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César Malavé: Salir obligado  del descanso

 

Después de la pugna dialéctica  entre mis enfermedades, que son antitéticas  médicamente hablando, que mermaron mi salud durante varias  semanas por las diferentes manifestaciones y secuelas, llega cierta mejoría. El cuerpo adolorido requiere, sin lugar a dudas  momentos de descanso. No obstante, por algunos hechos acaecidos, últimamente en lo largo y ancho de la patria, que han germinado en mí en forma de desencantos y desilusiones, pero simultáneamente de  esperanzas y perspectivas, he decido terminar compulsivamente con mi tiempo de tregua que debe dar paso a la acción comprometida. Hay razones suficientes para dejar el lecho de enfermo, hincarse por encima de las dificultades y volver a imbuirme entre las azarosas luchas, con su espectro de matices característica sustancial de la lucha por la democracia, porque en política nada es blanco y negro, y son los matices precisamente los colores que la visten. Volvemos a la lucha con las únicas armas que hemos usado los demócratas ancestralmente. Desde que nos iniciadnos en estas lides, como quijotes de menuda estatura, sólo hemos usado nuestro verbo cabalgando en el Rocinante de la esperanza para enderezar los entuertos, abrir caminos, encender luces, para que el pueblo pueda retomar lo que era, es y seguirá siendo suyo: Su libertad. En los tiempos cuando la libertad alarma; cuando los organismos están secuestrados, los pilares de la democracia amenazados. En momentos en que se nos  arrebata el legado de nuestros héroes de 1810, 1945 y 1958 y,  cuya conquista les costó plétoras de sacrificio y sangre, no es el tiempo de andar con temores a las dolencias corporales, ni asumir ruines y cobardes composturas. El miedo envilece y, un ser humillado es una bazofia de los zamuros de la tiranía. Por encima de las tumbas, los dolores y los miedos, es momento de  lanzarse resueltamente a la lucha, sin contar el número ni apreciar la fuerza del enemigo, este fue el ejemplo que nos dieron los hombres de Acción democrática en 1945 y posteriormente en 1958 que les permitió lograr conquistas tan gloriosas, lamentablemente arrebatadas, momentáneamente por el oscurantismo de la barbarie.

Es preciso, es perentorio, es obligante y, aún más, necesitamos observar la misma conducta, seguir su noble ejemplo para salvar nuestras instituciones del naufragio con que las amenazan las embravecidas olas de la tiranía que pretenden hacer de ellas su presa y sumergirlas en el abismo inescrutable del olvido.  ¡Que la larga historia del dolor humano por conquistarla no haya sido en vano! Tenemos frente a nosotros un nuevo tiempo que se desarrolla firmemente. Al frente son muchos los que han enarbolado banderas, sin obviar ni desechar formas de luchas o caminos para llegar a la meta victoriosa. No es momentos para vacilaciones o criticar, sin fundamentos, los métodos hasta ahora usados para lograr la tan ansiada libertad.          El reto es solamente nuestro, el éxito o el fracaso también. El liderazgo  democrático está haciendo su parte y entregando vidas. Ejemplos sobran. La idea no es caer en el imaginario de Pedro Emilio Coll del diente roto, por influencias de los impacientes, por lo general políticos de probeta. Para poder mostrarnos coherentes y agradecidos al esfuerzo de nuestros antepasados debemos romper con el Juan Peña que pareciera muchos llevan por dentro, y sin decir ni pio la gran mayoría pretenda que termine esta tragedia. Nuestros esfuerzos están dirigidos a volver a rescatar la democracia, como lo hicimos en 1958, y con ella la calidad de vida común y es indispensable insuflar ánimo para que millones motivados, decididos, sin miedo, hagamos posible una nueva nación.

@cesarmalave53

 

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