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Gustavo Adolfo Bécquer: una leyenda y sus fantasmas

 

Para muchos de nosotros, Bécquer fue el primer autor de adultos que leímos en nuestra adolescencia y, para muchas de nosotras, fue un amor platónico de juventud. Gustavo Adolfo Bécquer, el máximo representante del Romanticismo español, es mucho más que un clásico. Su vida, su obra, sus conmovedores versos, su influjo mágico y la alada belleza de toda su obra han atraparon la imaginación de millones de personas.

Hoy, os traemos una perspectiva nueva, algo diferente a lo que nos tienen acostumbrados sus biógrafos. Una versión de su vida y de su obra que está revolucionando nuestra visión de Bécquer, para bien o para mal. Mariano Fernández Urresti, historiador e investigador de gran prestigio, nos ha sumergido de nuevo en la vida del poeta con su novela Los fantasmas de Bécquer.

La interpretación de los hechos de su vida queda en esta obra un poco alejada de la imagen idealizada que todos teníamos sobre este gran poeta. Aunque no hay duda que Fernández Urresti nos la presenta como una historia fascinante, bastante más atractiva que la del enfermizo y enamorado, casi pusilánime, poeta, que nos habían mostrado con anterioridad.

Libro con poesías

Su vida temprana

Gustavo Adolfo Bécquer nació en Sevilla en 1836. Hijo y hermano de pintores, creció rodeado de las artes plásticas y se formó también en pintura. Parece que ya de niño sus tendencias pictóricas revelaban un gusto por el misterio y por lo oculto, temas que marcarían toda su obra literaria posterior.

Bécquer estuvo muy unido a su hermano Valeriano desde que eran niños. Valeriano se dedicó íntegramente a la pintura y se mantuvo al lado de su hermano Gustavo durante toda su carrera. La vida de ambos corrió siempre en paralelo hasta el punto que ambos morirían con tan solo tres meses de diferencia.

En 1854, el joven Gustavo Adolfo Bécquer se trasladó a Madrid. Realizó aquel viaje con grandes expectativas de desarrollar una rápida y brillante carrera literaria con su Historia de los templos de España. Pero su primer libro fue un fracaso y solo consiguió publicar uno de los tomos de la colección.

Sobrevivir en Madrid sin éxito literario lo llevó a trabajar para un periódico de carácter conservador. Parece que las tendencias políticas de Bécquer y su hermano Valeriano durante su juventud fueron siempre de tinte conservador.

Sus primeras Leyendas y Julia Espín

En una visita realizada a su Sevilla natal en 1858, Bécquer se vio obligado a mantener cama durante nueve meses a causa de una tuberculosis que, en realidad, hoy en día sabemos que posiblemente fuera sífilis. Fue estando convaleciente cuando Gustavo Adolfo Bécquer escribió su primera leyenda.

Durante esa misma época, conoce a Julia Espín, quien se cree que fuera la musa inspiradora de las más desgarradoras palabras del poeta. Es entonces cuando empieza a escribir sus primeras Rimas. Aun así, su etapa más fructífera abarca desde el año 1861 hasta 1865.

En estos cuatro años, Bécquer escribió la mayoría de sus Leyendas, muchas de sus crónicas periodísticas y las Cartas desde mi celda, que escribiría durante una de las recaídas de su enfermedad. En 1861, se casa con Casta, la hija de uno de los médicos que trataban su dolencia. El matrimonio tuvo tres hijos, aunque parece que su relación fue bastante turbulenta.

Las rimas perdidas

En 1866, las cosas empiezan a cambiar para Bécquer. De la mano de Luis González Bravo, que hizo las veces de una suerte de valedor, asciende en el periódico al puesto de censor de novelas. Esto le permitió tener más tiempo para centrarse en sus Rimas y en sus Leyendas.

Sin embargo, durante la revolución septembrina de 1868, Gustavo Adolfo Bécquer perdió su trabajo, fue abandonado por su esposa y sus Rimas originales desaparecieron tras un saqueo. Estos eventos le hacen recluirse en Toledo durante unos meses junto a su hermano Valeriano; en este periodo, se dedicó a reescribir las Rimas que habían sido robadas durante la revuelta.

