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Gustavo Coronel: La dignidad de Venezuela sobre la mesa, en Oslo

 

El Presidente Juan Guaidó nos dice que estaremos en Oslo negociando con el régimen usurpador  de Nicolás Maduro el retorno de nuestro país a la democracia y la libertad. La sociedad venezolana se muestra exhausta, así como lo está el régimen de Maduro.  Estamos llegando al final de este drama venezolano, viendo una Nación destruida y sin saber todavía cuál será el precio final que la Nación deberá pagar para verse libre o medio libre de la pandilla opresora y sin saber si ello marcará el verdadero final de este drama o simplemente el inicio de otro igualmente trágico para nuestro país. Continúo al lado del gobierno de Juan Guaidó en este momento, aunque me siento decepcionado porque tengamos que ir a negociar una transacción, avergonzado como ciudadano venezolano de que Venezuela tenga que ir a ofrecer concesiones a los traidores y criminales del chavismo-madurismo, a pagar vacuna a los ladrones y narcos del chavismo.

Por años he sostenido que el crimen cometido en contra de Venezuela por Hugo Chávez, Nicolás Maduro y sus pandillas, es tan grave que no debe aceptarse una negociación con estos criminales. He dado razones éticas, morales y estratégicas para apoyar mis argumentos en contra de la tal negociación. He dicho, esencialmente, que tal negociación puede darnos una victoria a corto plazo pero puede hacernos perder la guerra por el alma de Venezuela. Sin embargo, el proceso venezolano ha seguido su curso. Nuestros buenos líderes han tratado una y otra manera de lograr sus objetivos. Han perseverado. Han tenido grandes logros porque el régimen de Nicolás Maduro está hoy agonizante. Pero Maduro aún está allí, apoyado por traidores y ladrones de uniforme al mando de Vladimir Padrino López. En paralelo, las naciones de la región, tano los Estados Unidos como los miembros del grupo de Lima, han descartado una salida de fuerza multilateral  para esta situación. Internamente, nuestro presidente Guaidó no ha logrado persuadir a los empresarios y al resto de la Sociedad Civil a ir a una huelga general.

Yo comprendo que nuestro presidente Guaidó debe seguir tratando de lograr vías de solución y Oslo le presenta una que difiere de su plan, pero que puede lograr un cierto porcentaje, ya no el 100%, de lo que el país digno y honesto desea.

Guaidó ha decidido ir a Oslo porque considera que no tiene alternativa. Al hacerlo está consciente, o debería estarlo, de que no todos quienes han presionado para llevarlo allá desean lo mejor para Venezuela. Hay países e individuos que presionan la reunión de Oslo para darle a Maduro el mayor tiempo de sobrevivencia posible, entre ellos la Cuba castrista y los apaciguadores venezolanos. Oslo y La Habana ya estuvieron juntos como mediadores para promover la negociación de paz entre Colombia y los asesinos de las FARC,  la cual terminó en un arreglo que ha dado a las FARC inmorales privilegios y merecido el rechazo de millones de Colombianos y Latinoamericanos.

Solo el tiempo dirá cuál será el resultado de estos nuevos acercamientos con los victimarios de Venezuela. Puedo comprender que la capacidad actual de maniobra de Juan Guaidó es muy pequeña y lo lleva hoy a Oslo, pero- como dijo Carlos Andrés Pérez en su momento de tragedia personal –  “Hubiera preferido otra muerte”.

Sentarse con Maduro y su pandilla de gánsteres a ofrecer incentivos, concesiones indebidas a los bandidos del chavismo representa una derrota para la Venezuela digna y democrática, ansiosa de verdadera libertad.

En Venezuela: Neville Chamberlain 1 – Winston Churchill 0.

Sin embargo, el juego no ha terminado.

 

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