de cómo llevar la comida a la mesa de sus hijos, para quienes un aguacate es un gran lujo en estos días de genocidio Madurista-Díazcanelista. No es lo mismo que vayas a comprar el aguacate en el mercado de Guaicaipuro, que si lo compras en el mercado de Chacao (donde son más caros, por el tipo de clientela que frecuenta el lugar),  o a un camionero gocho de los que vienen a Caracas desde La Grita o Mérida.

De hecho, las percepciones pueden ser una variable con control por los jugadores, por lo dicho. Si eres un turista, y te interesa mucho el producto, pero no tienes todo el dinero del mundo, es posible que mandes a su amigo local a comprarlo, por el tema de la apariencia.

Se  puede demostrar que, en ciertas condiciones técnicas, si las distribuciones de probabilidad son “uniformes” en el ejemplo de precios de reserva de 14 y 20 mil, el único equilibrio de Nash es de 17 mil: se transan por la mitad de la diferencia entre los precios de reserva alto y bajo. Y los dos jugadores ganan lo mismo a partir de su precio de reserva: 3 mil. Y quedan  contentos. Es un hecho, pues, que en situaciones normales de negociación, cada quien “tiene que ceder un poco”, y no aspirar a su precio de reserva, o incluso más (menos para el comprador, más para el vendedor).

4- Aplicación de la teoría básica al proceso de Oslo.

Empecemos con algunas simplificaciones para la aplicación de  la teoría a nuestro objeto de estudio práctico. Supongamos que la delegación de Guaidó tiene un “precio de reserva”, u objetivo irrenunciable, que implica que quiere que haya unas elecciones libres, con supervisión internacional, soltar presos políticos y ayuda humanitaria inmediata. La delegación de Maduro está dispuesta, en el límite,  a que salga Maduro, y a todo lo demás que quiere la delegación de Guaidó. Como lo demás está en las dos delegaciones, concentremos la cosa en la salida de Maduro. El desgobierno está dispuesto a que salga, y Guaidó a que no salga (pues está segura que saldrá si hay elecciones libres, por las encuestas).

Notemos que estoy siendo fiel a los supuestos del modelo teórico: si el precio de reserva del contrario no fuera conveniente para los dos jugadores, no habría posibilidad de éxito en el regateo. En este caso es más o menos acertado, pues lo dicho es lo mínimo que aceptaría la delegación de Guaidó, según ha  trascendido. Lo mismo para la del desgobierno: es lo máximo que están dispuestos a ceder, pues implica que se quedan todos los demás: la cúpula militar corrupta, la judicial, los otros poderes, los diputados, gobernadores, alcaldes, el dominio cubano, chino, ruso, la guerrilla, el Hezbollah, los colectivos, la  milicia: los caza-renta quedarían intactos, y tendrían otro títere, pues el poder no está en la presidencia, como sabemos nosotros quienes conocemos este tema del régimen caza-renta.

Si las creencias, expectativas, son las uniformes mencionadas (que otorgan la misma probabilidad a cada dígito en el universo de negociación), el equilibrio de Nash sería que sale la mitad de Maduro.  La interpretación podría ser que se quedan la mitad de sus ministros en el nuevo gabinete, digamos, o lo más poderosos como el ministro de la defensa y el del interior, muchas empresas del estado, pero quedan en mayoría en el nuevo CNE: tres contra dos.  O algo similar.

Como están las cosas en la opinión pública, básicamente todos los seguidores del Frente Amplio quedarían contentos con esta “solución”. Incluyendo al Vaticano, el grupo de contacto, el grupo de Lima. Pero los jugadores del coraje quedarían descontentos: Soy Venezuela, Trump, el Movimiento Libertadores, la mayoría de la gente en la calle y en las redes sociales.

5- El problema de las creencias, las expectativas.

Como vimos, las señales son cruciales en estos procesos de negociación. El desgobierno ya sabe que la delegación de Guaidó está compuesta por personas que creen en la cohabitación. Todas ellas. No es necesario detallar esto, pues es prácticamente conocimiento común lo que afirmo aquí. Como ir vestido de turista en nuestro ejemplo, y no de pobre: la verdulera va a ganar  mucho en este caso.

