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El País / Editorial: Plásticos omnipresentes

 

Basurero de plásticos en Indonesia.

Los plásticos han colonizado todos los rincones del planeta y su proliferación ha convertido a estos materiales, omnipresentes y casi indestructibles, en una grave amenaza para el ecosistema. Gestionar el tráfico de este alud de desechos es uno de los grandes desafíos a los que se enfrenta la comunidad internacional. El acuerdo adoptado por casi dos centenares de naciones para regular la exportación global de residuos es un paso necesario para evitar que la basura de los países desarrollados acabe en las costas de las naciones económicamente más débiles y con sistemas de control de residuos menos rigurosos. El principio “quien contamina limpia” bien prodría extenderse a “quien consume plásticos recicla”.

En los últimos años, la Unión Europea ha adoptado medidas significativas para intentar erradicar de la vida cotidiana los objetos de un solo uso fabricados con plásticos, y, siguiendo las recomendaciones comunitarias, son ya muchos los comercios que han eliminado las bolsas elaboradas con este material. Pero a mares y océanos siguen llegando cada año millones de toneladas de residuos de muy lenta degradación y altamente contaminantes que impactan de manera peligrosa en los ecosistemas acuáticos y en la fauna marina. Los microplásticos han pasado a formar parte de la dieta de los peces, que a través de la cadena alimentaria acaban en el menú de los seres humanos.

Los países con una elevada renta per cápita quieren tener alejadas de sus costas las basuras que generan, y España no es una excepción. Figura entre los diez países que más desechos exporta, especialmente a las naciones asiáticas, entre las que destacan China, Indonesia, Malasia y Filipinas como principales receptores. Muchos de los residuos que viajan de un continente a otro tienen enormes dificultades para ser reciclados y a menudo son tóxicos, aumentando así su ya extremado potencial contaminante.

Las organizaciones ecologistas han alertado de la dramática situación mundial y han urgido a la comunidad internacional a buscar soluciones globales. Restringir el tránsito de desperdicios plásticos, como han acordado los 187 países que forman parte del Convenio de Basilea —el tratado que regula los movimientos transfronterizos de los residuos peligrosos—, es una acción urgente si no se quiere convertir a Asia en un vertedero mundial. El hecho de que solo el 9% del plástico producido en el mundo se recicle hace necesarias políticas de concienciación para que los Gobiernos, las empresas y los ciudadanos reduzcan el uso de este componente y apuesten de manera decidida por el reciclaje. La salud del planeta exige acabar con la cultura del usar y tirar y fomentar la economía circular.

 

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