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Enrique Meléndez: ¿Caracas la excepción?

 

Caracas hasta ahora ha sido la cenicienta en esto de contar con el suministro permanente de gasolina; de electricidad; aunque sí no de agua, tomando en cuenta que la que llega del sistema de acueductos Tuy, proveniente de Camatagua, es un agua muy contaminada; ya que allí no están funcionando bien las plantas de tratamiento; por falta de mantenimiento; como todas las cosas en este país; de acuerdo a lo que señalan los expertos en el área sanitaria; de modo que esto ha llevado a que el caraqueño tenga que hervir, la que le llega de dicho sistema; corriendo el riesgo de adquirir una enfermedad en la piel, cuando se baña.

Pero decía que nuestra ciudad capital, por el momento, está exenta de la crisis del suministro de gasolina y de la electricidad, a propósito de su situación privilegiada: centro del poder nacional y de corporaciones públicas y privadas; además de centro de acopio de una parte de la producción de bienes nacionales; como los foráneos, que ingresan por el puerto de La Guaira; con la mayor población de Venezuela, por lo demás; aparte de que cuenta con una temperatura soportable; aunque no escapa del sofocante calor, que se siente hoy en día; pero se trata de una ciudad, a la que la montaña del Avila la mantiene fresca, gracias a una brisa, que baja de sus faldas, y no una ciudad, como Maracaibo, donde la gente, con este sofocante calor, repito, se está asando.

Porque esto del calentamiento global de la tierra no es cuento; a pesar de la testarudez del catire Donald Trump, para decirlo a la venezolana, que se niega a admitirlo, y que no deja de ser la gran preocupación del mundo entero; como en otra época la gran preocupación lo fue la carrera armamentística; que se desató como consecuencia de la llamada Guerra Fría, que emprendieron los países, sobre todo, los dos grandes bloques de poder, representados en Estados Unidos y la antigua Unión Soviética, y de donde se decía que había armamento atómico; no sólo para acabar con la humanidad del momento, sino también de toda la que había nacido y se había criado en la historia del planeta. Pero era un fantasma que estaba latente. El hecho es que este calentamiento global ya se percibe en el deshielo de los glaciales, en el aumento de las aguas del nivel del mar; en las alteraciones en el ritmo de los períodos estacionales; aparte de esos calores, que decía que asan, y tanto más en una ciudad como Maracaibo, a la que la modernidad la llevó a crearse unas condiciones de vida, a partir de la instalación generalizada de aires acondicionados, tanto en su medio comercial, como en el medio hogareño; al punto de que, por ironía, se llegó a decir que Maracaibo era la ciudad más fría de Venezuela.

Incluso, la gente del Táchira, que también sufre la misma consecuencia de fallos de electricidad por días enteros, reconocen que los maracuchos o los zulianos, en su conjunto, son mucho más dolientes, que ellos en términos de incomodidad climática, y no se diga de ciudades como Carora; aledaña a Maracaibo, donde abundan los zancudos, y así que las noches son sofocantes y con picaduras; nadie puede dormir en cueros en estas condiciones, a defecto de un aire acondicionado o un ventilador, y por extensión uno diría que aquí entra también una ciudad como Barquisimeto; que en otras épocas gozó de un clima templado; sólo que ahora no escapa tampoco al fenómeno del calentamiento global, y, por supuesto, que Valencia, Maracay, Barcelona, Puerto la Cruz, Ciudad Bolívar. En realidad, la única ciudad fresca, que hay en Venezuela, aparte de las de Los Andes, es Caracas; la ciudad de la eterna primavera; como la llamó don Andrés Bello; aunque ya esa era en otra época; cuando el caraqueño usaba capa y guantes, para salir a la calle; pues estamos hablando de una ciudad, donde promediaba una temperatura entre los 15 y 17 grados permanentemente, para bajar a unos 8 ú 11 hacia finales o comienzos de año, y que era cuando el caraqueño decía que bajaba Pacheco del Avila, pues por cierta tradición en la ciudad capital hasta la década de 1950 al frío se le conocía con ese nombre, a propósito de una leyenda local.

Pero ahora en nuestra ciudad capital también falla la electricidad; yo no diría que en toda la ciudad; pues lo que es el centro de la urbe; donde está Miraflores y el resto de las sedes de los poderes públicos; y que comprende barriadas populares, como el 23 de Enero y Catia, no es frecuente que se sufra de este percance; pero sí las urbanizaciones de los ricos; sobre todo, en el Este; además de la periferia de la llamada Gran Capital, y donde entrarían los bajos y altos mirandinos, además del estado Vargas. No falla el suministro de electricidad por más de doce horas; como se sufre en el interior de la República, pero sí por unas tres o cuatro horas, y esto por zonas.

El hecho es que, al mismo tiempo, también en Caracas las estaciones de gasolina comienzan a presentar colas de automovilistas; a propósito de la escasez del combustible, y la que se hace cada día más aguda; debido, por una parte, a que no se está produciendo nada en el país; tomando en cuenta que no se pueden importar ni los diluyentes ni los aditivos, que se mezclan con el crudo, para su refinación; como tampoco puede importar gasolina, porque no cuenta con los recursos, para pagarla, y así que estamos a punto de colapso, como ya lo vienen advirtiendo los especialistas en el tema; teniendo presente que el transporte no sólo mueve a la ciudadanía; de acuerdo a sus necesidades de traslación, sino también los alimentos, y la circunstancia es que ni los rusos ni los chinos están dispuestos de buena fe a enviar buques cargados de gasolina hacia nuestras costas; mientras Nicolás Maduro baila con Cilia Flores en cadena nacional; pensando, quizás, en aquel noble propósito que expresó un día; luego de presentar una Memoria y Cuenta ante la Asamblea Nacional: Dios proveerá.

melendezo.enrique@gmail.com

 

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