Segundo, sabe que Leopoldo, en conjunto con el G4, estaba negociando con la cúpula militar y judicial, la salida de Maduro, pero que implicaba que todos los demás poderes se quedaban. Al único que excluían era, al parecer, y eso solo posiblemente, era a Diosdado, por la reacción que tuvo luego, capturando sus propios rehenes para ser incluido en la negociación de salida con salvoconducto. Se mostró no solo el turista, sino que dijo que  iba a pagar en dólares antes de que se acordara el precio de venta.

Tercero, que la delegación de Guaidó está aceptando un lugar para negociara en el que no reconocen a Guaidó como presidente, pero sí a Maduro. Es como si el turista, con dólares, va al mercado de Chacao a comprar el aguacate, en vez de ir al de Guaicaipuro, o al gocho camionero. Pierdes en realidad más por lo del mercado al que vas: como cuatro mil bolívares en términos de precio de reserva del contrario.  Pues la verdulera sabe que, pudiendo ir a Guaicaipuro o al camionero, escogiste ir a Chacao. Es una información “idiosincrática” adicional del negociador contrario, que te hace perder más, sin necesidad.

Por tanto, el precio de reserva era bastante bajo, de cara a nuestros  intereses, y alto, de cara al de ellos. Podrían partir de un precio de reserva máximo de la salida de Maduro, y que todo lo demás quede igual. Desde nuestro punto de vista, un cambio gatopardiano, en que cambian las cosas, para que todo quede igual: queda el cartel de mafias en el poder, con una nueva cara democrática, y medidas económicas menos radicales, que no maten a los esclavos, nosotros. Si se parte de aquí, como hemos dicho, el resultado para nosotros no va a ser nada halagador, pues.  Porque el desgobierno va a saber por todo esto que están dispuestos a aceptar menos que en el ejemplo básico del apartado 4. Por tanto, lo más probable es que partan del supuesto de que habrá elecciones “libres”, como comentamos en ese escenario básico: el turista es tan “bonachón”, que la distribución de probabilidad revela su precio de reserva, que es aprovechado por el contrario al máximo. La conclusión, por lo dicho, es que ni siquiera Maduro saldría, en el equilibrio de Nash, en el resultado.

Pero son errores esas señales en favor del contrario? Creo que lo más probable es una combinación de improvisación, programada, y señales intencionadas: se está señalizando que la negociación es entre los caza-renta moderados, y los radicales, a través de sus  agentes, sus representantes. Por lo elemental de la teoría básica del conflicto y la negociación: no es posible que no sepan esto. Como veremos, para estafar a los venezolanos.

6- El tema del precio de reserva: las alianzas y los intereses en juego.

Aunque hablamos de precios de reserva, no hablamos de dónde provenían. En realidad esto es básico en una negociación. En el caso del aguacate, imagínense que como comprador eres un monopsonio (el único comprador en todo el mercado), y hay muchos  vendedores. Si es así, la verdulera no podrá aspirar a vender el aguacate muy caro, pues te puedes negar a comprarlo ahí. Tendrá que bajar su precio de reserva, digamos de 14 a 4. Y tú podrás igualmente bajar tu precio de reserva, digamos de veinte a siete. Si el vendedor es, por otro lado, un monopolio, y hay muchos compradores, la cosa es al revés: la verdulera puede subir su precio de reserva, digamos de 14 a 24, y tú tendrás que subirlo también, de 20 a 30, digamos.  Si los otros supuestos no cambian (sin complicar más las cosas, por motivos de exposición), en el caso del monopsonio el precio de equilibrio sería 7, y en el caso de monopolio6 sería 27.

Esto indica que el “poder de mercado” es determinante en la negociación. En el caso de la política, el poder político (fáctico, no electoral, pues este es un proceso en que deciden las fuerzas fácticas, no el número de votos de la población, como vemos, pues  si fuera así, arrasaríamos con todo) determina el equilibrio al que se llega. Se puede hablar, más generalmente, de “poder de negociación”. Si el gobierno de Guaidó tiene capacidad militar nacional e internacional para sacar a Maduro y la banda de los siete, subirá de elecciones (cero miembros salen ahora; solo lo harán en elecciones), a una combinación de exiliados (unos veinte), con apresados: 10.000: todos se van o quedan presos, perdiendo con eso  el poder ejecutivo, el judicial, el electoral, la cúpula militar, fiscal, defensor, directiva Banco Central, todas las gobernaciones y alcaldías, empresas del estado, arco minero, guerrilla, colectivos, milicianos, y… diputados corruptos (elecciones de revocatorio para diputados y elección de nuevos).

