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Enrique Meléndez: Iván Simonovis huido

 

Por las redes llega un video de hace un año: quizás premonitorio; donde se ve a un Iván Simonovis tocando una campana, al lado de su esposa Bony, lleno de felicidad; celebrando, al parecer, su libertad; aunque no diría su completa libertad; puesto que, de acuerdo a lo que se dice, no está en el país; ya que lo ideal sería que, en estas condiciones, lo hubiera hecho desde el suelo venezolano, a propósito de un cambio, que se ha producido en las esferas del gobierno.

Aunque su fuga no deja de ser espectacular, y él en su momento se encargará de narrarla; sobre todo, por la forma en que se produce: un hombre cargado de grilletes, en cuyo frente de la casa tiene apostada permanentemente una comisión de hombres armados; casi hasta meterse en su intimidad; luego de atravesar un calvario, en el sentido de que tuvo que pasar años en mazmorras; donde lo tenían sin ninguna exposición a la luz solar; matándolo en vida, como acostumbran las tiranías, y para el caso la cubana tiene varias denuncias al respecto; incluso, nosotros tuvimos aquí en Venezuela el caso del poeta Alí Lameda, a quien lo recluyeron siete años en estas mismas condiciones en Corea del Norte; entonces, traductor de lengua española oficializado en ese país, por recomendaciones del Partido Comunista de Venezuela, y quien, al parecer, le resultó sospechoso a la tiranía de Kim Il Sung por ciertas cosas, que escribía en sus cartas, y con el perdón de la digresión. Pero he allí el carácter ensañado de un régimen comunista, con respecto a sus enemigos. Por suerte, hay sujetos con una salud de hierro, y que sobreviven en estas condiciones; no obstante, fue cuando ya el régimen vio a Simonovis en sus últimas, en cuanto a su estado de salud; que permitió que lo recluyeran en una clínica, para darle a continuación la condición de casa por cárcel.

De acuerdo a lo que se lee entre los comentarios, que corren por los medios de comunicación, además de las redes, es que el ex comisario hacía dos días, que había partido, antes de que los jefes del Sebin se dieran cuenta, de que había huido, lo que supone que hubo complicidad, hasta de parte de sus custodios; es decir que estamos ante un cuerpo policial dividido, si se parte del hecho de que se trata de un preso en libertad condicional, que porta un par de grilletes; imposible de despojárselos, si no es por sus propios custodios; porque de otro modo, hubiera sido muy fácil darse a la fuga un sujeto, que está en su casa, y que podía saltar paredes; como hacían en sus vecindarios los perseguidos políticos por la Seguridad Nacional en tiempos de la dictadura de Pérez Jiménez; que me imagino que son grilletes, que disparan una alarma, cuando el sujeto que los porta se extralimita de ciertos sitios, que le tienen asignados; como sucedió en el caso de Leopoldo López el 30 de abril, y quien terminó asilándose en la embajada de España, es decir, que los custodios terminan transformándose en escoltas del preso, por una confusión en las órdenes del mando; aun cuando el Sebin vino a quedar de nuevo en las manos de un hombre, no sólo con fama de implacable; achacándosele, incluso, la muerte del concejal Fernando Albán, sino de la absoluta confianza de Diosdado Cabello.

Por lo demás, era el preso más emblemático del régimen, por supuesto, al lado de los comisarios Vivas y Forero, quienes corrieron con la misma suerte suya, a raíz de los sucesos del 11 de abril de 2002; pero, en especial, Simonovis; tomando en cuenta su proyección social y profesional; su condición de clase, al que se le consideraba de origen judío; es decir, lo que más despertaba los resentimientos sociales y prejuicios políticos de Chávez; más que Vivas y Forero; que se veían que eran de extracción humilde; sólo que se habían ganado la posición de comisarios policiales de alto rango por trayectoria profesional; al igual que Simonovis, pero en éste privaba el hecho de ser de extracción burguesa; de modo que para Chávez el tenerlo preso, no sólo le servía de chivo expiatorio, para achacarle la responsabilidad de la violencia, que se desató ese día; que dejó saldos de muertos y heridos, y cuyo desenlace condujo a su deposición circunstancial, sino que también constituía un pase de factura proletaria de su parte, según lo que hablábamos de sus resentimientos y prejuicios, y en donde iba, además, el poco respeto que tenía éste por la meritocracia de las personas. Pues estamos frente a un comisario, cuyas hazañas podían merecer el ser incluidas entre los relatos de Edgar Allan Poe, a quien se tiene por el primer escritor del género policial.

Es decir, se trataba de un preso, cuya culpabilidad era infundada en el caso de los asesinatos, que se cometieron ese 11 de abril de hace 17 años, no sólo por achacarle la responsabilidad a un tercero; que no tiene nada que ver con la situación; es decir, para fundamentar una mentira, sino además que su cautiverio venía a ser el cobro de una venganza; además de social y política, digamos, profesional. Para Chávez era un honor el tener preso a un eminente comisario policial, y al que lo ubicaba en la clase de los godos o mantuanos, y de allí el carácter de injusticia; que tuvo este caso, aparte del poco respeto que se tuvo por su condición humana; pero que no dejaba de entrar dentro de los cánones de la cárcel estilo G-2 cubano; siguiendo el decálogo de la tiranía de Maquiavelo; para quien el ensañamiento contra alguien en particular, por razones de seguridad del régimen, constituía el mejor recurso, para escarmentar a una sociedad.

He allí el carácter de espectacularidad que tuvo esta fuga; por lo que hemos dicho de lo emblemático de Simonovis, y cuya ejecutoria, supongo yo, derivó en una secuela que implicó la misteriosa muerte del mayor Jesús Alberto García Hernández, y a quien relacionan con Manuel Ricardo Cristopher Figuera, ex jefe del Sebin, y que se alió a López el 30 de abril.

melendezo.enrique@gmail.com

 

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