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Heilet Morales / Análisis: Elecciones, único camino hacia Oslo

 

Luis Vicente León y Rodrigo Cabezas

Un 37% de los venezolanos, según el más reciente sondeo de la firma Datincorp,de este mismo mes, reconoce que la negociación política es el camino a desandar ante la crisis estructural que atraviesa Venezuela. Sobre todo después de 115 días de echar a andar el proyecto Guaidó que parece haber sobrestimado la capacidad de resistencia de Nicolás Maduro y su unión cívico-militar.

La urgencia de una salida a esta crisis la describe el profesor universitario y economista Rodrigo Cabezas. “Si siguen empeñados en no permitir la salida democrática, la  crisis será pavorosa, destructiva del acervo de capital de la República, vida indigna para la mayoría popular y clase media,  de recesión e hiperinflacion  de la economia a caos. Impredecible pero más cerca de la violencia, la muerte, la destrucción y el odio”.

La segunda ronda de Oslo será esta semana. Aunque es muy temprano para echar campanas al viento, el solo hecho de que haya una segunda vez es una buena señal. Siempre tomando en cuenta el viejo refrán de “esperar lo mejor, pero estar preparado para lo peor”. Sería “naif” creer que dos citas son suficientes, pero no son malas, sobretodo revelan la necesidas de las partes o el convencimiento de que ninguno de los dos puede deshacerse del otro. Ni Maduro podrá sostenerse ante la más virulenta crisis económica-política que recuerde este país. Ni Juan Guaidó ha demostrado el músculo suficiente para desalojar al chavismo de Miraflores.

Los dos tienen urgencia. En el caso de Guaidó miremos algunos números. Ciertamente es el líder político mejor valorado en el país (35% de aceptación, según el sondeo Datincorp), también es cierto que su premisa de “cese de usurpación, gobierno de transición y llamado a elecciones” pierde terreno en las expectativas de la gente, toda vez que el 30% de los venezolanos piensan que será posible un nuevo gobierno en los próximos 30 días, su nivel más bajo desde febrero, cuando se situaba en 53%, de acuerdo con la encuesta de Datincorp.

Para Maduro los escenarios salen del terreno de las expectativas. Se ven en las calles con una economía en la peor contracción que se recuerde en país alguno sin guerra de por medio. Con unos servicios colapsados, con una crisis humanitaria inocultable, con la producción de petróleo a niveles de hace 70 años y una popularidad que apenas raya el 14%, para el Presidente no es menos urgente negociar.

En este contexto, escribe Luis Vicente León, director de Datanálisis, a través de cuenta en Instagram: “Hay tres historias desarrollándose en paralelo. La primera es la radicalización del Gobierno luego del 30 de abril. La segunda es la radicalización de la oposición, que ya no se concentra en su acción de calle, un tanto desgastada, sino en la agudización de las sanciones, que anuncian un deterioro exponencial de la economía. La tercera vertiente se refiere a las negociaciones políticas. El tiempo en conflicto afecta a ambas partes y abre espacios para esta ruta”.

Para Luis Vicente León: El tiempo en conflicto afecta a ambas partes y abre espacios para esta ruta”, la de la negociación y la búsqueda de consensos. 

Cabezas agrega otro tanto: “El crash económico social y político de Venezuela hace obligante para el Gobierno ayudar a un desenlace democrático de la crisis. Si fuera así, pasan a ser vital las garantías políticas y personales que se les acuerden al Psuv y a sus principales dirigentes”.

En opinión de Rodrigo Cabezas, “si siguen empeñados en no permitir la salida democrática, la  crisis será pavorosa, destructiva del acervo de capital de la República”.

“Para la oposición —en opinión de Luis Vicente León— la presión de negociar también está presente. Si bien sabe que no es una acción popular, empieza a entender que la secuencia de eventos ha mostrado que las expectativas de sacar a Maduro por presión local e internacional estaban sobre dimensionadas. Se necesita mucho más, empezando por una oferta creíble de inclusión de la elite cívico-militar”.

Ahora, ¿cuanto de lo hecho hasta ahora puede parar en unas nuevas elecciones? Es prematuro para poder responder esta pregunta, lo cierto es que avaladas por el Grupo de Contacto Internacional de la Unión Europea y, de momento, no torpedeadas por Washington, las gestiones de Noruega no tendrán puerto seguro sino atracan en la orilla electoral.
Aunque prematuro, hay una declaración de intención inexpugnable de la oposición. La incorporación de Vicente Díaz, un respetado exrector del Consejo Nacional Electoral (CNE), a la mesa de negociación es una señal muy fuerte de que todo lo que tenga que ver con el tema pasará por sus ojos y los de Jorge Rodríguez, el actual ministro de comunicación y operador político de Maduro; con quien ya compartió agenda electoral en el CNE.

En este terreno tres son los puntos sobre la mesa. La designación de un nuevo CNE, la habilitación de tosos los aspirantes opositores y la posibilidad de que la diáspora participe en los comicios, toda una moneda al aire en tanto pasa por una modificación a la Ley de Procesos Electorales, que a su vez requiere de sacar del “ostracismo” legal a la Asamblea Nacional.

El exrector Vicente Díaz se inroporó como apoyo técnico a la comisión de Guaidó en Oslo.

Sobre el primer punto de la agenda, un nuevo Poder Electoral 2-2-1, dos chavistas, dos opositores y uno de común acuerdo; hubo avances el año pasado en República Dominicana. Eso a estas alturas ningún dirigente de la oposición se atreve a negarlo. Quiere decir que es posible.

En el frente de los inhabilitados, el 30 de abril sumó una dificultad. La aparición de Leopoldo Líopez en las inmediaciones de La Carlota en la madrugada de la intentona militar suma agravantes al expediente del autor intelectual del proyecto Guaidó. Otro tanto sucede con nombres como el de Henry Ramos Allup, por ejemplo, también judicializado por los hechos del 30 de abril o el caso insólito de Edgar Zambrano, preso en condiciones extraordinarias sin que hasta ahora nada se sepa de él, más que está en manos del Sebin. Dicho de otra forma la liberación de presos políticos.

Jorge Rodríguez siempre ha estado involucrado en las rondas de negociaciones del lado del Gobierno. En fin, que sobre el tinglado electoral hay un montón de nudos nada fáciles de desatar, pero en el terreno de las expectativas de los venezolanos es la fórmula ideal. De hecho, el sondeo de Datincorp revela que el 80% de los consultados estaría dispuesto a votar en unas elecciones parlamentarias si “las convoca un nuevo CNE imparcial”, cifra que se eleva exponencialmente si se tratara de una presidenciales.

En cualquier caso, las miradas del país vuelven a mirara a la gélida Oslo. La capital noruega es seguida de cerca por  los que apuestan por una salida pacífica y por los profetas del desastre, la mayoría de ellos a buen resguardo en el exilio, que no advierten otra fórmula que no sea la del uso de la violencia para dirimir el caso Venezuela, todo un desafío para la región.

Panorama

 

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