Y el régimen no podría tener como objetivo de reserva que se van pacíficamente unos cien si les dan salvoconducto: si les quitan las sanciones de EEUU, y les ofrecen un puente de plata para un país que los acoja. Se negociará el monto del dinero que pueden llevarse también. Y que se queden, en una retirada táctica con la guerrilla, el Hezbollah, los colectivos, la militancia de base, etc. Pueden decir no controlan la guerrilla, etc, para dejar eso fuera de la negociación, pero es parte del objetivo de reserva. Esta parte lo aceptaría Guaidó, por el equilibrio de Nash que se prevé en este caso, pues sería una tarea pendiente para lo que viene. El equilibrio probablemente quedaría en unos cien exiliados con puente de plata, salir de todos los poderes, pero “justicia transicional” para unos 15.000, con 5.000 procesados por delitos de tortura, corrupción, etc. Sin tocar a la guerrilla, colectivos, etc, aunque desbandando la milicia y sacando a los cubanos. Probablemente respetando la deuda de chinos y rusos, con el mismo tratamiento de restructuración de deuda, como el resto de los acreedores.

El poder que tiene el régimen es el de hacer guerra si se pretende meterlos presos, o matarlos. Es el poder que tienen los delincuentes que han robado un banco, pero que están rodeados militarmente. Pero tienen rehenes, nosotros los venezolanos, en particular los presos  políticos, que le duelen a los que los tienen sitiados. Si estos últimos irrumpen para apresarlos y “hacer justicia”, entonces ellos podrán matar rehenes. Si Guaidó decide, con sus aliados, hacer una guerra para apresarlos, o eliminarlos, ellos responderán con una guerra, sin duda, como han señalizado muy bien: así es que hay que interpretar el apresamiento de diputados, la existencia d e los colectivos, los milicianos, etc, no como señal de que se pueden quedar en el banco indefinidamente, pues están rodeados.

Se sabe que las fuerzas son muy desiguales, claro, y que ganará la alianza libertadora. Pero habrá muertos en la contienda. Y quedará resentimiento. No  solo duelen los muertos, sino que la transición se hace más difícil, por falta de gobernabilidad. Esto se conoce en las transiciones exitosas y las fallidas. Se puede demostrar que el único equilibrio de Nash en una situación como esta, en la que hay fuerzas muy desiguales, y no hay efectos reputacionales, es el de la salida pacífica, con salvoconducto. El tema a definir es cuantos delincuentes lo obtienen, y cuánto dinero de llevan. Por eso sería previsible un equilibrio de Nash como el descrito. Aquí describo el juego más formalmente, aunque de manera simplificada (han cambiado  los jugadores, como diré ahora):

Felipe Pérez Martí: Obediencia Constitucional

7- Qué determina el poder de negociación que realmente se esgrime? Mapa de conflicto y estrategia óptima.

Como hemos visto, hay dos extremos en el equilibrio, o resultado,  logrados, dependiendo del poder de negociación que tengan los jugadores en conflicto. Alguien podría decir que Guaidó no ha logrado la fuerza militar interna y externa para lograr el mejor resultado, descrito en el apartado anterior. Pero ese es un análisis que no ve el problema principal que subyace en la política venezolana. El mapa de conflicto no es entre el desgobierno y la oposición. Sino entre el cartel de mafias caza-renta, y el resto de los venezolanos. Aquí lo describo:

Felipe Pérez Martí: Mapa de conflicto correcto y estrategia del coraje

Esto será clave para entender los dos extremos expuestos. Y lo que permite interpretar lo que ha venido ocurriendo, y el proceso en Oslo, el tema de nuestro artículo. La existencia de un cartel de mafias caza-renta con negocios relacionados es innegable en Venezuela. Aquí lo comento, a propósito de la literatura  especializada (página 17):

