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Enrique Contreras Ramírez: Nuestras utopías

 

Hoy más que nunca, la palabra utopía – sembrada en nosotros por Bolívar y Simón Rodríguez- sigue representando la esperanza de realización de nuestros pueblos, pueblos que siguen y seguimos buscando el horizonte originario de la patria latinoamericana. “Inventamos o Erramos”.

Hay quienes creen o creemos que la democracia es una utopía, que no es posible mientras se siga dando en nuestras sociedades latinoamericanas y particularmente en Venezuela, la influencia colonialista y dominante del eurocentrismo, quienes impusieron los modelos de sociedad que actualmente imitamos, me refiero a esos dos modelos  que nos presenta el socialismo y el capitalismo, pues los intereses de los que lo impulsan niegan en la practica la posibilidad real del ejercicio democrático, en esa línea de la verticalidad y relaciones de poder  que se esconde detrás de un llamado Estado, donde el mismo no se encuentra al servicio de la gente, sino es la gente en una relación de servidumbre la que tiene que estar al servicio de ese Estado, en una sociedad que cada vez exige mayores libertades y mejores modos de vida, para la realización plena de nuestras  condiciones humanas.

Tal situación, para muchos es irremediable y de allí proviene la resignación –esta realidad hay que aceptarla- porque no hay una salida, ni se ve en el horizonte de la patria, perdiendo la esperanza y su propia fe en el porvenir y es aquí donde está el problema, porque tal tipo de conducta asume la derrota, además de ser una derrota inducida, sembrada, motivada para que se tome en ese teatro del que no hay nada que hacer. Al respecto el profesor Victor Bravo al referirse a la situación planteada nos indica: “Sólo el hombre desprovisto de los escudos de la fe, como diría Kierkegaard, sean estos no sólo religiosos sino también políticos, sociales, culturales, podrá rozar el sentimiento de la angustia y del absurdo de más allá de los limites y preguntar sobre el sentido de la existencia.” (BRAVO, Victor (1998).Editorial Universidad de los Andes. Mérida).

Si el logos en términos filosóficos, es asumir una actitud racional ante el mundo, ante la vida. La adoración, el fanatismo, la pleitesía,  la subordinación y la servidumbre a los que ejercen el poder, no puede ser parte de la naturaleza  humana, al contrario, la naturaleza humana es la que  hace que la humanidad  sea inteligente y en seres inteligentes no puede tener cabida  semejantes escenarios. Es por ello que cuando hablamos de libertad, para los que ejercen el poder bien sea en el socialismo o el capitalismo, es como si estuviésemos invocando –para ellos-  los poderes demoniacos, además les parece monstruoso y siniestro pues esa libertad que por naturaleza pertenece a la humanidad, es lo que coloca en crisis el orden establecido, porque esa libertad implica libertad de acción, de pensamiento, sin imposiciones ni impedimentos. Es cuando hay capacidad de razonar pensar y concientizar como se debe actuar ​ y obrar según la propia voluntad de la persona en comunión con los otros, en igualdad de condiciones, es un proceso ontocreador en busca de ese bienestar colectivo que el Libertador sintetizo como “la mayor suma de felicidad posible, la mayor suma de bienestar social y la mayor suma de estabilidad política”. Una utopía propia de la inteligencia humana, cuando se es sujeto histórico capaz de transformar los modelos socio-económicos  que oprimen  a la humanidad y que por analogía deducimos, que ese era el centro de su “delirio” que le inspiro el volcán del Chimborazo en tierras de Ecuador. “…El tiempo, no ha podido detener la marcha de la libertad (…) Al fin, la tremenda voz de Colombia me grita: resucito, me siento, abro con mis propias manos mis pesados parpados: vuelvo a ser hombre, y escribo mi delirio.” Es la pasión que inundo el alma de nuestro Bolívar y con su ejemplo exalto y se sigue exaltando la lucha por la libertad, libertad hoy negada como en el ayer, por quienes dicen ser defensores de la misma, desde los pináculos del poder.

 Matar las utopías

Hoy más que nunca, el mensaje utópico del Libertador, es la de la esperanza, la posibilidad real de realización de nuestros pueblos, pueblos que siguen y seguimos indagando sobre el horizonte originario de la patria latinoamericana, sigue investigando y tratando de construir en la lucha caminos por la libertad y más cuando hoy día tanto el capitalismo como el llamado socialismo, nos quieren aplicar el pensamiento único de sus concernientes ideologías, ideologías que se esconden detrás de las utopías de los pueblos, para seguir engañando y manipulando a los de abajo.

En una oportunidad Francis Fukuyama (1992), le señalo al mundo que la única utopía posible, se encontraba en la llamada “democracia  liberal” y sostenía que esa “democracia liberal” era el punto final de la evolución ideológica de la humanidad, semejante villanía y obscenidad, confundió a más de uno de los llamados “intelectuales” de academia, cuando lo que se quería era la de consolidar el corpus doctrinario –sobre todo en materia económica del paradigma globalizador- que ve el planeta como simple mercancía y a las muchedumbres como un gran obstáculo para el desarrollo del gran capital y de esta propuesta eliminar los sueños de los pueblos a ser libres, matar sus utopiás, con la complicidad de los gobiernos que en la actualidad tenemos en América Latina y cuyo ejemplo más claro lo tiene  Venezuela, que a nombre de un socialismo le entrega toda su riqueza a los grandes conglomerados del imperio del capital, tal y como lo está haciendo con el Arco Minero –incluso-  sin medir las consecuencias ambientales catalogados por muchos científicos ambientalistas de pronósticos irreversibles.

Si pretendemos hacer un vuelo pindárico, hemos conocido que a lo largo de los tiempos históricos, la humanidad siempre ha sido quimérico, soñador y ha impulsado sus luchas para tener un mundo donde desaparezca la pobreza y la miseria tanto intelectual como material, la desgracia de la injusticia social, la represión del que domina en esas relaciones de poderes perversas que ha conducido a la humanidad al hambre y la violencia. La propia historia nos describe y sobre todo en la edad media, de cuentos y leyendas nacidas del seno del propio pueblo, aspirando a vivir en un modelo social y económico perfecto, fábulas y mitos que germinaban del imaginario popular donde evocaban un lugar, un espacio, un sitio carente de angustia, sufrimiento y desde luego, poder disfrutar de los placeres que se hallaban por doquier.

De todo esto, podemos concluir en la necesidad de buscar un “Tercer Camino” o “Terceros Caminos” que sea inventiva de un colectivo llamado América Latina, ya que dentro de los actuales modelos (capitalismo o socialismo) nuestros pueblos están condenados al sufrimiento y  la muerte. Es la utopía del TERCER CAMINO. Inventamos o Erramos, como nos dijo el maestro del Libertador, nuestro Simón Rodríguez.

Hoy más que nunca, la palabra utopía – sembrada en nosotros por Bolívar y Simón Rodríguez- sigue representando la esperanza de realización de nuestros pueblos, pueblos que siguen y seguimos buscando el horizonte originario de la patria latinoamericana. “Inventamos o Erramos”.

 

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