Inicio > El pizarrón de Fran > El pizarrón Opinión > Rafael A. García: El socialismo del siglo XXI, hijastro de la derecha

Rafael A. García: El socialismo del siglo XXI, hijastro de la derecha

 

Las crisis económicas y las necesidades latentes en Latinoamérica fueron factores claves para el cambio de tendencia en la región…

En América Latina, la izquierda y la derecha son diferentes de las que existieron antes de la caída del muro de Berlín. La izquierda, que seguía sentimentalmente unida a la utopía fracasada a principios de los 90, había perdido buena parte de su capacidad de influencia. La derecha aprovechó el espacio y se arraigó. Esto con un discurso de propiedad y orden, sin considerar que la propiedad es funcional a la libertad y sin preocuparse de que aquella se distribuya en lugar de que se concentre. Se transformó en la voz política de quienes amparan el abuso y las desigualdades. La indiferencia y la desatención de la derecha propiciaron violaciones continuas y prolongadas de los derechos humanos. Convirtió a Latinoamérica en la región en desarrollo que mejor ejemplificaba el proceso mundial de “urbanización de la pobreza”. A fines de los años noventa, seis de cada diez pobres residían zonas urbanas y las deficiencias de tipo habitacional, de nutrición, de acceso a salud y educación se incrementaron año a año. Necesidades que actuaron como abonos en quienes querían poder sin tener bandera. Latinoamérica yacía cargada de urgencias mientras los Gobiernos de derecha marcaban distancias abismales en el acceso a servicios públicos, respeto a derechos fundamentales. Fue bajo Gobiernos de derecha que los crímenes de género despuntaron y la homofobia se fortaleció. El racismo, especialmente a pueblos indígenas, se extendió como práctica generalizada. No existían políticas eficientes en materia de salud pública; el narcotráfico se trataba desde las esquinas; las desapariciones se institucionalizaron como herramienta para garantizar la seguridad y el orden social. Los índices de analfabetismo se elevaron. La protección ambiental no era considerada como un tema relevante en la agenda pública, tampoco la homogenización de oportunidades. La derecha usó el poder para el beneficio exclusivo de la clase política de turno y eso, silenciosamente, iba fecundando al socialismo del siglo XXI. La derecha lo gestó. Lo logro por autoritaria, explotadora y excluyente. Le regaló las bases de un discurso que usa la retórica de la democracia para violar los principios de la misma, tal como ella lo hacía con el liberalismo. Inevitablemente, la democracia liberal se devaluó. Las crisis económicas y las necesidades latentes en Latinoamérica, acompañadas de un discurso enfocado en la soberanía de los recursos naturales y la reducción de la desigualdad social fueron factores claves para el cambio de tendencia en la región. Precios extraordinariamente altos de lo commodities permitieron que el mesianismo político de Lula, Chávez, Cristina, Evo o Rafael encontraran asidero. (Chávez caso excepcional con la subida de los exorbitante del precios del petróleo). Con ello invisibilizaron sus verdaderas intenciones, el poder ilimitado, proponiendo un sistema económico “Robin Hoodeano”, con crisis macroeconómica en el mediano plazo, que tolera la corrupción y (en el caso Venezuela los ideólogos aliados externos e internos del la visión control hegemónico, la promueven) que ha generado es el nacimiento de una ostentosa capa de nuevos ricos, y entramados novedosos de  poder, bautizados en nuestro medio como los boliburgueses, una derivación calificada como bolichicos, una especie de amalgama indigesta de los hijos de la elite del poder y que “demócratas” y los que detentan el regime pretoriano-petrodirigista. Mientras la derecha evitaba los medios de acercamiento con el pueblo y sus líderes asumían posturas de deidades inalcanzables e indiferentes, el socialismo del siglo XXI, que no es otra cosa sino populismo con nombre renovado, tendía puentes hablando el mismo idioma que su electorado. Sin poses, de cerca, cantando. Llamándolos “compañeros”. América latina por años sufrió la vía latifundista del desarrollo agropecuario, un sistema desastroso para la democracia y que frenó el crecimiento económico llenando los bolsillos de unos pocos, casi siempre colaboradores del poder. El socialismo del siglo XXI incluyó en su discurso la redistribución de las tierras con políticas absolutistas. Pasando de un extremo a otro y sin considerar prácticas participativas que analicen las realidades de forma descriptiva, quebrantando los derechos individuales y colectivos. Una cadena de abusos con nombres distintos. Es muy propio de la derecha ejercer funciones desde la prepotencia y la soberbia, características también de este nuevo socialismo. Los discursos sofistas de una derecha de nuevo pelaje con toda esa soflama apodίctica especialmente a los mas débiles a quienes les han frustraron sus sueños los dirigentes políticos y sociales en quienes han confiado durante años, y que  son ellos los que en cada convocatoria a una nueva cruzada,  que han puesto la carne el asador con su resistencia diaria tratando de salir de los regimenes despóticos, que parecieran ser el desenlace final de todos, sea cual sea del pelaje ideológico que los inspire. No escuchamos en su desenvuelto discurso se refiriera a temáticas, como la indiferencia y la menosprecio de las los grupos de intereses de la America morena, quienes ayudaron a violaciones continuas y prolongadas de los derechos humanos. Ambos criminalizan la protesta y descalifican, usando el poder estatal contra cualquiera que cuestione el régimen. Por ello es bastante normal encontrar en estos nuevos líderes rasgos de las cabezas de la derecha. Como si se tratase del hijo que niegas y que al mismo tiempo es el más parecido a ti. La derecha, antes de culpar al socialismo del siglo XXI por todo lo que hoy le sigue debe asumir que dejó tan mal a los pueblos que gobernó en la década del  90 como para que crean que estas revoluciones son la única solución. Debe entender que culpar a los nuevos, como estrategia de resurgimiento, los deja en ridículo.

“La libertad es una película frágil, siempre amenazada, pero al final resiste. Mario Vargas Llosa

 rafag_0611@hotmail.com

 

Te puede interesar
Loading...

Compartir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Traducción »