Pero hay un conflicto interno entre los caza-renta, entre sus mafias componentes. Aunque hay más complejidad en el cartel, o la oligarquía de mafias, podemos afirmar que hay dos grupos de mafias principales asociadas y confrontadas por la regencia del cartel. A veces no se comporta como cartel sino como oligarquía, en que compiten las mafias, sin un acuerdo. Cuando bajó el precio petrolero empezaron a arreciar de manera notable, y hasta pública por primera vez, los conflictos entre las mafias.  La mafia regente en ese entonces, y todavía, era radical. Siguió exprimiendo hasta el cansancio todo lo que pudo de los venezolanos, en vez de ajustar sus tasas de renta en todos sus negocios relacionados, sin siquiera preocuparse por las apariencias de dictadura delincuencial. Los cubanos, los militares, los traficantes de droga, se aferraron al poder como drogadictos, incluso si ponían en peligro la existencia misma de su propia familia, la cosa nostra, digamos, para poder seguir satisfaciendo su adicción. Por mucho tiempo no se veía tan claramente la verdadera cara de los que  mueven los hilos en la política en Venezuela. Mataron las gallinas de los huevos de oro, y pusieron peligro por primera vez realmente, incluyendo los tiempos de la cuarta república, como sabemos, su existencia misma como los titiriteros de la política y la economía de Venezuela.

Los “moderados” del del cazarentismo entonces quisieron un cambio gatopardiano, de cara a nosotros,  para evitar la muerte del cartel y su modelo. Un nuevo grupo, más “sensato” regentaría el cartel, pero el cartel seguiría existiendo.  Fue el trabajo que trató de hacer la MUD, dominada por agentes de las mafias moderadas del caza-rentismo. Ofrecieron diálogo cuando en varias ocasiones se estuvo a punto de una ruptura democrática. En vez de jugar “coraje” en el juego de confrontación fáctica (que a estas alturas ya nadie niega, salvo algunos ilusos marginales, como Enrique Ochoa Antich, Eduardo Fernández, Claudio Fermín), jugó “cohabitación”. Cuando lo óptimo, para la gran mayoría de los venezolanos,  era jugar coraje, dada la fuerza relativa potencial que siempre hemos tenido. Pero que había que activarla y coordinarla. Esa estrategia de cohabitación (elecciones, diálogo) se jugó luego de la Consulta del 16J, que fue una jugada del coraje. El 20 de Mayo del 2018, se presentó Henry Falcón, un títere de los caza-renta moderados, a las elecciones, con un programa económico más “sensato”, que implicaba mejoras para la población, y disminución de la ganancia de los caza-renta, pero que permanecerían en el poder de esa manera. Lo mismo, cuando se pretendió que Guaidó no se juramentara (que fue una jugada del coraje). Igualmente cuando pretendieron cambio de ruta, a elecciones primero, en Dominicana. Ahora con lo de Oslo con el equipo descrito en los apartados  4 y 5.

8- El tema del tiempo y la batalla focal.

Es conocido en teoría de juegos, que para  confrontaciones fácticas como la presente, cuando la diferencia de fuerzas es notable, la salida es pacífica, por un lado, y rápida, por  otro. Cuando las fuerzas relativas son similares, el conflicto se prolonga. Puede haber una guerra civil prolongada.

Una negociación, como la de Noruega, como se ha llevado, puede implicar un largo proceso, por lo mismo: aparentemente el juego está trancado, pues ninguna de las fuerzas le puede ganar a la otra en confrontación violenta, y hay que negociar una convivencia pacífica, que impida una guerra de desgaste de duración indefinida de los dos contrincantes, y que  reparta el territorio.

Pero la negociación misma toma más tiempo en estos casos, que en casos de fuerzas muy desiguales, lógicamente, pues en este último, el ganador impone una salida rápida, y el perdedor se rinde para que no lo exterminen.  El hecho de que no hayan llegado a un acuerdo en la primera sesión, porque aparentemente no haya acuerdo, no significa que no sigan negociando. Como en regateo, puedes empezar ofreciendo 10 mil. Y la verdulera 30 mil. No habrá transacción, por lo dicho de la necesidad de ganancia de los dos. Y el precio ofrecido debe ser el mismo para el comprador que para el vendedor, por supuesto. Para que haya “equilibrio”, o solución. El primer día, el desgobierno dijo que no estaba de acuerdo con la salida de Maduro. Pero eso no quiere decir que en realidad no estén de acuerdo con eso, como dijimos en el ejemplo.