Poco después, ambos regresan a Madrid, cambian al bando liberal y trabajan en la revista La ilustración de MadridEn septiembre de 1870, fallece su hermano Valeriano y Bécquer cae en un estado de profunda tristeza y su estado de salud se agrava notablemente.

Entregó el compendio completo de su obra a un amigo para que se hiciera cargo de ello, probablemente presentía ya su final. Tres meses más tarde, el 22 de diciembre, moría Gustavo Adolfo Bécquer. Su muerte coincidió con un eclipse de sol.

Cabe destacar que las Rimas aparecieron en prensa entre 1855 y 1871, fueron 13 y publicó algunas sueltas en otros lugares. El manuscrito se perdió en el 68 y, como hemos avanzado, se cree que Bécquer lo reescribió de memoria. El manuscrito presenta un orden diferente del de la primera edición de 1871, aunque el orden no afecta a la lectura. En esta primera edición, se sigue un orden en cuatro series: la primera supone una reflexión sobre el hecho poético, la segunda se corresponde a la poesía amorosa, la tercera es la serie del desengaño y la cuarta es una especie de cajón de sastre.

La crisis del lenguaje fue otra de las piezas fundamentales de su poesía y, para él, había dos tipos de poesía: la grandilocuente y la sencilla (breve y que brota del alma). Para Bécquer, la poesía es la expresión de lo inefable de una manera casi mística, intimista y trata de explorar nuevas formas de expresión poética.

Por otro lado, sus Leyendas son un conjunto de narraciones de carácter postromántico, íntimo y evocan el pasado histórico combinándolo con elementos fantásticos o insólitos. Tras su muerte, sus amigos las publicaron en una edición que incluía las Rimas. Así, la obra se editó en 1871 bajo el título de Rimas y Leyendas.

Los círculos espiritistas

Parece que Gustavo Adolfo Bécquer podría haber tenido un contacto muy directo con los círculos espiritistas tan de moda en su tiempo. Su círculo social, la trama de sus Rimas y su Leyendas y una vieja amistad de la infancia con una de las espiritistas más famosas de España parecen apoyar esta visión de su vida.

En su obra, la música es el elemento que comunica a los vivos con los muertos. Los médiums, los fantasmas, las almas de otros mundos, los viajes astrales, apariciones de todo tipo, mundos formados de polvo y soles y las levitaciones eran asuntos característicos de las practicas espiritistas y sus círculos.

¿Podría ser que en la Rimas originales que se perdieron pudiéramos encontrar más claves que confirmen esta relación? La novela Los Fantasmas de Bécquer juega con esta idea y con algunas más uniendo unos hilos que resultan tan fascinantes como la propia obra de Bécquer.

Pluma

¿Por qué nos atrae tanto la obra de Gustavo Adolfo Bécquer?

Nos preguntamos qué tienen las Rimas y las Leyendas de Bécquer para haber cautivado a millones de personas dentro de tramas ocultas, misteriosas y, a veces, bastante oscuras cuando no de verdadero terror.

A los seres humanos nos han encantado este tipo de historias desde que se comenzaron a contar historias. Algunos psicólogos defienden que este hecho es intrínseco a la naturaleza humana. Sería algo así como un residuo de los primeros ejemplares humanos que tenían muy desarrollada la capacidad de detectar las amenazas.

De hecho, hay estudios realizados sobre cómo niños de tres años de edad detectan antes una serpiente que una flor en una pantalla. Hablamos de miedos primordiales. En esos momentos de miedo, nuestros cuerpos liberan oleadas de adrenalina, endorfinas y dopamina; como consecuencia, nos convertimos en seres más rápidos y fuertes.

Muchas personas aprenden a disfrutar de las sensaciones físicas del miedo. Especialmente, si se dan en entornos seguros. Esas son las características de las historias de miedo. En un momento son reales, las vives, pero en el entorno seguro de un libro, una pantalla o un circulo alrededor de una hoguera. Así, la fascinante obra de Bécquer permanece inmortal, como si el tiempo no hubiese hecho mella en ella y nos conecta con nuestro miedo más humano, con el misticismo y el gusto por lo fantástico.

 

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