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César Pérez Vivas: Asesinar la verdad

 

Asesinar la verdad es una conducta típica del comunismo y del fascismo. En aras de preservar el poder, de ofrecer una imagen distinta a la realidad, se sacrifica la verdad y se ofrece una versión interesada de lo que acontece en una sociedad determinada.

Ha sido esa la forma de actuar de quienes asumen que el poder les pertenece, que son depositarios de la verdad absoluta, y en consecuencia no es admisible, bajo ninguna circunstancia, una lectura o interpretación distinta de una situación o hecho.

La obsesión por el poder deshumaniza al ser humano. Es una patología que surge y toma cuerpo en seres cuyos valores, en el fondo, desprecian a la persona humana y colocan por encima de todo elementos materiales, como el dinero y el poder. Aparecen desviaciones como la vanidad, la soberbia, el odio. Los resentimientos terminan siendo los verdaderos orientadores de su comportamiento social. Es ese el marco en el que se desenvuelven las conductas, de quienes se han propuesto tomar el poder para siempre.

Esta realidad humana los lleva a negar permanentemente los hechos que afectan negativamente la imagen pública de los jefes políticos y del partido que los sustenta, a buscar una lectura interesada de un hecho determinado, tergiversando la comprensión de la realidad y acomodándola a los intereses de la camarilla que ejerce el poder.

Otra forma de negar la verdad consiste en imputarle la responsabilidad de hechos negativos inocultables a terceros. La camarilla no es responsable, siempre será un tercero, generalmente quienes se oponen a su permanencia en el poder, o un agente externo, con lo cual se busca fabricar un enemigo común.

La muerte de la verdad tiene en la propaganda su principal herramienta. Ella se hace masiva, invasiva, multifuncional y agresiva. De esa manera, en muchos casos han logrado crear una “verdad artificial”, hoy se diría “virtual”, que esconde la verdad verdadera respecto de un hecho o de una situación social determinada.

El nacional socialismo trabajó de manera sistemática esta herramienta (la propaganda) para esconder la verdad. Joseph Goebbels fue el artífice de esa forma de dominación. Creador de la llamada “propaganda negra”, desarrolló toda una técnica para demoler el buen nombre de toda persona o comunidad contraria al proyecto político del nazismo.

Para lograrlo censuró, clausuró o sometió a su control todos los medios de comunicación y propaganda disponibles para la época, y consagró una estrategia para desarrollar sus planes de sacrificar la verdad. Solo puede oírse, verse y leerse la verdad oficial. Para tal fin configura en 11 líneas maestras su manual en la materia.

Entre las más importantes destacan:

1. La simplificación del mensaje y creación del enemigo único. Reducir a ideas básicas el mensaje de la propaganda y definir un enemigo único, a quien se hace responsable de todos los males existentes. Bajo el paraguas de ese enemigo único deben colocarse a todos los adversarios.

2. La transposición, consistente en asignar al adversario (al enemigo único) los errores, fallas y carencias propias. De esa manera, la responsabilidad del gobierno es transferida a quienes han sido seleccionados como enemigos.

3. Exageración y desfiguración. Todo hecho debe ser exagerado en la dirección positiva o negativa que se defina. La desfiguración del hecho debe promoverse para destruir al enemigo, o para reducir los impactos negativos sobre el régimen.

4. La silenciación, consistente en callar los hechos sobre los que no se puede ofrecer una justificación. De estos no se habla.

Estas técnicas fueron tomadas por los partidos comunistas del mundo, y puestos en marcha en la antigua Unión Soviética que organizó un aparato de propaganda, convertido luego en modelo de todos los partidos comunistas del mundo. El comunismo soviético rompió todos los récords en materia de manipulación y muerte de la verdad. Uno de los hechos más relevantes fue la forma como manejaron el caso Chernóbil.

En estos días, la gran opinión pública está procesando el impacto que viene generando la serie televisiva Chernóbil, filmada y presentada por el canal de televisión HBO. La producción está mostrando el drama humano generado por la explosión del reactor nuclear, instalado en las afueras de la ciudad ucraniana de Prípiat, cerca de la frontera con Bielorrusia. Más allá de las dolorosas causas del accidente y de los efectos inevitables e inmediatos generados por el evento, destaca la perversa conducta de la cúpula de la dictadura soviética de ocultar la magnitud del accidente, de lanzar una campaña patriotera para engañar a la población respecto de la magnitud de la tragedia, incentivándolos, con base en mentiras y a través de la propaganda, a mantenerse en las áreas contaminadas por la radiación, con lo cual incrementaron el número de víctimas de manera exponencial.

La obsesión por mostrar una imagen de infalibilidad, de éxito en la gestión del Partido Comunista de la URSS, los llevó a engañar a la población respecto de la verdad de la tragedia. Asesinar la verdad en este caso los llevó a asesinar a cientos de miles de seres humanos que terminaron muriendo por creer en la propaganda mentirosa de aquel siniestro régimen.

Ya el tema había sido develado, con toda crudeza, por la escritora y periodista bielorrusa, premio Nobel de Literatura Svetlana Alexiévich, en su obra Voces de Chernóbil, crónica del futuro. La obra fue publicada en 1997 y se convirtió en el documento más completo para evidenciar la forma como el comunismo soviético ocultó la magnitud de aquel cataclismo.

Estos son los modelos que han guiado a los integrantes de la camarilla madurista. Aferrarse al poder, asesinando la verdad, se ha convertido en su principal tarea cotidiana, siguiendo los libretos de Goebbels y los manuales de propaganda del Partido Comunista soviético. Maduro, Cabello, Jorge Rodríguez y demás miembros de la camarilla usurpadora, no cesan en su permanente aplicación de las técnicas y lenguaje de la propaganda fascista comunista.

Toda la responsabilidad del caos existente en Venezuela la tiene el bloqueo impuesto por el “imperio y sus lacayos”, es la consigna de los días presentes. (técnica de simplificación y transposición).

El caos eléctrico no lo causó la corrupción y piratería gerencial en veinte años de desgobierno bolivariano. Lo causó un ataque “electrónico” generado por los estadounidenses. Las muertes de niños desnutridos y abandonados en los hospitales también es culpa del imperio. Gastar millones en armas no es un pecado, es la forma de “defender la patria”. La ruina y la destrucción a la que nos han traído no es el resultado de la aplicación de la receta comunista, aderezada con altas dosis de corrupción e incapacidad. Es el efecto de la “guerra económica”. Solo cito algunos temas, porque hacer la lista de casos y consignas tomaría espacios muy amplios.

Pero no hay duda de que la ausencia de valores éticos y políticos ha llevado a la deshumanización absoluta a estos personajes de la camarilla roja. Han asesinado la versad y con ella han asesinado a centenares de miles de venezolanos.

Rescatar la verdad será rescatar la vida. Será rescatar la democracia, la decencia en la vida pública. El futuro de la política venezolana pasa por hacer de la verdad un valor sustancial de una nueva sociedad.

 

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