Como se pudieron las cosas en Oslo, los contrincantes son más o menos similares, pues, si Guaidó no cuenta con fuerzas militares que aumenten su poder de negociación. Solo puede ofrecer, con la venia de Estados Unidos, algunas sanciones eliminadas. Los detalles de la decisión, pues, puede tomar mucho tiempo. Más que el que la gente  de la calle está dispuesta a soportar sin morirse, literalmente hablando.

Otro tema importante es que, cuando se está en una guerra, hay escenarios de lucha focales. El hecho de que lo de Noruega haya concentrado toda la atención como centro de confrontación, es ya un triunfo para el desgobierno, como lo se ha revelado ya con sus declaraciones, su alegría manifiesta. Y por lo que hemos visto de que se ubica la lucha como un conflicto entre caza-rentas, moderados y radicales. No como un conflicto entre venezolanos y cartel de mafias caza-renta. El conflicto principal queda opacado, y silenciado, con este evento. Y se pretende representar con él, el verdadero, el del verdadero mapa de conflicto.  Y si se llega a un acuerdo, se vende como el acuerdo entre todos los venezolanos. Que sería una estafa para nosotros. Una traición de nuestros intereses en realidad. Lo que nos lleva al tema de la representatividad.

9- El problema de la representatividad de los negociadores.

En todos estos vaivenes, pugnacidad en la oposición, entre la estrategia del coraje y las reacciones de los cohabitadores, fue que nos dimos cuenta la gran mayoría de los venezolanos, y algunos analistas,  de que la MUD, ni ahora el Frente Amplio, representan realmente a los venezolanos. Sino que tenían, y tienen, un conflicto de componentes: unos representando a los venezolanos, y otros a los caza-renta moderados. Y, como no se puede juzgar por lo que no se ve, y sí por desempeño, ha quedado claro que los cohabitadores han sido identificados por nosotros, y por el pueblo venezolano en general en su gran mayoría, como los agentes del caza-rentismo. La facción moderada en ese conflicto interno del que hablamos. Pues la correlación que se ha evidenciado entre cohabitación (variable observable) y corrupción (variable no siempre detectable) es cercana al 100%.

El Presidente Juan Guaidó, a pesar de que la gran mayoría lo apoyamos, no siempre nos representa con sus acciones. El nombramiento, por ejemplo de muchos embajadores, obedeció más al cuoteo entre los partidos del G4 del Frente Amplio, que el interés de los venezolanos. Ahí se colaron muchos, la mayoría, me dicen, de cohabitadores. De agentes del caza-rentismo. Lo mismo pasó con el nombramiento del equipo de negociadores que fue a Oslo, todos ellos cohabitadores, representando, directa o indirectamente, a los caza-renta moderadores, con las propuesta de los apartados 4 y 5. No con las propuesta del apartados 6 y 7, en que el equilibrio de Nash representa la estrategia correcta, y el interés de la gran mayoría de los venezolanos.

10- ¿Qué intereses explican la estrategia de la cohabitación en los opositores aliados con el caza-rentismo?

Si una coalición del coraje sacara de cuajo a los cohabitadores, las probabilidades de salir del sistema caza-renta son muy altas, como se sabe, por diseño institucional (en este caso Oslo sí que es un buen ejemplo pues el fondo petrolero tipo Noruega es una buena solución). Los agentes del caza-rentismo moderado perderían su modus operandi de corrupción “normal”, su “politics as usual”. Sin matar a los esclavos. Con una política económica más moderada, como en la cuarta república (pero no radical, como la que pretendía CAP II, y por eso lo sacaron). Seguirían nombrando a un CNE complaciente que no esté de acuerdo con un revocatorio de diputados. Con elecciones de gobernadores y alcaldes que  mantenga el estatus quo de la “política como siempre” que viene del financiamiento de los partidos y candidatos como siempre. Con los poderes corruptos que permitirían seguir con el país como hasta ahora y en la cuarta república. Con sus cuotas de embajadores, de magistrados, etc, etc. Con las fuentes de financiamiento tipo Odebrecht, etc. Por eso es óptimo para ellos el equilibrio de Nash de los apartados 4 y 5, en que cohabitan con el caza-rentismo, su modelo de país favorito, aunque Venezuela no se desarrolle económicamente, ni salga de las corruptelas de siempre.

11- Qué hacer para corregir el curso?

El presidente Guaidó debe tomar conciencia de que no le conviene una alianza con los cohabitadores. Debe armar una nueva alianza, con los del coraje. Roosevelt y Churchill llegaron a una alianza con Stalin, un jugador del coraje contra Hitler en la segunda guerra. No se aliaron con Mussolini, un cohabitador con el nazi. Lo mismo aquí: si tenemos claro el mapa de conflicto, no debemos tener a los caza-renta, ni moderados, en el liderazgo opositor.

De hecho, sabemos, por fuentes confiables, que no solo nosotros estamos enojados con esta dirigencia opositora guabinosa. Los Estados Unidos también. Y están a punto de colgar los guantes si no tomamos medidas. Aquí están nuestras recomendaciones para una nueva alianza:

En audio, resumido:

En texto, más extenso y pormenorizado:

Sobre los cohabitadores, a ellos hay que tratarlos como competidores, como contrincantes, no como aliados. Se formará con ellos un equilibrio de Nash entre contrincantes, tipo Stackelberg. Tendrán su espacio, como en los equilibrios de negociación descritos. Pero no serán líderes, sino seguidores, en materia de conducción del país, como bien lo establece esa teoría y la evidencia empírica. Tomará unos 15 a 20 años salir del caza-rentismo. Pero se puede, como se dice en los documentos citados. Con un gobierno de transición adecuado, que garantice que el pueblo venezolano no sea engañado en cada elección, y pueda ir saliendo adelante progresiva pero firmemente, con un plan establecido al respecto.

12- ¿Estados Unidos estaría dispuesta a una acción militar?

Se ha argumentado, como lo ha dicho el mismo Vecchio, que EEUU no estaría dispuesta a intervenir en Venezuela. Eso es falso como una afirmación tajante, pues Trump es un gerente, y actuará de acuerdo a las  oportunidades, beneficios, costos y riesgos. Lo que no está dispuesta es a aguantar a esa dirigencia opositora guabinosa y dividida, cazada en parte importante con el enemigo. Que no garantiza una contrapartida adecuada en un equilibrio de coordinación.

Las ganancias para EEUU, y sus  aliados regionales, serían inmensas con una  Venezuela que salga del caza-rentismo, pues nuestro país es tierra virgen para la inversión mutuamente provechosa. Además de que minimiza los problemas de terrorismo, guerrilla, tráfico de drogas, de armas, emigración indeseada en los  vecinos y en general, etc. Un foco de perturbación continua. Y el costo es relativamente bajo, pues este régimen está implosionando desde todo punto de vista. Económico, social, político. Ya ni su propia gente lo quiere. Una acción militar quirúrgica lo sacaría de cuajo, en combinación con los militares en rebelión, que tampoco van a actuar solos, sin una contrapartida adecuada en lo político y en lo internacional. La acción solo necesita neutralizar, pues esto es una culebra. Una vez que caiga, los seguidores no tendrán incentivos para defenderlo, como ha quedado muchas  veces claro (recordemos el símbolo de lo que pasó con la fuerza armada y el pueblo durante el supuesto intento de magnicidio).

He explicado varias veces en otros artículos que un equilibrio de coordinación requiere que cada una de las partes juegue su parte. Guaidó debe querer, y pedir, que EEUU intervenga. Lo mismo los militares en rebelión que no quieren nada con el régimen, que son la gran mayoría, y tienen sus grupos de liderazgo.

La acción unilateral de los jugadores llevaría a un fracaso del jugador en cuestión. Por eso no es de esperarse una jugada unilateral de los militares en rebelión. Necesitan a EEUU como apoyo, y la anuencia de Guaidó y el pueblo en la calle. Por otro lado, un fracaso en un gobierno de transición promovido por una acción militar estadounidense sería un fracaso para Trump y su gobierno. Esto es muy claro. No nos extenderemos sobre eso aquí, que hemos explicado en los artículos y documentos citados. Pero es obvio que con una contrapartida adecuada, esto es un mango bajito para Trump. Un éxito temprano de salida, y un éxito en la gestión de gobierno posterior a la salida, son un éxito doméstico, regional y geopolítico inmenso para ese gobierno. Incluso de cara a las elecciones presidenciales venideras  en ese país. Pero relacionarse con aliados cuestionables aquí más bien los mancha.

Todo eso se corrige con la nueva  alianza planeada. María Corina Machado ha expresado su voluntad de participar. Lo mismo que el Movimiento  Libertadores, y la sociedad civil en la calle y en las redes sociales. Los militares en rebelión, ni se diga, pues están al borde también como los ciudadanos civiles. Pero Leopoldo López dice que prefiere “preservar la unidad” del Frente Amplio. Y Borges duda, poniéndose de lado de  Leopoldo López en su decisión. Debemos tratar de llegarle al presiente Guaidó para que recapacite, y establezca un liderazgo que le convenga a él y al país por lo dicho y dejar de lado el guabineo.

13- Comentarios finales y conclusión.

Robert Lucas, mi asesor de tesis, premio Nobel de economía, me dijo algo, sobre el conocimiento de la realidad, que es inmensamente cierto y relevante aquí. Aunque sencillo, es opuesto a lo que  impera en el estatus quo de la visión sobre la realidad entre los analistas políticos “ilustrados” del mundo: “si te concentras en estudiar un tema de manera persistente e intensa, con un enfoque teórico-práctico, terminarás en algún momento siendo el mejor del mundo en eso”. Esto rompe muchos esquemas, claro, pues implica que hay millones de mejores expertos del mundo. Sencillamente porque los temas del conocimiento son millones, y la experticia relativa no es fácilmente comparable.

Sobre la realidad venezolana y los temas d e las estrategias  óptimas, nuestros análisis han sido mejores, según lo vemos, que la gran mayoría de los de los analistas más reputados nacionales, como dije en el artículo sobre los bate-quebrados, pero también que  la mayoría de los analistas internacionales. Quizá, en parte, porque tengo el privilegio de conocer el monstruo por dentro, al haber sido funcionario de alto nivel en el gobierno de Chávez (2002 al 2003), y haber sido objeto de varios  intentos de corrupción, tanto de funcionarios del gobierno, como de empresarios de la oposición. Es un monstruo de siete cabezas, con ramificaciones en la oposición, el gobierno de turno, el empresariado, la geopolítica. Y nuestro análisis coincide, paradógicamente para  algunos, con el de la gente de a pie, en la calle, en los barrios populares, y en las redes sociales con los guerreros del teclado, que también son “mejores del mundo” en la apreciación de lo que ocurre, tanto por su intuición teórica, como por su experiencia práctica del día a día con una intensidad de vida o muerte que activa al máximo sus neuronas, para entender lo que viven, y para sobrevivir y resolver lo que pueden. Pues son baquianos curtidos por esa experiencia vital, que les ha permitido descubrir el “territorio” real, el mapa de conflicto correcto: la contradicción es entre los corruptos y el resto de nosotros, no entre el desgobierno y la oposición. Se verifica, pues,  por todo lo dicho, lo que dijo Jesús de Nazaret: “Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios y lo poderosos, y se las has revelado a pobres y a los humildes” (Mateo 11:25). Esto debe animarnos a la sociedad civil independiente. Pues estamos en el camino correcto en materia de visión y de soluciones, incluyendo las alianzas correctas, sin complejo alguno de inferioridad.

Como hemos visto, de hecho, el conocimiento es poder. Y el desconocimiento es poder para nuestros  enemigos. Las creencias son determinantes también. La visión sobre la realidad determina la realidad. Por la teoría de las profecías auto-cumplidas. No dejemos que los enfoques del enemigo, que impera entre la mayoría de los “expertos”, nacionales e internacionales, por los medios oficiales, y a veces de la oposición, que están empeñados en ello, determine nuestra manera de ver las cosas y nuestra realidad. Sigamos esa intuición que tenemos, y profundicemos en ella.

La salida descrita en los apartados 4 y 5 es del tipo nicaragüense. Pero mucho peor, pues no se irían del poder ni un instante los que tienen el poder, sino que cambiarían de  títere, pues ya a ellos también les estorba si quieren permanecer en el control. Les haríamos un favor, quitándoles un lastre incómodo. Pero no tendríamos opción de aprovechar la situación para un cambio profundo, que realmente garantice un cambio de corto plazo también.

Juan Guaidó, jugador clave en todo esto, tiene una forma de corregir curso para evitar esa salida chucuta defendida por los cohabitadores y los caza-renta moderados, que están más fortalecidos en este momento, dado el descalabro de la gestión de Maduro, y los inmensos cismas irreconciliables en las cúpulas del poder gubernamental. Hay que negociar, como hemos dicho. Pero con el poder de negociación que da haber hecho la tarea, “construir capacidades”, como él dice: hay que activar las fuerzas potenciales, y coordinarlas. Eso se hace con aliados adecuados. Los del coraje. No con los de la cohabitación, que lo que hacen es restar fuerza, en vez de sumarla.

Leopoldo López debe dejar esa testarudez de seguir compitiendo por protagonismo con María Corina Machado. Hay que tragar grueso y llegar a la alianza con Stalin, si lo quiere ver así, así sea su enemigo en el futuro. Pero debemos derrotar en este momento al enemigo común, Maduro y su régimen. Con toda la fuerza que tenemos disponibles, y respondiendo adecuadamente a nuestros aliados internacionales como Trump, a los militares internos en rebelión, y a la ciudadanía, ansiosa de un liderazgo ganador. Todos estos actores se entusiasmarán con el nuevo liderazgo, y harán la parte que les corresponde en el correspondiente juego de coordinación, como decimos y demostramos en el borrador del nuevo pacto, como el Pacto de Punto Fijo corregido y actualizado.

La alianza de los del coraje impedirá las pugnas públicas sobre si invocar el artículo 187.11, y la división que  lleva consigo. También, eliminará la desconfianza entre la población por líderes corruptos impuestos, y prácticas de cuoteo de repartición de cargos, sin capacitación y sin ética, que molestan tanto a la población. Que muestran falta de amor por los venezolanos, no solo de moral y luces, un requisito imprescindible en el político de hoy y del futuro. Frenará también la caída en la popularidad de Guaidó, que es más que evidente por los descontentos citados entre la población y entre los aliados militares e internacionales del coraje, como líder opositor que puede aglutinar la lucha, y la transición.

Estamos a tiempo. “Errar es de humanos, perdonar es divino, rectificar es de sabios”, como dijo Alexander Pope. En estos momentos de vida o muerte para  millones de venezolanos, no rectificar el rumbo tiene consecuencias devastadoras para nuestro pueblo. Hacerlo no solo nos levantará, sino que salvará el prestigio  de Juan Guaidó como quien supo cabal y acertadamente asumir su responsabilidad en la historia, no solo nacional, sino mundial.

Concluyo diciendo que estoy seguro que esto terminará bien. Los incentivos están alineados en la dirección correcta. Los caza-renta, moderados y radicales, y sus  agentes, aquí y allá, no podrán más que nosotros, que estamos totalmente activados con toda nuestra fuerza espiritual, intelectual y material. Así como Guaidó se juramentó, a pesar de las presiones de los cohabitadores, jugará coraje y se vendrá a la alianza del coraje, representando con eso la voluntad de los venezolanos, en esta, la etapa decisiva.

Cordialmente y pendientes,

Felipe Pérez Martí

 

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One thought on “Felipe Pérez Martí: “Oslo: Error de Guaidó y cómo corregirlo”

  1. COMO CIUDADANO QUE HE PADECIDO TODOS LOS DESMANES DEL DESGOBIERNO,PROPONGO SE DESIGNE A PEREZ MARTI, MINISTRO DE ECONOMÍA DEL NUEVO GOBIERNO QUE ELIJAMOS POR MAYORÍA LOS VENEZOLANOS. COMO EX-PROFESOR UNIVERSITARIO PONGO A DISPOSICIÓN MIS CONOCIMIENTOS PARA SERVIR AL PAÍS SIN SUELDO, NO TRANSFORMARME ASÍ EN UN CAZARENTISTA NI APADRINADOR DE LA CORRUPCIÓN. ATTE, DPH

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